Diputada Susana Montaner: “Seguir el ejemplo de Shimon Peres y no dejar de soñar con un mundo de paz”

12/Dic/2016

Diputada Susana Montaner: “Seguir el ejemplo de Shimon Peres y no dejar de soñar con un mundo de paz”

El pasado 7 de diciembre, la Cámara de
Representantes (como informamos en su momento) homenajeó al ex Presidente del
Estado de Israel y Premio Nobel de la Paz, Shimon Peres (Z`L), a iniciativa del
Diputado Jorge Gandini. Hoy presentamos el discurso que brindó la Diputada por
el Partido Colorado, Susana Montaner.
SEÑORA MONTANER (Susana).- Señor presidente:
antes que nada quiero saludar al cónsul y primer secretario de Israel en
Uruguay, Ariel Bercovich; al presidente del Comité Central Israelita en
Uruguay, Israel Buszkaniec; al presidente de la Organización Sionista del
Uruguay, Sami Mylsztejn, aquí presentes, pero también a todos quienes se
congregaron en las barras para acompañarnos en este sentido homenaje.
Quiero
referirme a un hombre que, habiendo conocido la guerra, hizo mucho por la paz
de su pueblo y dejó un gran legado al mundo. Me refiero a Shimon Peres, quien
dejó una profunda huella, no sólo para Israel, sino para la humanidad entera.
Shimon
Peres nació en agosto de 1923 y con apenas once años junto a sus padres debió
abandonar su hogar en su Polonia natal para huir hacia Palestina, que aun se
encontraba bajo el gobierno británico. Lo hizo escapando de la monstruosidad
nazi; no hay otras palabras para describir los hechos del holocausto, donde su
abuelo, el rabino Tzvi Meltzer y otros familiares, fueron asesinados.
Desde
muy pequeño supo de la maldad de la humanidad, y tal vez por ello fue siempre
un hombre de paz, al que su visión pacifista no le impidió considerar el uso de
las armas, pero teniendo como norte la búsqueda de una paz negociada para su
pueblo. Sostuvo textualmente: «La paz con los palestinos abrirá las
puertas a la paz en todo el Mediterráneo. La tarea de los líderes es buscar la
libertad incesantemente, incluso frente a la hostilidad, frente a la duda y a
la decepción. Solo imagina lo que podría ser».
En
Palestina estudió en una escuela agrícola y participó, siendo también joven
tenía diecisiete años en la formación del Kibutz Alumut, en las cercanías del
mar de Galilea. La vida en esa particular organización comunitaria israelita,
de administración democrática, donde todos y cada uno de los que allí viven
asumen la responsabilidad por el bienestar, salud y educación de sus miembros,
niños y adultos, también ayudó a conformar su espíritu luchador y solidario.
A
los veintidós años se casó con Sonia Gelman. Fue padre de una niña y de dos
varones.
En
enero estuvo hospitalizado, como consecuencia de un ataque cardíaco, en
setiembre volvió a ser internado y tras haber sufrido un derrame cerebral murió
dos semanas después, el 28 de setiembre de este año.
Había
superado nueve décadas de vida intensa y nos dejaba como legado el ejemplo, no
solo de su pensamiento sino, fundamentalmente, el de sus acciones.
Shimon
Peres fue llamado a ocupar, desde el comienzo, posiciones destacadas que lo
condujo a cumplir acciones determinantes para la historia de su Israel querido.
En 1943 fue secretario general del movimiento juvenil sionista de la guardia
joven, que luego conformó el Partido Laborista; en 1948 fue responsable de la
compra de armas de la Haganah, organización paramilitar de defensa judía; en
1952 fue vicedirector general del Ministerio de Defensa; de 1953 a 1959 fue
director general del Ministerio de Defensa de Israel; así arma la estructura
militar y del ejército de Israel.
También
piensa en la cuestión nuclear; se hizo, pero hasta hoy es un secreto. Todos
saben que está, pero nadie sabe cómo se hizo: con apoyo francés, con
científicos judíos, con fines pacíficos, energéticos, pero con la idea de ir
con uranio enriquecido como modelo de resistencia. Pese a muchas restricciones,
el proyecto igual siguió adelante. Tiene el diseño estratégico de la fuerza. Él
era un hombre civil de pensamiento.
Shimon
Peres es el hombre de la estructura militar, pero del pensamiento estratégico.
Entre 1959 y 1965 también fue viceministro de Defensa; en 1969 fue ministro de
Absorción e Inmigración; ministro de Transporte y Comunicaciones de 1970 a
1974; ministro de Defensa en dos oportunidades, en los períodos 1974-1977 y
1995-1996. De este cargo se destaca especialmente, en su primer período, el
aporte que hizo al fortalecimiento de las fuerzas de defensa israelíes luego
del enfrentamiento bélico, que costó al Estado judío una importante cantidad de
muertos en el campo de batalla contra la coalición sirio-egipcia.
También
hay que destacar su papel a nivel político en la liberación de los rehenes
israelíes tomados por terroristas en la ciudad ugandesa de Entebbe, en 1976.
Fue
líder del Partido Laborista de 1977 a 1992, de 1995 a 1996 y de 2003 a 2005;
vicepresidente de la Internacional Socialista en 1978; primer ministro de
Israel en dos ocasiones, de 1984 a 1986 y de 1995 a 1996; viceprimer ministro,
ministro de Relaciones Exteriores, ministro de Economía de Israel, presidente
de la oposición en la Knesset, ministro de Desarrollo Regional.
En
2007, a la edad de ochenta y cuatro años, el Parlamento eligió y nombró a
Shimon Peres presidente del Estado de Israel, cargo que ocupó hasta el 2014.
Fue un cargo meramente protocolar ya que, como sabemos, el Poder Ejecutivo
recae en el primer ministro. Dijo entonces, «De jovencito quería ser
pastor o poeta. Ahora soy Presidente, un cargo en el que no puedo gobernar,
legislar ni juzgar. Pero hay algo que sí puedo hacer: soñar».
Creo
sinceramente que a un gran hombre se lo reconoce por sus acciones y se lo
recuerda por la huella que deja su paso por la vida. Uno de los mayores
atributos, que no lo hacía muy atractivo, era su carácter antidemagógico.
Exponía con un brillo extraordinario, con claridad y serenidad.
Es
cierto que Peres no siempre fue profeta en su tierra; su vida no fue fácil. Fue
criticado y su lucha fue larga, pero su espíritu nunca flaqueó. Como él mismo
solía decir: en la vida, las personas pueden rendirse o no perder la fe.
«Los pesimistas y los optimistas mueren igual, pero viven diferente»,
declaró una vez. Y agregó: «Yo prefiero vivir con optimismo».
Una
vez dijo que había dos cosas que no se podían hacer con los ojos abiertos: el
amor y la paz. Se decía optimista, pero aun siéndolo se consideraba
inconformista.
Tal
vez esa visión sobre cómo «vivir la vida » y no es una redundancia,
porque una cosa es transitar la vida y otra muy distinta es vivirla realmente
fue lo que le permitió, tras años de rivalidad política con Yitzhak Rabin,
convertirse en su principal socio en el proceso de paz con los palestinos a
mediados de los noventa.
Recordamos
la imagen de aquel apretón de manos frente a la Casa Blanca entre Yitzhak Rabin
y Yasir Arafat que a muchos nos dio, al menos por un tiempo, la esperanza que
esa intención de diálogo sería el inicio del camino a la paz en la región. Me
refiero a los acuerdos de Oslo, que en 1993 tal vez fueron el mayor logro y la
mayor decepción de Shimon Peres.
Soñar
con que la humanidad busca la paz es lo que no debemos dejar de hacer. Él nos
dejó ese legado.
Él
sostenía la posibilidad de la paz, la capacidad de llegar, y mirando hacia el
mundo árabe afirmaba: «Bueno este terrorismo tendrá que pasar el día que
esta gente tenga un mejor pasar; el día que tengan un smartphone esos muchachos
van a pensar distinto». Y dijo una cosa importante: «Las mujeres del
mundo islámico van a ser el factor de cambio; no puede haber otro. El 60% de
los estudiantes del mundo árabe ya son mujeres. Esto no va a poder ser igual.
El sometimiento de las mujeres condena a la ignorancia a los hijos». Él
tenía ese optimismo: «La paz, la innovación y la ciencia deben convertirse
en ideales comunes. Les imploro a nuestros vecinos: cooperemos, podemos crear juntos
la región start-up. Adoptemos la senda de la paz y la innovación, que siempre
es preferible a la de la guerra y el dolor». Toda la humanidad debería
tomar en cuenta esta lección de vida.
El
mundo entero necesita paz; los hombres de bien quieren vivir en paz. Este país,
nuestro país, al que llegaron muchos inmigrantes, muchos judíos, buscando un
mejor destino, quiere vivir seguro, libre, integrado y en paz.
No
dejamos de soñar con la paz, señor presidente, Uruguay la necesita para
recobrar sus valores tradicionales. Busquemos unir, construyamos el progreso,
sepamos defender la necesidad de vivir en valores.
Repito
las palabras que Shimon Peres pronunció cuando asumió la Presidencia:
«Permítanme seguir siendo optimista. Permítanme mantener la capacidad de
soñar».
Termino
leyendo lo que nos dejó cuando se alejó de ese cargo: «Aun quedan esclavos
que liberar, vidas que salvar, justicia que defender; aun queda un mundo que
mejorar».
Creo
que el mejor homenaje que podemos hacer a este gran hombre es seguir su ejemplo
y no dejar de soñar con un mundo de paz. Yo sueño con esa paz mundial; tengo la
esperanza de que los hombres de buena voluntad la logren.
También
sueño, señor presidente, con un Uruguay que no ha perdido la esperanza de
progresar, que aun no ha perdido del todo su rumbo y que mantiene la capacidad
de superarse, como país y, fundamentalmente, fortalecer los valores que como
sociedad compartimos.
Muchas
gracias.
(Aplausos
en la sala y en la barra)