22-3-2011
La resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, en interés de defender la población civil libia, autoriza a crear una zona de exclusión aérea e imponer un alto el fuego, evitando nuevos ataques sangrientos contra los opositores al régimen de Muammar Gaddafi. Y punto. El primer comentario es que toda la opinión pública mundial está interesada en que esos objetivos se cumplan y en que no exista ninguna extralimitación bélica ni ningún ataque contra civiles. Por eso preocupan algunos golpes que ya ha asestado la aviación aliada en Trípoli. Pero la situación es realmente complicada, en tanto Gaddafi persiste en su ofensiva y ha anunciado que no habrá clemencia para sus opositores. Algo que es difícil de prevenir solamente con misiles.
Libia está hoy en el centro de la atención mundial, pese a las remezones nucleares del terremoto en Japón. Un levantamiento popular como los de Túnez y Egipto está ahogándose hoy en la sangrienta represión desatada por Muammar Gaddafi. El Consejo de Seguridad de la ONU, por su parte, autorizó acciones militares que están en curso para crear una zona de exclusión aérea, imponer un alto el fuego y defender la población civil, ahora amenazada por una cruenta venganza.
El mundo mira con severidad los bombardeos aliados. Y se desconcierta ante las actitudes de Gaddafi, que tanto anuncia el cese del fuego como que no habrá clemencia para los beligerantes. La opinión pública internacional coincide en que hay que lograr un cese del fuego y defender a la población civil de una matanza. Ahora acaba de caer una de las ciudades alzadas, Misrata. No hay allí corresponsales extranjeros, pero los informes telefónicos aseguran que se ha desatado una matanza. Y una situación así no se resuelve con un bombardeo aéreo.
Un conflicto, en fin, muy difícil de remediar y que suma otro punto caliente a un mundo con dos países ocupados, atentados terroristas y una opinión mundial contraria a la intervención directa. El tema es que los últimos escalones de una victoria militar están siempre a cargo de tropas de infantería. Los que plantan la bandera simbólica son siempre infantes, por más que el apoyo aéreo o marítimo sea decisivo. Y en este caso se asegura que no va a haber tropas de ocupación.
Pero el conflicto planteado en Libia es muy difícil de entender con una mirada que no tenga en cuenta las muy singulares particularidades del país y de su «Hermano Líder». Por eso conviene fundar cualquier reflexión en algunos antecedentes que ayudan a responder las grandes preguntas de hoy. Por ejemplo, cuando Gaddafi dice que «no habrá clemencia» ¿es nada más que una amenaza o el anuncio de un baño de sangre? Dar una respuesta está en cada lector.
Muammar Gaddafi lleva 42 años en el poder. Sus opositores le llaman el «Perro Loco». En los comunicados oficiales se le presenta como el Hermano Líder, siempre con mayúscula inicial. En su tiempo, apoyó con dinero y entrenamiento a todos los movimientos guerrilleros y revolucionarios que se lo pidieron. Ha tenido un discurso que no es, por usar un eufemismo, «políticamente correcto». En declaraciones públicas llegó a congratularse por atentados terroristas sangrientos en otros países, como el del aeropuerto de Lod o el magnicidio de Anwar Sadat en Egipto.
Tras derrocar al Rey Idris I, en 1969, se acercó a Francia. Pero poco después buscó y obtuvo el apoyo de la Unión Soviética. Sus Fuerzas Armadas fueron las primeras en recibir los, en su momento, muy sofisticados cazas de combate Mig-25. Pero las volteretas de su alineamiento geopolítico lo llevarían a apoyar el panarabismo, a pasar de actitudes prosoviéticas a posiciones anticomunistas. También cambió luego el panarabismo por el panislamismo, más a la moda. Sus arrestos de apoyo a los movimientos terroristas comenzaron a amainar en 1986, cuando en un ataque aislado un avión de combate estadounidense le dirigió un misil inteligente que terminó explotando a escasa distancia de donde dormía. Se dice que el ataque mató a su hija adoptiva, pero hay también otras versiones según la cual la niña ni murió, ni fue adoptada.
Aunque es larga la lista de atentados en los que los servicios de Inteligencia señalaron la participación libia, el más sonado es el del avión de pasajeros norteamericano que cayó sobre Lockerbie, una ciudad escocesa. Hubo doscientos setenta muertos, entre pasajeros del avión y pobladores del pueblito. El vuelo Pan Am 103 desató una gigantesca operación policial en la que participaron la Policía local junto a Scotland Yard y la CIA, seguramente con apoyo del M16. Luego de una larga investigación, pudo probarse que el autor del atentado fue el jefe de seguridad de la compañía libia de aviación, al que podía vincularse directamente con los servicios de Inteligencia de Gaddafi. El tema se resolvió años después cuando Gaddafi, a quien el misil norteamericano y las sanciones de Naciones Unidas por el atentado de Lockerbie hicieron madurar, terminó reconociendo la responsabilidad en el caso y aceptó pagar una cuantiosa indemnización a los deudos de las víctimas.
En cuanto a Libia, se trata de un país asentado sobre núcleos tribales que mantienen cierto dominio territorial. En total son 33, de los cuales la tribu más numerosa es aquella a la que pertenece Gaddafi. Su gobierno se ha sostenido a través de 42 años sobre la conclusión de acuerdos con las tribus. Pero hoy parece ser que el afán de libertad del pueblo libio está animando una protesta que resulta independiente a la vieja, pero aún vigente, organización tribal.
Esa protesta cuenta con simpatías y apoyos en Occidente y en el mundo árabe, como ocurrió en Túnez y en Egipto. No obstante, el empecinamiento de Gaddafi en mantenerse aferrado al poder está llevando al país a un conflicto que ya adquiere otras dimensiones. Y en el que, quizá, la ayuda que pueda proporcionar la comunidad internacional no sea suficiente para evitar un baño de sangre.
Algunas claves para entender la batalla que hoy se libra en Libia
23/Mar/2011
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