Teresa Porzecanski: «El ensayo es una forma de ficción»

17/Ago/2016

El País, Por Carlos Reyes

Teresa Porzecanski: «El ensayo es una forma de ficción»

Una novela con bibliografía, dato que habla
del trabajo meticuloso de Teresa Porzecanski, quien en cuatro décadas ha publicado
numerosos libros de ficción y ensayo. Sobre eso y más, la escritora habló con
El País.
—¿Cómo nació este libro?
—La primera edición es de 2011, y había
estado dos o tres años escribiéndolo. Es lo que me lleva un libro, a veces
cuatro años. Es una novela, con una dimensión filosófica, histórica. Yo incluí
una bibliografía, porque está apoyada en historias que ocurrieron hace mucho
tiempo. Hay personajes que existieron: es qué hace uno con toda esa
información, más la experiencia, más la interpretación. Uno teje este tipo de
novela metafórica.
—¿La frontera entre el ensayo y la ficción,
en tu caso, es muy permeable?
—El ensayo también es ficción, una forma de
ficción. No creo que haya un tipo de descripción de la realidad que sea
transparente. Hay una opacidad siempre entre la representación y lo real. Más
aún: hay una brecha entre lo real y su posibilidad de representación. Si pensás
en el Desembarco de Normandía, en las películas que se hicieron, en las
novelas: ¿y cuál es la verdad? Son todas juntas, más otras que todavía no se
escribieron.
—Tú fuiste cambiando de carreras, ¿cómo
interpretás esos cambios, qué sentido tuvieron?
—Sí, pasé del trabajo social, un mundo
donde la compasión y una base científica te invitaban a hacer cosas buenas por
el prójimo, a la antropología y las ciencias sociales, donde lo que querés es
entender ciertos núcleos que no tienen sentido de las relaciones humanas. Y de
ahí a la filosofía y la hermenéutica, para entender el último núcleo final de
lo humano, si es que existiera. Es una carrera que fue de lo muy particular a
los más universal.
—¿Qué lugar ocupa el judaísmo en tu obra y
en tu vida?
—En mi generación, según la describió Ángel
Rama, señala una preocupación por la identidad, no sólo colectiva, sino de un
yo, ese yo que escribe. En el yo que escribe hay una indistinción, es un yo
incierto. El judaísmo, sin embargo, está en las raíces de esa construcción de
un yo. Uno no nace con un yo. Uno lo va construyendo. Y lo que me interesa del
judaísmo es más que nada la parte moral, ética, la definición del bien y del
mal como conceptos absolutos, que deben ser de alguna manera puestos en
relación con lo real. No soy una persona ritualista, pero sí soy una persona
judía. Y en todos estos años en Uruguay he vivido algunas situaciones
personales de antisemitismo: en la escuela pública, en el liceo, en otros
ámbitos. Hay como una incomprensión de por qué alguien sigue siendo judío,
después de miles de años de sufrimiento. A mí no solo no me molesta: yo amo esa
condición.
—¿Cómo ves la comunidad judía en Uruguay?
—Muy pequeña, se ha ido achicando. No
solamente porque el crecimiento vegetativo es más bajo todavía que el de la
población en general, sino porque también (siguiendo las líneas migratorias de
la sociedad nacional) se ha ido gente joven a todos lados: España, Estados
Unidos, por supuesto también Israel. Es una comunidad pequeña envejecida, que
ha perdido la fuerza de aquellos inmigrantes, que llegaron para rehacer la vida
desde cero; que llega pensando que aquí va a solucionar el problema de la
discriminación, que va a ser aceptado. Esa fuerza se ha perdido, pero tengo la
confianza en que los jóvenes siempre renuevan las tradiciones. En todos los
sistemas religiosos.