A la caza del tesoro visigodo que los nazis se llevaron

29/Ago/2016

El País, España, Por Ana Carbajosa

A la caza del tesoro visigodo que los nazis se llevaron

Cuenta Aurelia de la Iglesia que su padre
participó hace décadas en la excavación de la necrópolis de Castiltierra
(Segovia). Que desenterró seis copas de oro y se las dio al jefe de la
expedición. “A cambio recibió un vestido rojo que hemos llevado todas las
primas”. En su pueblo, Pajares de Fresno, “el vestido rojo de los arqueólogos”
es célebre. En la comarca todos conocen el expolio de Castiltierra, una
necrópolis visigoda excavada en los años treinta y cuarenta y saqueada durante
décadas. Muchos campesinos dieron con auténticos tesoros cuando araban sus
campos. Hubo espabilados con detectores de metales que encontraron sortijas y
broches. El resultado fue la desaparición de reliquias de gran valor. Lo que
diferencia Castiltierra de otros yacimientos es que parte del botín acabó en la
Alemania nazi. La falange española convenció al mismísimo Heinrich Himmler de
que esos huesos y ajuares serían de enorme valor para apuntalar su tesis de la
supremacía racial. No lo consiguió, pero por el camino los alemanes se llevaron
piezas que nunca volvieron y que España quiere ahora recuperar.
Sergio Vidal, responsable de Antigüedades
Medievales del Museo Arqueológico Nacional, explica que Castiltierra es una de
las necrópolis más importantes de la época visigoda en la península. “El
expolio ha hecho que algunas de las piezas estén fuera. Durante las
excavaciones de [Julio Martínez] Santa-Olalla, se enviaron decenas de objetos a
Alemania para restaurar y no regresaron”. Ahora tratan de “recabar pruebas”
para demostrar que el material viajó a Alemania “de forma temporal”.
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A las afueras de Castiltierra, donde está
la necrópolis, al pie de la ermita del Corporario, nadie diría que se esconde
un vergonzoso fragmento de la Historia. No hay carteles ni señales que
adviertan de la necrópolis. Apenas girasoles, trigo y tierra yerma, en las
faldas del Cerro del Moro, la colina que fue testigo de una sangrienta batalla.
“Siendo yo niña, allí aparecían muchos huesos. Está claro que murió mucha
gente”, recuerda De la Iglesia. Rafael Fernández, alcalde del vecino Fresno de
Cantespino, también encontró restos. “Había un montón de tumbas. De cualquier
sitio que se cavaba salían cosas. Sortijas, asas de cubos y, sobre todo,
collares. Pero nadie le daba importancia. Cualquiera se llevaba lo que le daba
la gana”. En el Ayuntamiento guarda una copia del listado de jornales de los
que desenterraron la necrópolis en los treinta. En ella, aparece el padre de De
la Iglesia, que cobró 120 pesetas por 24 jornadas en las excavaciones que
dirigieron Emilio Camps y Joaquín María de Navascués (1932-1935) y de cuyos
hallazgos ha publicado este año el Museo Arqueológico Nacional un detallado
recuento. Seis años más tarde, vino la expedición hispano-alemana de
Santa-Olalla.
Piezas procedentes de la campaña de
excavaciones realizada en Castiltierra entre 1932 y 1935.ampliar foto
Piezas procedentes de la campaña de
excavaciones realizada en Castiltierra entre 1932 y 1935. ESTUDIO SOMMAR S. L.
El Adelantado de Segovia del 21 de octubre
de 1940 titulaba: “Madrid ha tributado un recibimiento entusiasta a Heinrich
Himmler”. En un subtítulo, explicaba: “En El Pardo, el Reich-Führer fue
recibido por el Caudillo”. Durante esa visita a España, Santa-Olalla fue el
guía y traductor del capo de las SS: había sido lector universitario en Bonn en
los veinte y hablaba alemán.
Un relato de la vinculación de Santa-Olalla
con la Alemania nazi lo escribió hace ocho años Jacinto Antón en este diario
tras la publicación de una investigación de Francisco Gracia, Catedrático de
Prehistoria de la Universidad de Barcelona. “Santa-Olalla y Himmler coinciden
en su interés por el mundo visigodo por cuestiones profesionales e ideológicas.
Para vincular ambos regímenes era útil encontrar elementos que conectaran
España y Alemania al mundo visigodo y a las migraciones germánicas”, explica Gracia.
Castiltierra es otra prueba de que la arqueología fue un apoyo esencial a la
ideología nacional socialista, cree Gracia.
Durante la visita de Himmler a España, el
arqueólogo español le acompañó a Toledo, al Escorial, al Prado y al
Arqueológico. En el programa figuraba una visita a Castiltierra el 22 de
octubre de 1940, saliendo a las 10.30 de Segovia. Días antes de la llegada
prevista de Himmler, Santa-Olalla envió a trabajadores a abrir tumbas de la
necrópolis para agasajar al invitado. “Se buscaron en la zona obreros rubios y
altos para que Himmler viera la vinculación germánica”, apunta Gracia. El
alemán, sin embargo, nunca pisó Castiltierra. La visita se canceló por lluvias
y retrasos en el programa.
El
arqueólogo español Julio Martínez Santa-Olalla y el dirigente nazi Heinrich
Himmler analizan la colección visigoda del Museo Arqueológico Nacional, en
Madrid, en octubre de 1940
El arqueólogo español Julio Martínez
Santa-Olalla y el dirigente nazi Heinrich Himmler analizan la colección
visigoda del Museo Arqueológico Nacional, en Madrid, en octubre de 1940
Aun así, el interés alemán por los restos
no cedió. En agosto de 1941 Joachim Werner, subdirector del Instituto
Romano-Germánico de Fránfort, participó en las excavaciones dirigidas por
Santa-Olalla e informó a Himmler. Exhumaron 401 sepulturas, según el
Arqueológico. Un representante de la Gestapo en España y dos de la embajada
alemana estuvieron presentes, cuenta Gracia.
El material fue enviado a Alemania por
valija diplomática de Exteriores para su estudio y restauración. Eran sobre
todo objetos metálicos: fíbulas, broches, adornos personales, según Gracia.
Fueron a Berlín, a la sede de la Ahnenerbe, el brazo de las SS dedicado a
demostrar las teorías raciales de Hitler, y de allí se repartieron a Nuremberg,
Colonia y Viena.
El material de bronce estaba en mal estado
y en Alemania se ofrecieron a someterlos a los procesos químicos necesarios. El
viaje de los objetos fue en teoría una asistencia técnica, pero formaba parte
de una colaboración más amplia que incluía conferencias, intercambio de
investigaciones y fotos. Sin embargo, el entusiasmo hispano alemán por
Castiltierra pronto se desvaneció. El régimen nazi tenía otros frentes que
atender, en particular el sur de Rusia, Ucrania y Crimea, donde saquearon
museos y tumbas visigodas.
Sin inventario
El documento publicado por el Arqueológico
detalla que solo volvió a España “una mínima parte” de aquel material. Indica
que gran parte de las piezas se encuentra en el Germanisches Nationalmuseum de
Núremberg y un número menor en Viena, y que, fruto de esas excavaciones,
ingresaron en el Arqueológico Nacional con la colección Santa-Olalla, en 1973,
“unas cajas con cráneos y otros restos óseos descontextualizados”. Añade que
“reiteradas peticiones y gestiones a través de la Embajada de España no dieron
resultado alguno”.
Listado de jornales de quienes desenterraron
la necrópolis.
Listado de jornales de quienes
desenterraron la necrópolis.
Harman Sassman, de la Universidad de Viena,
concluyó en 2012 que “los hallazgos visigodos del Instituto de historia
primitiva de Viena proceden con alta probabilidad” de la campaña de
Santa-Olalla. Afirma que llegaron allí de mano de un coleccionista privado,
Karl Mossler. Señala también que Werner, el alemán que excavó en Castiltierra,
estudió durante dos semestres en Viena.
Gracia cuenta que parte del problema es que
el material no se inventarió, y que los que abrieron las cajas en Alemania no
podían saber a quién correspondía cada pieza. “No es posible saber qué es lo
que falta”. A ello se le añade la aparición de supuestas falsificaciones.
Fernández, el alcalde de Fresno, cuenta que
en Castiltierra a nadie le importó que aquello se enviara a Alemania: “Eran
cosas que estorbaban”. Con el tiempo, su valor es evidente. “Hace 10 años
arreglamos los alrededores de la ermita y salieron muchísimos huesos. Si
excavan ahora, seguro que todavía encuentran de todo”, piensa el alcalde. Y
asegura que hace años le pidieron a la Junta de Castilla y León fondos para un
proyecto en el que reproducirían la necrópolis, pero les dijeron que era muy
caro.
Vidal, del Arqueológico, explica que están
“tratando de recuperar trámites que se hicieron hace tiempo para conseguir
pruebas de que el préstamo era temporal”. Primero, cuenta, hay que localizar
las piezas y ver su estado legal. Al haber pasado muchas décadas, los
arqueólogos temen toparse con la usucapión, cuando la propiedad prescribe con
el paso del tiempo. Un vistazo por Internet da una idea de la dispersión de los
objetos. Aun así, asegura que la mayoría de las piezas de Castiltierra descansa
en el Arqueológico y no en el extranjero. El experto cree que en Castiltierra
“merecería la pena hacer sondeos” para saber qué queda enterrado. “El interés
científico es evidente, pero son las instituciones las que tienen que valorar
si se muestra al público, porque eso requiere mantenimiento, seguridad…”.
Aurelia de la Iglesia y la legión de
parientes de los pueblos de la zona viven ajenos a los vaivenes legales. “Mire,
aquí todos vivíamos pobremente. Cuando vinieron los arqueólogos se presentó una
gran oportunidad. Los del pueblo sembraban por la noche y durante el día iban a
cavar las tumbas”. Aquello forma parte de un pasado remoto. Su presente es
otro. El domingo acudirán en procesión a la ermita de Castiltierra, a venerar
al cristo del Corporario, edificada sobre los terrenos que Himmler nunca llegó
a pisar.