¿Por qué enseñar sobre el Holocausto?

09/Sep/2016

UnidosxIsrael, Por Lic. Junior Jesús Aguirre Gorgona

¿Por qué enseñar sobre el Holocausto?

Nuestra mente por naturaleza busca ocultar
los recuerdos más negros que hayamos vivimos, esto con el objetivo de erradicar
todo aquello que pueda alterar el comportamiento normal de nuestras vidas o
como un método de auto-conservación. Es normal que seamos ajenos a episodios de
nuestra niñez, pero hay eventos que suelen ser borrados casi en su totalidad
por cuestiones de auto-defensa.
Los sicólogos la llaman amnesia disociativa,
y es un evento inconsciente, un mecanismo de defensa alternativo a otras
medidas más drásticas como el suicidio. Aunque hay debates estrechos entre las
diferentes ramas de la ciencia que se dedican a estudiar el comportamiento de
la psique, hay consenso en que el motivo de la amnesia disociativa no es la
pérdida llana de memoria, sino que su finalidad es la erradicación inconsciente
para no alterar el ciclo de la vida del individuo y su comportamiento social
ante estos eventos vividos.
En la mayoría de las ocasiones, la
regresión a estos episodios traumáticos desde el psicoanálisis y otras
disciplinas, ha provocado trastornos a aquellos pacientes que habían sido
víctimas de abusos sexuales siendo niños por sus padres o alguna otra persona o
familiar, o aquellos que habían presenciado accidentes de tránsito, entre
otros. En los casos de abuso, cuando las regresiones se manifiestan en sueños o
en “flash back”, aunque el recordar sea doloroso, sin duda es necesario para
sentar culpas y responsabilidades. En otros casos donde no hay delitos de por
medio sino eventos traumáticos, los profesionales consideran que ante una
eventualidad como esta es mejor dejar la mente “limpia” y que la amnesia
disociativa haga su trabajo.
Otra forma de olvidar podríamos decir que
es callar: así lo consideraron muchos sobrevivientes de eventos traumáticos que
marcaron su vida y la de su generación por siempre. Especialmente los
supervivientes de la Shoá, conocida popularmente como el Holocausto. Partiendo
de la premisa de la amnesia disociativa ¿no sería mejor olvidar este evento en
el tiempo y construir un mejor futuro? ¿Es necesario recordar esto? ¿Cuál es su
fin? Veamos lo que nos dice la historia.
Cuando el ejército Rojo en 1945 tomó
nuevamente la parte este de Europa anexionada por Alemania en 1942 durante la
operación Barbarroja, el horror fue lo que inundó los ojos de los militares.
Aunque estos habían sido testigos y perpetradores de los crímenes cometidos por
la Policía Secreta Soviética (NKVD), las escenas dantescas que presenciaron no
tenían punto de comparación: las factorías de la muerte, como les llama el
historiador Timothy Snyder en su libro “Tierras de Sangre” a los campos de
exterminio, habían acabado con la vida de más de 3 millones de Judíos; los
pocos que quedaban fueron repatriados a sus países de origen, algunos migraron
a Palestina, otros grupos se dirigieron a Estados Unidos, y posteriormente al
recién fundado Estado de Israel.
Pero el horror no fue conocido a
profundidad hasta que los supervivientes empezaron a hablar. En un principio
decidieron callar, fue su mejor arma para dejar este horrendo capítulo de su
vida a un lado y las razones fueron diversas: asumían que no les creerían, o
les cuestionarían el por qué ellos habían sobrevivido o simplemente querían
olvidar y usar el silencio como herramienta de pérdida de memoria consciente.
Aunque las evidencias tangibles y el testimonio silencioso de los cadáveres con
piel nos dieron a conocer los horrores de los asesinos nazis (y los civiles que
en complicidad actuaron con ellos), no fue hasta que el grueso de aquellos que
habían sobrevivido a las fosas comunes de Babi Yar y el bosque de Ponari; a los
fusilamientos en masa en Letonia, Lituania, Estonia y Ucrania; y a los campos
de exterminio de Auschwitz, Treblinka, Chelmno y Sobibor; que pudimos conocer
la barbarie a la que es capaz de llegar el hombre masificado, y por supuesto
todo el proceso de exterminio sistemático y moderno del que habían sido
víctimas no solamente los judíos, pero también diversos grupos humanos como
gitanos, minusválidos, homosexuales, comunistas, etc.
Gracias a estas personas que sobrevivieron
al Holocausto y decidieron compartir su testimonio dejando de lado el silencio,
hoy conocemos con detalle lo ocurrido; gracias también a que en innumerables
ocasiones la curiosidad de sus hijos y nietos los llevó a hablar podemos hoy
contar con el testimonio del horror vivido; también gracias a sus voces pudimos
conocer de que en medio de las tinieblas y de un mundo inmoral existieron focos
que iluminaron la senda de aquellos que estaban condenados a las cámaras de gas
o al fusilamiento en masa: Los Justos De Las Naciones. Aquellos que
desinteresadamente, con el único afán de ayudar y con la convicción de que en
una época de regresión era posible mantener los valores morales. Gracias a
ellos conocimos los testimonios de los que hoy no pueden hablar, de aquellos
que en un arrebato de valentía dieron su vida para aminorar el sufrimiento del
otro, gracias a ellos hoy sabemos que un hombre pudo salvar su vida pero
decidió ir hasta el final con los niños de su orfanato, Janusz Korczak. Gracias
a ellos hoy conocemos que el camino hasta la cámara de gas no fue el de “ovejas
al matadero”, sino que la rebelión y la resistencia existió, que grupos de partisanos
se agruparon para liberar a sus hermanos.
Hay que entender que el crimen del
holocausto fue cometido por los nazis y sus cómplices, pero que también fue el
fracaso de la humanidad como tal. Países cerraron sus fronteras y se negaron a
recibir judíos a sabiendas de la matanza en boga, los Aliados ni siquiera
fueron capaces de bombardear las líneas que conducían a los campos, y es por
ello que la humanidad entera hoy como mínimo debe de conocer de esta mancha
negra de la moral, y la única forma de diseminar esto es la educación que
brindamos a nuestros jóvenes y adultos en las aulas.
Ante un genocidio que hoy muchos se atreven
a negar, la Comunidad Judía de Costa Rica ha hecho innumerables esfuerzos para
que nuestros jóvenes y cualquier ciudadano costarricense, pueda aprender y ser
testigo de este proceso. Hace unos días se estrenó el corto realizado por la
periodista Evelyn Fachler titulado “Los Niños De La Shoá” que recopila 7
testimonios de niños que sobrevivieron al holocausto y rehicieron sus vidas en
nuestra patria. Además, el Centro Israelita desde hace algunos años recibe y
organiza visitas guiadas en su museo para mostrar la vida de los primeros
migrantes judíos en nuestro país y enseñar sobre las costumbres y tradiciones
judías. Aunado a esto, se brindan capacitaciones a los docentes de Español y
Estudios Sociales sobre el tema del Holocausto desde la perspectiva de los
genocidios recientes y los Derechos Humanos.
Enseñamos Shoá no para maximizar la memoria
de unos y minimizar la de otros; enseñamos Shoá porque en ella se encuentran
las aristas, los puntos y las pautas para que un crimen tan paradigmático como
éste no se vuelva a cometer contra ninguna minoría o grupo humano en el mundo.
Timothy Snyder en su libro “Tierra Negra” concluye que “El mundo está
cambiando; renacen miedos muy conocidos en la época de Hitler y a los que
Hitler dio respuesta. La historia del Holocausto no se ha acabado. Su
precedente es eterno y la lección aún no se ha aprendido” Es por eso es nuestro
deber moral como educadores, como personas, como seres humanos, como hermanos
que somos, el formar nuevos ciudadanos amantes de la diversidad y respetuosos
de los Derechos Humanos.
Después del Holocausto han ocurrido 3
genocidios, y aún hoy el asesinato sistemático de yazidíes en Irak se perpetúa
a vista y paciencia de la Comunidad Internacional; lamentablemente la humanidad
no aprende la lección, y nuestra mejor arma contra esto es la educación. Por
eso enseñamos sobre el Holocausto y lo seguiremos haciendo. Para honrar a
judíos, gitanos, a grupos humanos de diversas tendencias religiosas, étnicas,
nacionales, políticas, sexuales y físicas, que fueron asesinados en la mayor
época de oscurantismo moral.
Por: Licenciado Junior Jesús Aguirre
Gorgona
Profesor Estudios Sociales y Educación
Cívica