Fue bautizado Issur Danielovitch, pero
había nacido para ser Kirk Douglas. Y hoy cumple 100 años. Quedan pocos que
hayan tenido su estatura en la edad de oro del cine mundial. Fue, eso sí, una
estrella peculiar que supo enfrentar al establishment, que desarrolló
personajes complejos, y que, además, se dio el gusto de trabajar con los
grandes directores.
Cuando Douglas nació en una familia ruso
judía de Amsterdam (Nueva York), Estados Unidos aún no había entrado en la
Primera Guerra Mundial y, seguramente, aún estuviera en cartel Intolerancia, la
película de David W. Griffith, el primero de los grandes clásicos del cine
estadounidense. No se puede decir que Douglas no haya sido testigo de los
grandes cambios del mundo y de la industria del cine.
Se sabe que hoy tendrá su fiesta de
cumpleaños organizada por su hijo, Michael, y su nuera Catherine Zeta-Jones, en
la que se esperan unos 200 invitados. A su lado estará Anne, su esposa desde
1954 que tiene 97 años. Michael es hijo de su matrimonio con la actriz Diana
Dill.
«Mi único trabajo consistirá en estar
bien y descansado para aparecer allí y ser encantador. Y, por supuesto, dar un
pequeño discurso improvisado que habré practicado con mi terapeuta del habla
para que la gente me entienda», explicó a la revista Closer Weekly. En 1996,
Douglas sufrió una apoplejía que lo dejó sin capacidad de habla, pero ha
mejorado mucho; en 1991 fue el único sobreviviente de un accidente de
helicóptero.
No es fácil ver sus películas hoy.
Cinemateca Uruguaya, descoordinada con la cobertura mundial que darán los
medios al centenario, termina mañana un ciclo sobre su carrera en Sala
Cinemateca. No hay películas de Douglas en Netflix, y en YouTube se consiguen
algunas en inglés o dobladas. Editó once libros, varios de ellos con sus
memorias, y hay un documental de 2007, Kirk Douglas: Before I Forget.
Empezó en el cine por sugerencia de su
condiscípula de la American Academy of Arts, Lauren Bacall, quien le señaló al
productor Hal Wallis su potencial. Su primera película, El extraño amor de
Martha Ivers es de 1946 y era un policial dirigido por Lewis Milestone.
Confirmó condiciones en Yo solo me basto de 1947, el primero de sus seis
coprotagónicos con Burt Lancaster.
En Uruguay se estrenaron 70 de sus
películas, casi toda su filmografía; la última fue Herencia de familia, en la
que con 87 años compartía cartel con su hijo Michael y su nieto, Cameron.
Una lista primaria y cronológica de su
filmografía incluye películas con Jacques Tourneur, William Wyler, Howard
Hawks, Vincente Minelli (incluyendo Sed de vivir donde interpretó a Vincent Van
Gogh; Billy Wilder; Stanley Kubrick (La patrulla infernal, Espartaco); John
Sturges; Robert Aldrich; John Huston; John Frankenheimer; René Clement y Brian
De Palma (Furia), entre otros. Él mismo dirigió dos películas olvidables,
Aventuras de un bribón y Justicieros del oeste. Nunca ganó un Oscar aunque
estuvo nominado tres veces y en 1996 celebró sus 80 años con uno honorífico.
En 1960, con su propia productora, le dio
el crédito de guionista de Espartaco a Dalton Trumbo, uno de los 10 de
Hollywood prohibidos por sus simpatías comunistas. Así ayudó a terminar con el
ostracismo y la persecución que había vivido la industria. También produjo
clásicos como Los valientes andan solos y Siete días de mayo.
Douglas fue una estrella de gran presencia
(su rostro fuerte con ese hoyuelo en la pera fueron su signo identificatorio),
y un actor capaz de congeniar la vieja tradición de Hollywood con los nuevos
tiempos que trajeron la caída de los grandes estudios, situación que supo
aprovechar como productor: fue uno de los primeros actores en financiar sus
películas, una modalidad que hoy es común en la industria.
Era un actor de método y en alguna
entrevista su esposa ha contado lo tremendo que fue convivir con él convertido
en Van Gogh. Su hijo Michael, también dijo que Douglas fue «primero
estrella de cine y después padre». Fue estereotipado como un héroe pero
trascendió cualquier categoría. Porque a las estrellas no hay que
encasillarlas. Kirk Douglas es un testigo y el último héroe de una una
generación ilustre, aunque sí, un poco olvidada.
Restringido club de las estrellas de un
siglo.
Kirk Douglas se une a Olivia de Havilland
en el restringido club de las estrellas de Hollywood que llegan a los 100 años.
En el mundo de los actores famosos solo lo ha superado la alemana Luise Rainer
quien falleció a los 104 años en 2014, lo que la convierte en la más longeva de
Hollywood.
De Haviland, la Melania de Lo que el viento
se llevó, cumplió 100 el 1° de julio. Otros actores que llegaron a los 100 años
fueron Gloria Stuart, la anciana de Titanic, y en dos meses los cumplirá. Zsa
Zsa Gabor, quien ha tenido problemas serios de salud, puede alcanzar esa edad
ya que le quedan menos de dos meses para cumplirla. Y entre los que esperan
emular a Douglas o De Havilland figuran también Doris Day, que ya tiene 94
años; Eva Marie Saint, con 92 o Jerry Lewis, con 90.
TRES PELÍCULAS DE UN GRANDE.
Patrulla infernal – 1956.
Tremenda película de Stanley Kubrick sobre
acontecimientos de la Primera Guerra Mundial retratados con un tono humanista y
pacifista. Douglas es el coronel Dax que saca la cara por sus soldados en la
trinchera ante un general severo. Hay escenas clásicas.
Duelo de titanes – 1957.
Douglas fue Doc Holiday, y Burt Lancaster
Wyatt Earp en esta reconstrucción dirigida por John Sturges del histórico duelo
en el OK Corral que tantas veces estuvo en el cine. Douglas está muy bien en un
personaje que le permitió mostrar sus dotes actorales.
Los valientes andan solos – 1962.
Como productor, Douglas supo elegir bien.
Espartaco, Siete días de mayo y este western melancólico dirigido por David
Miller, saludado en su momento por su realismo y hoy convertido en una película
de culto. Douglas es un cowboy en tiempos modernos que, aferrado a su caballo,
intenta salvar a un amigo que está en la mala.
El último héroe de aquel cine
09/Dic/2016
El País, Por Fernán Cisnero