La vida de los judíos en la época de Carlos IV

05/Oct/2016

Radio Praga, Dominika Bernáthová

La vida de los judíos en la época de Carlos IV

El trato del rey checo Carlos IV hacia los
judíos representa uno de los capítulos más oscuros de su reinado. La dificultosa
vida de la comunidad judía en la época de uno de los monarcas más célebres de
la historia checa será el tema de la nueva edición de ‘Legados del Pasado,
Testimonios del Presente’.
Las primeras menciones sobre las colonias
judías en el Reino de Bohemia datan del siglo X. Las diferencias religiosas y
los abundantes recursos que los judíos tenían en su posesión desencadenaron en
breve una serie de ataques contra su comunidad, que en una ocasión impulsaron
su salida del país.
No obstante, la ausencia de los judíos
debilitó la economía nacional. Por tanto, el rey Otakar II de Bohemia otorgó a
mediados del siglo XII a los judíos el privilegio Statuta Iudaeorum que
convertía a su comunidad en propiedad de la Cámara Real. De esta forma quedó
asegurado que cada delito contra ellos fuera juzgado como agresión contra los
bienes del monarca.
Los judíos como propiedad del monarca
Este modo de protección, sin embargo, no
era gratuito, según explicó para la Radiodifusión Checa Eva Doležalová, del
Instituto Histórico de la Academia de Ciencias de la República Checa.
“Los judíos se veían obligados a pagar unos
impuestos especiales. Además, siendo la propiedad de la Cámara Real, el monarca
podía gestionar impunemente sus propiedades”.
El estatuto de los judíos en la sociedad
medieval se veía cada vez más ensombrecido por todo tipo de acusaciones: desde
el asesinato de Jesucristo hasta denuncias por practicar delitos rituales,
teniendo en cuenta además que realizaban préstamos cobrando interés, algo que
según la doctrina cristiana representaba un pecado y que los hacía al mismo
tiempo necesarios y odiados, explica Doležalová.
“A pesar de que el monarca y la Iglesia
trataban de defender paradójicamente a los judíos ante este tipo de acusaciones,
afirmando que eran inventadas, entre la sociedad se difundieron y se hicieron
muy populares. En cuanto a los préstamos, los judíos no prestaban dinero
solamente al monarca y a la nobleza, sino también a los burgueses y a las
personas de las clases más pobres. Los intereses eran altos, lo que a algunos
podría haber llevado a una tragedia personal”.
No obstante, en aquel entonces los
préstamos representaban para los judíos una de las escasas maneras de ganarse
la vida, ya que se les había denegado el derecho de practicar la mayor parte de
los oficios, así como de poseer tierras. Se veían obligados asimismo a vivir en
guetos apartados. Al cruzar sus límites, tenían que llevar una seňal especial
como un gorro amarillo o una cinta en el brazo.
Los judíos empeñados
El rey checo Carlos IV fue coronado
emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en 1355. El Viejo Continente se
veía entonces azotado por la peste negra y por las malas cosechas. El miedo al
contagio y el malestar general provocó entre la sociedad un inmenso odio hacia
los judíos, a quienes se les culpaba de todas las desgracias que afligían el
continente.
Este rencor desencadenó una serie de
pogromos sobre todo en Europa Occidental, donde fueron asesinados miles de
miembros de esta etnia.
Uno de los pogromos fue impulsado
indirectamente por el mismo Carlos IV. Tras la costosa campaňa para convertirse
en el emperador del Sacro Impero Romano Germánico acabó endeudado. Uno de sus
acreedores era la ciudad alemana de Fráncort. El rey empeňó a los judíos
locales, ya que eran de su propiedad, afirmando que dicha deuda se les podía
reclamar a ellos. El primer pogromo contra los judíos estalló solo tres semanas
después de ese acuerdo.
Carlos IV empeňó asimismo las propiedades
de los judíos asentados en la ciudad alemana de Núremberg. Los acreedores
recibirían sus bienes en caso de la muerte o la salida de los judíos de la
ciudad. El esfuerzo en cumplir dichas condiciones se desarrolló en breve,
explica Eva Doležalová.
“Entre los aňos 1348 y 1349 se efectuó
entre el Consejo Municipal de Núremberg y Carlos IV una serie de negociaciones
sobre las condiciones bajo las que el monarca podría desplazar a la comunidad
judía de la ciudad. La forma de llevarlo a cabo era simple; Carlos IV otorgó a
la ciudad de Núremberg un privilegio que aseguraba impunidad en caso de causar
daňos a los judíos y sus propiedades”.
Al cabo de unos días se llevó a cabo un
fuerte pogromo que acabó con las vidas de más de 500 judíos. Los demás se
escaparon y sus casas fueron arrasadas u ocupadas por los burgueses. En el
lugar del gueto judío fue levantada posteriormente una iglesia cristiana.
¿Un antisemita o un hombre de su época?
Estos acontecimientos convierten al rey
Carlos IV en los ojos de algunos historiadores en un cruel monarca antisemita.
Otros defienden sus decisiones con la necesidad de adaptarse a las
circunstancias de la época, afirmando que era consciente de que no sería capaz
de reprimir las persecuciones de los judíos, y, por tanto, aprovechó la
situación desde el punto de vista económico.
Carlos IV posteriormente trató de mejorar
el estatuto de los judíos en el Reino de Bohemia y auspició asimismo sus nuevos
asentamientos en el país. En aquella época los judíos representaban
aproximadamente el 2% de la población de la capital checa, que entonces era
aproximadamente de 40.000 habitantes. No obstante, Carlos IV no dejó de tratar
a los judíos como una mercancía.
El mayor pogromo en las Tierras Checas aún
estaba por llegar. Fue provocado en 1389 en la época del reinado del hijo de
Carlos IV, Venceslao IV.
Durante una procesión de Pascua en 1389, un
cura denunció haber sufrido un ataque con piedras, arrojadas supuestamente por
un grupo de judíos. En la Plaza de la Ciudad Vieja de Praga alertó a la
muchedumbre, que a continuación asesinó a más de 3.000 judíos. Los culpables
nunca fueron castigados.
En la época de las Guerras Husitas parecía
que el estatuto de los judíos se veía bajo una luz más positiva, ya que los
representantes de la revolución husita habían suspendido algunas de las restricciones
hacia su comunidad. Las esperanzas tuvieron una breve duración, ya que en la
segunda década del siglo XV los husitas llevaron a cabo varios pogromos y
muchos judíos fueron expulsados de las ciudades checas.