¿Y el espíritu olímpico?

09/Ago/2016

Por Lic. Rafael Winter (Rufo)

¿Y el espíritu olímpico?

La pregunta del título es retórica e
ingenua.
Digámoslo claramente: cuando se trata de
Israel, hay deportistas árabes que se olvidan o más bien rechazan el espíritu
olímpico que debería, debe, ser de hermandad (por más que dicha hermandad ya
fue, en buena medida, aniquilada en los Juegos Olímpicos de Munich de 1972).
El reciente episodio en el cual integrantes
de la delegación libanesa se negaron a compartir el mismo ómnibus con sus pares
israelíes, al extremo de impedirles subir al mismo, es lamentable, vergonzoso y
excede lo deportivo.
Nuevamente política en las Olimpíadas. Hay
antecedentes. No es la primera vez ni será la última. Quizás en estos mismos
juegos, esperemos que no, deportistas de países árabes eviten competir contra
los israelíes si es que les toca.
¿Qué “argumentaron” integrantes de la
delegación libanesa en relación al incidente?
Que “no compartimos espacio con los
israelíes”, que “es nuestra forma de resistencia”. Que “cada país tenía
asignado su bus y por lo tanto Israel también” y etc…etc…etc. En cuanto a
esto último, si el mismo ómnibus hubieran tenido que compartirlo los libaneses
con la delegación de Luxemburgo, por así decir, dicho “argumento” falaz
desaparecía.
Todo esto, más allá de la falta de
previsión de los organizadores al reunir en un mismo medio de transporte a libaneses
e israelíes, se podría haber evitado.
Es probable que el Comité Olímpico
Internacional advierta o sancione a la delegación libanesa, también para
prevenir que estas situaciones se repitan.
De todos modos, este no es el quid de la
cuestión. El quid de la cuestión, pasando a algo más amplio y general, no pasa
a mi juicio ni por los errores del gobierno de Israel, que los tiene; ni por la
ocupación, que sin duda existe, aunque no es causa sino consecuencia.
El meollo de la situación pasa por esta triste
comprobación: el no reconocimiento de Israel, la no aceptación del derecho de
Israel a existir en la región como estado soberano.
El problema no son solamente los grupos
terroristas que no dejan en paz a Israel (y al mundo en general). El problema lo
constituyen también los así llamados “moderados” como, pienso, lo son estos
deportistas libaneses: no quieren la coexistencia con Israel. El tema va más
allá de territorios, asentamientos, derecho al retorno o fronteras.
Si para muestra falta un botón, el
incidente al que hacemos referencia es el botón de la muestra.
Así fueron educados. Así se lo trasmiten a
sus hijos. Ni que hablar de la falta de realismo y pragmatismo. Israel está
allí, es una realidad tangible. La paz debería ser buena también para los
libaneses.
Por supuesto que todo esto no exime a
Israel de hacer el máximo posible para llegar a la tan ansiada y lejana paz.
No me extrañaría que estos deportistas
libaneses sean considerados “héroes” en Líbano y otros países.
No me extrañaría que le busquen pretextos a
su anti-deportividad, que no la reconozcan y carguen las culpas sobre Israel.
No me extraña nada…
Por suerte, simultáneamente -si es que no
ocurrió algún cambio de último momento- en el contexto de estos Juegos
Olímpicos, niños árabes y judíos de Jerusalem ingresaron a la cancha para dar
un ejemplo de coexistencia a través del fútbol. Es la iniciativa de la CBF
(Confederación Brasileña de Fútbol), apoyada por organizaciones de las
comunidades árabe y judía de Brasil. Me estoy refiriendo al proyecto “Gol por
la Paz”.
En cambio, lo que protagonizó la delegación
libanesa fue un gol en contra…

Lic. Rafael Winter (Rufo)