Diputado Ope Pasquet: “Ytzhak Rabin fue un guerrero y, al mismo tiempo, un pacificador”

15/Nov/2016

Cámara de Representantes

Diputado Ope Pasquet: “Ytzhak Rabin fue un guerrero y, al mismo tiempo, un pacificador”

SEÑOR PASQUET.- Señor Presidente: el sábado
pasado tuvo lugar en la ciudad de Tel Aviv, Estado de Israel, un homenaje
multitudinario a la memoria del primer ministro Yitzhak Rabin, asesinado hace
veintiún años, el 4 de noviembre de 1995, por un fanático de la extrema derecha
israelí.
El
acto tuvo una significación extraordinaria que destacan las agencias
internacionales y los medios de prensa de muchos países. Desde aquí, queremos
sumarnos al homenaje a la memoria de ese estadista y formular algunas
consideraciones.
Yitzhak Rabin fue un guerrero y, al mismo tiempo,
un pacificador. Luchó en pro de la existencia del Estado de Israel y, luego,
para defender esa existencia. Llegó a ser el general más joven de Israel, con
treinta y un años, y fue jefe de Estado Mayor de su país durante la Guerra de
los Seis Días.
Ya
retirado de la vida militar, fue embajador en los Estados Unidos de América,
donde adquirió una experiencia que luego le fue muy útil en su actuación
política que, precisamente, comenzó a su retorno, llegando a ser primer
ministro, por primera vez, entre 1974 y 1977. Ya entonces comprendió que era
necesario tomar iniciativas que condujeran a la paz con los Estados árabes y a
soluciones para el problema con el pueblo palestino. En ese sentido, en su
primera gestión de gobierno logró el entendimiento con Siria para el cese del
fuego estable en los Altos del Golán.
Luego debió abandonar su cargo por diversas
razones y recién regresó quince años más tarde, para ser primer ministro por
segunda vez, entre 1992 y 1995. En esta segunda etapa, inició desde el primer
momento negociaciones secretas con la Organización para la Liberación de
Palestina, conducida por Yasir Arafat, lo que para muchos, en aquel momento -en
Israel y fuera de allí- era prácticamente impensable.
Finalmente, esas negociaciones fructificaron
en la celebración de los acuerdos de Oslo, firmados en setiembre de 1993, en la
ciudad de Washington, estableciendo entendimientos entre la Autoridad Palestina
y el Estado de Israel que, al cabo de cinco años, habrían de conducir a la
existencia de un Estado palestino en relaciones de paz con Israel. Al año
siguiente, en 1994, Rabin condujo las negociaciones que culminaron en la
celebración de un acuerdo de paz con Jordania.
Es importante señalar que estas iniciativas
fueron acompañadas por una decisión de este primer ministro valiente y corajudo
de disponer el cese de la política de asentamientos israelíes en tierras
ocupadas. Esto fue generando una oposición intensa al interior de Israel, que
en algunos sectores se radicalizó y terminó cuando un fanático extremista le
diera muerte al cabo de un acto -celebrado en la plaza donde se le recordó el
sábado pasado-, en defensa de la paz. Después de que miles de jóvenes se habían
reunido, habían cantado y bailado y lo habían escuchado hablar en favor de la paz,
cuando se retiraba el primer ministro, le dispararon desde atrás, matándolo.
Su
figura adquirió así el carácter de un verdadero símbolo, de alguien que, por un
lado, había defendido a Israel y al pueblo judío con las armas en la mano y, al
mismo tiempo, había entendido que había que buscar la paz con los árabes,
particularmente con los palestinos, y estaba dispuesto a entregar territorio
por paz para llegar a esa solución.
Creo
que, desde ese punto de vista, la actuación de Rabin es verdaderamente ejemplar;
es una referencia a tener en cuenta en la búsqueda de soluciones de paz estable
en Medio Oriente.
La
celebración del pasado sábado -se recordó su figura, su esfuerzo a favor de la
paz y, al mismo tiempo, se reclamó respeto y tolerancia por quienes piensan
distinto en Israel, por quienes tienen visiones acerca de la paz que no son las
mismas que las del gobierno- tiene un profundo significado democrático, un
significado de respeto y tolerancia por la opinión ajena, de rechazo de toda
forma de fanatismo, para que no vaya a producir nuevas muertes, como dijo una
de las oradoras, la exministra Tzipi Livni, que es una de las figuras
importantes de la oposición en Israel.
Desde aquí sumamos nuestra voz al homenaje de
Rabin y, como ciudadano de un país que en su momento apoyó la decisión de las
Naciones Unidas de promover la creación de dos Estados en Palestina -el Estado
de Israel, el del pueblo judío y, al mismo tiempo, un Estado árabe-,
manifestamos que sigue siendo esa la solución, el camino a recorrer y, para
recorrerlo, el ejemplo de Yitzhak Rabin seguramente será una referencia
insoslayable.
Solicito que la versión taquigráfica de mis
palabras se curse al Ministerio de Relaciones Exteriores, a la Embajada de
Israel y al Comité Central Israelita en el Uruguay.