Cosechando frutos de etrog en Santiago de Chile

21/Oct/2016

Por la Esc. Esther Mostovich de Cukierman

Cosechando frutos de etrog en Santiago de Chile

El ramo de Sucot (fiesta de las cabañas) se compone con las
cuatro especies que indica la Biblia :
“celebrarás fiesta en mi honor
que dure siete días:…el primer día, tomarás el fruto de árbol hermoso (
“etrog”, que se parece a un limón ), ramas de “lulab,hadas y arava” ( palmas,
mirto y sauce) y te alegrarás ante el Señor ”.
Cartas del siglo II e.c.
de puño y letra de Bar Koseba,
encontradas hace pocos años en las cuevas del desierto de Judea, dejan ver
que las cuatro especies crecían en
abundancia en la tierra de Israel en ese entonces. En el medio de la rebelión contra los
romanos, una de esas cartas está dirigida a Yehuda bar Menashe, jefe de la
guarnición militar de Ein Guedi. Para
quien no conoce el territorio: Ein Gedi es un oasis muy cercano al Mar Muerto.
Allí corre un arroyo de agua dulce, crecen palmeras, árboles de mirto, sauces.
Yo no vi etroguim (árboles de etrog)
pero hay tantas cosas que no vi. Este es el texto de la carta.
“Shimon Bar
Koseba a Yehudah ben Menashe : ….
He
enviado dos burros y dos hombres. Deberán cargar los burros y traer con ellos
ramas de palmera y frutos de etrog, ramas de mirtos y ramas de sauces. Ved que
ya esté separado el diezmo.( quiere decir, que ya se haya retirado de las
cuatro especies la décima parte, para regalar a los necesitados, de modo que
también ellos puedan celebrar la
festividad de Sucot – Cabañas .) Enviad
todo a mi campamento. Nuestro ejército es grande. Shalom. “
el arqueólogo
Yigal Yadin esta carta revela a Bar
Koseba como un judío con gran fe religiosa. Hay estudiosos que piensan que un
hombre creyente no redactaba cartas de esa manera. Un hombre de Fe comenzaría
la carta con bendiciones. Leen en esta carta algo diferente: en el ejército de
Bar Koseba había muchos hombres de Fe que Bar Koseba respetaba. Da la
orden para procurar lo necesario para que la festividad de Sucot se celebre por todos los hombres de Fe de sus
campamentos militares, con las cuatro especies que componen el ramo de Sucot.
Bar Koseba escribe la
carta y las órdenes a sus oficiales militares en hebreo simple de nivel
escolar. Hay otras cartas de Bar Koseba escritas en idioma arameo, con mejor
dominio del idioma.¿Tal vez Bar Koseba y sus oficiales sólo conocían hebreo de
la escuela primaria y escribían sus
comunicados en hebreo para que los soldados romanos, si descubrían esas cartas,
no supieran leerlas? El hebreo pulido lo conocían muchos soldados de Bar Koseba , eso indica que esos militares tenían
lecciones de estudio avanzado en las
academias rabínicas de ley hebrea. Todo apunta a que miles de alumnos de Rabi
Akiba se alinearon en la rebelión de Bar Koseba y en ella dejaron su vida.
Mil quinientos años más tarde, para nuestros bisabuelos en
Europa Oriental, era relativamente fácil conseguir ramas de palmas, mirto y
sauce. Para nosotros, en América del Sur esas tres especies también se pueden
encontrar. Pero el etrog, la fruta cítrica para la festividad de Sucot
¿dónde se consigue? Los judíos europeos los importaban de Grecia, el Sur de
Italia o el Norte de Marruecos. Y en
América del Sur se siguen
importando de las mismas fuentes. Eso fue hasta ahora. Las cosas pueden
empezar a cambiar.
Con Alvaro Vicuña nos conocimos el año pasado, en el
encuentro para juventud que organizó en Montevideo el Keren Kayemet Leisrael.
Estuve allí dando una charla. Alvaro se
acercó a preguntarme más detalles y nos quedamos conversando. Me contó que
estaba cosechando frutos de etrog en el jardín de su casa en Santiago de Chile.
Me quedé asombrada. ¡Arboles de etrog creciendo en el clima frío de Chile!
– Sí, desde hace ocho años, me contestó.
-Me tienes que contar esa historia, le pedí. ¿Cómo se te
ocurrió la idea?
-En casa solamente conocíamos el etrog por comprarlo
importado. Vi que muy pocas personas cumplían en Chile el mandamiento bíblico
de las cuatro especies de Sucot debido al alto precio de las cuatro especies,
especialmente del etrog. La Ley judía nos invita a cuidar los recursos
naturales, por eso pensé: al plantar un
árbol. Donde vivimos nos evitamos el consumo de petróleo para el viaje de barco
o avión y cumplimos con el mandamiento
bíblico de cuidar la tierra. Si a eso le sumamos que aumentamos el número de
árboles en el planeta, es mejor. Y si ese árbol es un etrog, ¡mucho mejor!
-Así que hace ocho años, al terminar Sucot , me atreví a
tomar unas cuantas semillas de un etrog
“ kasher” (apto según la Ley hebrea) , comprado para celebrar la
festividad , dice Alvaro. Me pregunté
cómo podría hacer germinar esas semillas. No encontré ningún libro sobre el
etrog. Los expertos en plantas que
consulté no lo conocían. Tampoco había
información en internet. Así que empecé solo,
con el sistema de ensayo y error. Probé pelar la cáscara del etrog con
la mano y quitar las semillas de los
gajos de fruta con un bisturí. No sabía si plantarlos en tierra, arena o
una mezcla de tierra y arena. Seguí
probando. Muchos brotes nacieron de las
semillas, pero pronto acabaron comidos por las hormigas. A otros los liquidaron las babosas. Quité a mano de las hojas de las
plantas todos los bichitos que veía, uno por uno, porque no quería usar ningún
pesticida. Hasta que de algunas semillas nacieron algunos brotes que
sobrevivieron.
Lograr de esos brotes alguna rama con unas cuantas hojas fue
mucho más difícil. Alvaro pensó que esa tierra arenosa era muy pobre y necesitaba minerales, puso pastillas de
minerales y vitaminas en algunos brotes…. al otro día, esas plantas estaban
muertas. Todo afectaba a los brotes, el frío, el calor, el viento, la lluvia,
las hormigas, las babosas… Pero lo más
destructor resultaron ser las manitos curiosas de sus dos hijos pequeños, que
decidieron jugar con una tijera y se pusieron a podar las nuevas plantas.
Alvaro quedó muy dolido. Puso las macetas de brotes que quedaban en su
habitación y cerró la puerta con llave. Los niños no entendieron por qué su papá estaba tan enojado. El resultado fue una
pelea familiar mayúscula, que tuvo su
parte buena: gracias a la pelea, la familia se sentó a conversar sobre el
etrog.
-“Podemos seguir comprando un etrog importado todos los años
para celebrar Sucot”, les explicó Alvaro. “Pero así nos perderíamos el placer
de ver crecer al etrog en nuestro propio jardín. El etrog es de la misma
familia que el limón, algo así como el bisabuelo del limón. El arbolito primero
tendrá hojas, luego ramas, después se cubrirá de flores y espinas. Verán que
las espinas son muy fuertes y las flores
son muy delicadas. Muchas flores se caerán por el viento o el mordisco de una
hormiga, pero de algunas flores nacerá fruto. ¡Veremos crecer los frutos del
etrog ante nuestros ojos! ¿Quién va a
querer elegir al etrog más lindo del árbol? Ese lo tomaremos con mucho cuidado
de no dañarlo, con nuestras propias manos, y con él cumpliremos con el mandamiento de agitar y bendecir las
cuatro especies juntas en la fiesta de Sucot”.
Me contó Alvaro que los niños aceptaron entusiasmados. Todos
dijeron que querían cuidar las plantas. Los niños prometieron no volver a usar
las tijeras con las hojas de los arbolitos.
Hasta la suegra de Alvaro prometió ayudar, cuando la familia saliera de
vacaciones.
Pocos días antes de este Sucot, Alvaro me hizo ver la
nueva foto que puso en su página
Facebook: él y su hija mayor tienen en sus manos una caja llena de etroguim
(plural de etrog) ¡plantados y cosechados en Santiago de Chile! Le mandé un
mensaje por Internet.
-¡Alvaro! ¿Sigues
plantando y cosechando etroguim en el
fondo de tu casa?
– ¡Claro que sí! Ya
tengo unas 120 plantas de un año de edad.
-¿Tu solo atiendes la plantación?
-Con ayuda de mi familia. Mi esposa se encarga de las cosas
del hogar mientras cuido las plantas al llegar de mi trabajo. Mis hijos me
ayudan a quitar las plagas con sus manos y un paño húmedo, ya que no aplico
químicos. Mi suegra viene a casa a regar las plantas cuando salimos de
vacaciones. Desde donde sea que estemos, la llamamos todos los días por
teléfono… no es sólo por saludarla, queremos saber cómo siguen los arbolitos.
Con el sistema de ensayo y error, Alvaro aprendió a cuidar
los frutos del etrog. Florece y da
frutos durante todo el año. Probó congelarlos para usarlos más tarde, y los
etroguim se arruinaron. Probó guardarlos en lugar seco y frío y se conservaron
bien.
-Para Sucot, cosecho todos los frutos y saco todas las
flores, así el árbol se regenera y comienza otra vez el ciclo de sacar flores.
Este año, fueron 15 los etroguim que cosechamos para Sucot.
-¿Los vendes? ¿Los exportas?
– Este es el segundo año que vendo etroguim en Santiago de
Chile. Hasta ahora, no pensé en la exportación…
-¿Vendes sólo frutos o también los arbolitos pequeños para
plantar?
-He vendido los frutos en 13 dólares y las plantas de un año
en 46 dólares.
-¿Las plantas vienen con instrucciones?
-Claro. ¿Quieres probar si crecen en Montevideo? Para mí es
un honor poder compartir lo que aprendí de una tarea que los judíos
teníamos olvidada y ayudar a que cada
judío pueda generar su propia experiencia «completa»: Plantar el
árbol, cuidarlo, ocuparse a medida que crece, esperar, elegir su fruto. ¡Eso
es lograr que toda la familia festeje
Sucot con total conciencia de lo que están haciendo!
-Es una vivencia para unir
a los hijos, los padres y los abuelos…
-No sólo eso. Quien no ha participado en la fiesta de Sucot,
es probable que nunca haya visto, olido o tenido un etrog en las manos. Quien
lo haya visto lo más probable es que desconozca cómo se ve el fruto por el
interior. Pocas personas tienen la posibilidad de ver el árbol de donde crece
el fruto. Para nosotros ha sido una experiencia inolvidable ver crecer y el
fruto y tomarlo del árbol ¡con nuestras propias manos! para celebrar la
festividad.