Gaby, para nosotros, es un símbolo del Comité Central Israelita del Uruguay. Como su Directora Ejecutiva, está siempre, es clave para su funcionamiento y para el apoyo que necesita para su desempeño, el Presidente de turno. Nos pareció que amerita que los lectores la conozcan, que pongan nombre y rostro a uno de los puestos centrales en la institución representativa de la colectividad.
Gaby, la idea de esta entrevista surgió hace unos meses cuando hubo cambio de autoridades en el Comité Central. Sergio Gorzy terminó su período, asumió Lito, el Cr. Israel Buszkaniec, y yo pensé: los Presidentes cambian y Gaby siempre está. ¿Hace cuánto estás en el Comité?
Yo entré al Comité en el año 1985, como auxiliar tercera, por una licencia maternal. Tenía 18 años. Una chica había dado a luz, tenía tres meses de licencia, y cuando terminó ese período me fui. Luego otra chica quedó embarazada y me mandaron a llamar de vuelta. Así que en el 1986 volví y no me fui más.
La verdad que mi primera experiencia en el Comité fue en un año de mucha actividad institucional y en mi vida personal. En 1985, me casé, entré a la facultad y empecé a trabajar, todo el mismo año. Estudiaba Bibliotecología y hacía Administración en UTU. En el Comité la tarea era meramente administrativa, por ende, el acervo que fui adquiriendo fue en base a la experiencia y a cursos que hice por fuera, por mí, porque me fue gustando, desde periodismo hasta gerenciamiento en ORT… diferentes cosas.
Más allá del hecho que así se dieron las cosas ¿a tí te atrajo algo en especial o era simplemente un trabajo al principio?
A mí me gustó muchísimo la tarea. Al principio era muy mecánica, como pasar actas atrasadas, un trabajo aburrido, muy monótono. Pero sí me gustaba la razón de ser del Comité, me gustaba lo que yo veía. En ese momento el director era Isaac Hazan, del que realmente aprendí mucho.
¿Y el vínculo con lo judío, con la vida comunitaria? ¿Había algo en tu hogar que te ligaba?
Sí, yo fui a escuela judía, a la Scholem Aleijem y luego al Ariel, producto de la unión, en 1978, de la Scholem con la Yvria. Allí terminé sexto de liceo. Así que tenía, sí, vínculo con la colectividad y la vivencia judía. Iba al Dror. También me casé con alguien de la colectividad. Junto a mis hermanas, fuimos criadas por nuestros abuelos maternos, una familia muy muy humilde. En ese entonces el servicio social de la Kehilá nos ayudó mucho. Ya adolescente, también me apoyaron por un período breve desde el programa de madrinazgo de B`nai B`rith. O sea que “lo judío” siempre estaba presente en casa. Después fui creciendo, empecé a trabajar y por supuesto que me largué sola. Y llegué en su momento a aquella suplencia en el Comité Central luego de haberme anotado en la bolsa de trabajo de la Comunidad.
EL DESAFÍO DENTRO Y FUERA DE LA COLECTIVIDAD
Cuando hablo con gente de fuera de la colectividad explico que el Comité Central es la institución representativa de la colectividad. ¿Cómo se traduce eso en el trabajar diario?
Es sin duda el nucleador y representante hacia el afuera y yo diría que hacia adentro de la colectividad para mí es una especie de mediador. Frente a cada tema que surge y hay que actuar tú tenés a quien piensa de una y otra manera, quien es más visceral o racional… ahí tiene que haber algo, un ente, en este caso el Comité, formado con gente de las cuatro kehilot, o sea las cuatro comunidades fundadoras, y con delegados de las instituciones, para poner paños fríos y pensar qué hacemos, qué es lo mejor en el momento de actuar.
Eso es más que mediador…
Claro, en realidad es el hacedor, pero me refiero a que tiene que la colectividad hace peso respecto de lo que espera. Pero una cosa es cómo la gente reacciona frente un hecho y otra es lo que hay que hacer. Luego, el cómo, tiene que ver con la impronta de quien esté ejerciendo la presidencia. Cada presidente puede tener su enfoque de acuerdo a su estilo. También depende de cómo se conforme cada Ejecutivo y cuán en equipo se trabaje.
¿Y hacia afuera de la colectividad?
Hacia afuera es fundamental, porque tenés que canalizar, actuar en nombre de toda una comunidad, con sus características y diferencias, y tenés que representarla si hay un conflicto en Medio Oriente que genera antisemitismo acá, o cuando vienen los feriados judíos y las escuelas necesitan más asuetos de los que a nivel nacional los colegios privados tienen. Tiene que haber una voz que unifique. Sería caótico que cada cual saliera a pedir por su cuenta lo que considera que se debe hacer, o qué se debe legislar y demás.
¿Es más difícil representar hacia adentro, con todas las divisiones de las cuales nosotros nos reímos, o hacia afuera, donde hay cosas que no se entienden porque no se conocen?
Las dos cosas son difíciles, cada una en su nivel y según el momento. Yo siento que a nivel interno siempre alguien espera un poco más, siempre alguien queda desconforme y, claro, también alguien queda muy conforme. “Ah, al final el Comité fue tan suave en este tema”, “nosotros habríamos querido tal y cual cosa”…”, o “¿Cómo va a reaccionar tan rápido?”, “¿Cómo tal presidente dijo tal cosa de tal autoridad, ahora qué hacemos?”. Otros te dicen: “Se puso los pantalones y dijo lo que había que decir”. Pero sin duda, la tarea del Comité es hacia afuera. Su accionar es hacia el mundo no judío.
EL TRABAJO
¿Se pone a veces en entredicho quién es el Comité para representarnos a todos, o la gente entiende que el que no trabaja no tiene mucho derecho a meterse?
Esta institución tiene poca visibilidad dentro de la colectividad…
Hacia afuera tiene mucha.
Sí, sí. Entonces ocurre, lamentablemente, que a veces la gente pregunta qué hace el Comité.
Con tono de “no hace nada”.
Claro. Yo no sé qué hay que hacer para que se sepa qué hace el Comité a nivel interno, pero sí sé que lo que hace es muchísimo. No sé si alguien se pregunta “Al fin y al cabo, ¿quién los nombró?”. Pero sí puedo dar fe de que se trabaja duro y veo y supongo todo ven que los directivos brindan horas y horas de askanut, o sea activismo comunitario, y se hace tan de corazón, con tanta fortaleza, con tanto esfuerzo, que no me llegan esos cuestionamientos. Seguramente existan, siempre puede haber alguna voz discordante con la tarea específica que se hace. No siempre es la misma.
¿Y cómo explicarías tú lo que hace el Comité Central, en qué consiste su trabajo?
Yo digo lo mismo que me dijiste tú a mí: el Comité representa a la colectividad judía uruguaya frente al mundo no judío en Uruguay, las autoridades, la prensa…
¿Cómo se traduce eso en el trabajo diario?
Por ejemplo, llegando al medio. Contando qué ocurre hoy en el mundo judío o en el acontecer de la colectividad judía local. Para eso trabajamos con un newsletter diario que llega a unas 8.000 personas, judíos y no judíos. Menuda tarea… Siempre pienso en el escritor que habla de enfrentarse a la hoja en blanco. Esto es a diario, a diario tenés una hoja en blanco en la cual tenés que poner cuatro, cinco, seis, siete, ocho noticias, aunque no nos ponemos como meta una cifra sino que incluimos lo que realmente creemos que puede interesar a los judíos y a los no judíos sobre temáticas relacionadas a nuestra vida, a nuestros intereses naturales como judíos y como uruguayos, temas de interés cotidiano.
¿Y en qué consiste exactamente tu tarea en particular?
Fuera de lo cotidiano a nivel administrativo, dirijo la tarea en pro de accionar lo que los directivos estiman es la tarea. Yo creo que estoy para permitir que el presidente de turno pueda realizar su ejercicio del mejor modo posible. Siempre en beneficio del Comité, de la comunidad, de los judíos en Uruguay. En ese sentido creo que cada presidente tuvo su impronta. Claro, a los más recientes los ayudó más la tecnología, antes era otra cosa.
Antes justamente mencionaste a Hazan, que era el Director cuando tú entraste, el cargo que tenés tú hoy. Y claro que fueron cambiando los presidentes, como decíamos al principio.
Exacto. En ese momento el presidente era Nahum Bergstein. De ahí en más pasé por todos los Presidentes que tuvo el comité.
¿Cómo inciden en el trabajo las diferentes características de los directores y presidentes?
Completamente. Yo digo que en realidad puedo estar desde hace 30 años en este trabajo porque cada dos años recomienzo. Conozco mi tarea, me encanta hacerla. Soy profesional y cobro por lo que hago. Pero sobre todo me siento también como askanit, activista comunitaria, porque mi tarea mete corazón en pila. Esa es la realidad, yo hago esto porque me gusta hacerlo, quiero a este Comité, me gusta mi tarea y creo que desde un perfil bajo aporto cuanto puedo. Eso en primer lugar. Respecto al presidente, te decía que mi tarea, desde el punto de vista político, es adaptarme para apoyar al presidente de turno a que pueda trabajar de buena manera. Ahí mi rol es importante, fundamental, en abrirle caminos, apoyarlo, hacer las tareas que él me solicite… Y cada maestro con su librito, con cada presidente tengo que adaptarme casi que desde cero. Te nombro los últimos: Roberto Cyjon, con un encare más filosófico, Sergio Gorzy, periodista y mediático, Buszkaniec que viene de otras presidencias y de pronto trae un bagaje que otros no tenían… Tengo que adaptarme al presidente que haya. Sí, varía muchísimo mi tarea. Para algunos fui casi administrativa. Para muchos, un sostén importantísimo. En todos los casos, cada Presidente, con su impronta, lo que pretende es aportar lo mejor de su sapiencia y experiencia en beneficio del Comité.
¿Desde cuándo sos directora ejecutiva?
No recuerdo exactamente si fue en 2005 o 2006 porque en realidad no cambió mucho. Me refiero a que el Comité es una oficina muy pequeña donde las cosas hay que hacerlas como sea. Pero fue Lito Buszkaniec, en el ejercicio de otra de sus presidencias, quien me propuso trabajar de ese modo. En realidad primero no fui Directora ejecutiva sino secretaria ejecutiva. En realidad también ahora diría que soy Secretaria ejecutiva, porque el Comité administrativamente, decía que el Comité es pequeñito. Trabajan conmigo Adrián Epstein y Martín Mazas. Martín es más nuevo y está medio turno pero Adrián, es otro de los pilares del funcionamiento del Comité.
¿Qué aprendiste con los directores y presidentes?
No tuve tantos directores. Creo que cada uno de ellos me dejó el amor por la tarea, suena re cursi, lo sé, pero de verdad es eso, sobre todo la convicción. Hacer esto porque estás convencido que es lo que hay que hacer y que de tu tarea depende, muchas veces, cómo se ve a todo un grupo, un colectivo, y eso es importante.
Y hay que recordar que los presidentes son voluntarios…
Toda la directiva es voluntaria. En la Mesa Ejecutiva del Comité, que es el órgano que integran representantes de las cuatro comunidades, son todos honorarios, voluntarios.
¿Te parece que va cambiando el rol del Comité?
En principio no, pero sí pueden ir cambiando los tiempos, las circunstancias, y con ello, también el énfasis en tal o cual necesidad. Al principio sería más luchar contra el nazismo, en términos de esclarecimiento desde Uruguay. Luego luchar contra el antisemitismo en sus nuevas formas, como el anti-israelismo, que es una forma de antisemitismo… Pero no diría que el rol del Comité cambia sino que se lleva a cabo de diferentes maneras de acuerdo a cómo van cambiando las épocas.
¿Influye en tu sentimiento de identidad judía el estar al frente del Comité Central, como directora ejecutiva?
Te diré que yo me siento muy judía pero no practico la religión, entonces al revés, creo que es mi vínculo. Mi único nexo es estar acá, trabajar acá.
PREJUICIOS Y DESCONOCIMIENTO
Me atrevo a pensar, de lo que yo conozco de la actividad del Comité, que estando en una institución así en un cargo como el tuyo, con tanta responsabilidad, conocés mucho de la interna de la comunidad pero también conocés más al país todo, a Uruguay. ¿Estoy en lo cierto?
Es verdad, porque tenés que leer e informarte mucho. También conozco a fondo la organización del ishuv, de la colectividad. Conozco las instituciones, sus tareas. Es más eso, su obra. Tanto la conozco que a veces me da pena que esa información, la tarea, queda en mí. Me parece que últimamente las instituciones estamos pecando de mostrarnos poco hacia afuera. Es tanta la obra que hacen las instituciones, a todo nivel, no solo intracomunitariamente sino también hacia afuera, que no me explico por qué eso no lo sacamos a la luz. Cuando se va a una plaza y se trabaja con la población de su zona, al INAU, a escuelas públicas, etc.
Ese es un tema muy importante. Cuando yo entrevisté a Sergio Puglia el año pasado le dije que no sabía por dónde empezar la nota y él me dijo de empezar por todas las cosas que hace la colectividad hacia afuera. ¿Te parece que la sociedad uruguaya, en general, es consciente de esas cosas?
Creo que no. Yo amo a Uruguay. Y me parece que es un país donde definitivamente a nivel oficial no hay un antisemitismo sesgado, pero sí hay gente que todavía no ha superado el prejuicio. Una manera de ayudar a levantarlo sería esa, mostrándonos más, sacar esos preconceptos de que los judíos se ayudan sólo a sí mismos. Claro que nos ayudamos entre nosotros y está bien que lo hagamos, pero hay mucha tarea afuera que no se muestra. No a modo de excusa sino de realidad.
Sobre el prejuicio, te cuento que yo realizo mucha actividad social fuera de la colectividad judía y percibo cosas que quizás alguien que está solo dentro de la colectividad no las siente, esos prejuicios y esas cosas que a modo de chiste salen siempre.
En cuanto a hacerse conocer afuera, justamente acabo de dedicar una entrevista especial a uno de los aspectos de ese tema, el voluntariado de jóvenes judíos en pro de la sociedad.
Así es. Y siempre hay que destacarlo. En ese sentido, esté en el ámbito que esté no me canso de decirle a las instituciones que nos usen, que usen nuestro newsletter, que definitivamente no es lo único que se hace, pero hacia afuera sí se ve, se lee mucho. Que nos usen, que nos aprovechen, en el mejor de los sentidos, para difundir la tarea que hace la colectividad hacia afuera.
Yo te decía de conocer más al país en general porque hay que estar en contacto con políticos, con periodistas, con instituciones de la sociedad civil… ¿Eso te ha llevado a conocer más en detalle, más de cerca cosas de fuera de la colectividad?
Me lleva a conocer personas, a que voy a una reunión y saludo a autoridades, integrantes de la sociedad civil… Igual en eso Uruguay es un país muy generoso, tú estás en el supermercado y tenés a Rada haciendo la cola para pagar igual que tú. Me refiero con esto a que la gente es accesible. A nivel político pasa eso, conozco más a la gente, no sé si me atrevería a dar un diagnóstico de cómo veo a Uruguay, no, ni tanto, pero sí conozco a la gente. En eso el Comité tiene una llegada fortísima y tiene buenos canales para llegar al mundo político de cualquier orientación, no tenemos dificultad en ese sentido. Lo mismo con la sociedad civil, se trabaja mucho, en épocas más, en épocas menos, con todas las minorías a nivel social, con el gran abanico que hay, se coordinan tareas, se hace mucha cosa.
Durante muchos años existió ese mito de que los judíos votan siempre por el Partido Colorado. Originalmente había mucho de cierto porque cuando empezó la inmigración había gobiernos colorados y se sabía que respetaban la libertad de cada ciudadano. Ya hace mucho que está clarísimo sin embargo que los judíos, como el resto de los uruguayos, votan por todos los partidos…
Para mí es clarísimo que ahí se maneja otro de los prejuicios sobre los judíos, y es que somos oficialistas. Eso es lo que te van a decir. Cuando el gobierno era colorado éramos colorados, cuando el gobierno era del Partido Nacional éramos todos blancos y hoy los judíos son frenteamplistas. Está más que claro que el judío es lo que es, en la misma proporción que el resto de la sociedad uruguaya; somos lo que somos: uruguayos, y cada uno tendrá su sentimiento hacia el partido que sea.
¿Te has topado directamente con ese tipo de opinión?
Me he topado con diferentes tipos de prejuicios. Yo canto con un grupo de personas, que formamos un taller de murga. En total somos 13. Como nos administramos entre nosotros para juntar dinero y pagar lo que corresponda, por ejemplo al director, había que designar un tesorero. Y la realidad es que todos sobreentendieron que ese rol lo tenía que hacer yo. ¿Por qué?, porque Gaby es judía. No lo dijeron, pero en algún chiste sale el “Vos con guita te llevás bien”.
¿Esa frase te la dijeron?
Más o menos. Sí la idea. Entonces a mí me llevó a sentarme y charlar, y ver que ahí hay un prejuicio.
Es frustrante, ¿no?
No es frustrante, es reconocer algo que existe.
Pero es frustrante saber que sigue existiendo.
Claro, pero luego tú lo charlás, y cada uno a su medida y en sus ámbitos tiene que hacer esa tarea de mostrar que eso es un prejuicio. A lo mejor sucede que sí soy una persona materialista –no lo soy, lo menciono a modo de ejemplo- pero si así fuera: ¿lo sería porque soy judía o simplemente porque lo soy? Yo no me siento perseguida ni discriminada, pero sí veo cierto tipo de prejuicios que aparecen en las pequeñas cosas, como una persona en un grupo del que soy parte, que me tenía agendada como “Gaby la judía”. Me pareció terriblemente de mal gusto, y de más está aclarar que no porque sea ofensivo ser judía, obviamente. Ejemplos pequeños imagino que en la vida cotidiana tenemos todos.
HABLAMOS POR LA COLECTIVIDAD, NO POR ISRAEL
Otro tema: el relacionamiento con los distintos gobiernos. ¿Cómo lo ves? ¿Es cierto eso de que, sin olvidar que hay matices, es política de Estado la amistad con Israel y el buen relacionamiento con la colectividad judía?
Tú tenés re claro que el Comité no habla en nombre del Estado de Israel…
Lógico.
Sino como colectividad judía local. La verdad que como institución representativa el vínculo con los políticos es muy bueno. Todos ellos, de cualquier partido, son absolutamente accesibles, han respondido siempre a nuestros requerimientos. El Comité tiene particularmente, por su tarea, un vínculo con tres ministerios: Interior, Relaciones Exteriores y Educación. Actualmente tenemos muy buen relacionamiento con los tres…
¿Algún hecho o encuentro especial que valga la pena contar?
Debo tener miles. Evidentemente el que más marcó históricamente es la famosa manifestación frente a la embajada de Rusia cuando llegó el Ministro de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética Schevarnadze y saludó a Pedro Sclofsky, el entonces Presidente. Fue un hecho nacional pero para mí fue mi suceso, porque estaba ahí y lo viví. Pero tuve muchas anécdotas, tuve vivencias lindas. Por ejemplo el Congreso Judío Mundial está organizando anualmente encuentros de directores ejecutivos del mundo. Este año no pude asistir pero el anterior, que se hizo en Portugal, fue de puro aprendizaje. El hecho que vale contar, así era tu pregunta, es la experiencia de poder estar con pares del mundo. Eso me parece que es algo productivo. Pero no sé, creo que cada evento que organizo, en el que estoy, que me permite vincularme con gente y con autoridades nacionales, me aporta. Todos son vivencias…
Cada cosa enriquece, sin duda.
Por ejemplo, está habiendo en este momento algo que se llama diálogo social a nivel nacional y el Comité está participando específicamente en uno que se llama Seguridad Ciudadana. Yo soy la persona que va. Estaba ahí y de repente me cruzo con Juan Raúl Ferreira, y él me pregunta cómo estoy y me dice: “Le mandé a Ana el artículo este”, no me acuerdo de qué. Me hace gracia que cada vez que me ve, te menciona.
Sí, es que nos asocia, me gusta eso.
Y te lo comentaba por esa proximidad que hay con la gente. Es una gran cosa de nuestro país. Y estoy segura que habría mucho más para contar que quizás ahora se me va de la cabeza.
Quedará entonces para la próxima entrevista. Muchas gracias Gaby, siempre.
A tí Ana.
Con Gaby Fridmanas, Directora Ejecutiva del CCIU: “Siempre me gustó la razón de ser del Comité Central”.
19/Dic/2016
Semanario Hebreo, Ana Jerozolimski