La comida “kosher”, que cumple los
preceptos judíos de alimentación, vive un boom en el mundo con el florecimiento
de cientos de estos restaurantes en los últimos años, producto de un creciente
turismo de los colectivos judíos más observantes.
En total se calcula que, fuera de Israel,
hay actualmente más de 4.000 restaurantes que cumplen con las estrictas normas
de la alimentación judía, desde Guayaquil a Hong Kong, pasando por Tokio o la
mismísima Alaska, entre distintos destinos en más de 35 países.
El fenómeno, según expertos del gremio, se
debe por un lado a una mayor religiosidad en las comunidades judías de la
diáspora y, también, a que son cada vez más los observantes que viajan tanto
por motivos de ocio como de trabajo y que su poder adquisitivo, sobre todo en
Israel, ha crecido considerablemente.
Es una tendencia fácilmente apreciable por
internet en el número de agencias del llamado “turismo religioso” o “vacaciones
kosher”, y en las aplicaciones para esta comunidad, entre ellas el “Kosher near
me”, “Get kosher”, “Koshwehere”, “Yeahs that’s kosher”.
El número exacto de estos restaurantes es
difícil de saber, puesto que muchos abren y cierran en cortos períodos o
trabajan únicamente en los períodos estivales.
Un restaurante kosher es el que respeta la
reglas judías de manipulación, supervisión y cocinado de los alimentos, que
prohíben, por ejemplo, el consumo de animales que no rumien y tengan la pezuña
partida -como el cerdo- y que no hayan sido sacrificados por un “shojet”
(matarife judío) cualificado.
Todo el proceso, hasta el consumo, debe
estar supervisado además por un “mashguíaj” (vigilante) autorizado por alguno
de los Rabinatos reconocidos en el mundo.
“Es una comodidad increíble, ahora puedes
planificar el viaje sabiendo de antemano si te tienes que llevar comida o no”,
dice Alona Tzadok, de Jerusalén.
En sus viajes, los judíos observantes
solían llevarse hasta ahora en la maleta carnes, quesos y hasta panes, o una
lista específica de productos en el mercado de destino “tolerados” por no
contener nada particularmente prohibido o porque cuentan con un mínimo
seguimiento rabínico.
“Hace diez años era difícil encontrar estos
restaurantes fuera de EEUU o algunos países de Europa como Inglaterra o Francia
(los dos países con más judíos de ese continente)”, explica el marido de Alona,
Shmuel, “pero hoy hay hoteles enteros kosher en Europa del Este e incluso en la
Costa del Sol (sur de España)”.
Según la aplicación “Kosher near me”, Nueva
York es la ciudad con más restaurantes kosher, unos 800 de los 2.593 que hay en
EEUU, seguida de Francia con 334, casi la mitad de los 700 registrados en suelo
europeo.
Pero la lista está lejos de ser completa y
por ello la aplicación invita a los usuarios a registrar cualquier
establecimiento de estas características que conozcan.
La concentración de estos restaurantes
depende directamente de dos factores: la presencia de una numerosa comunidad
judía en el lugar y el hecho de que se trate de un destino turístico
preferencial para judíos, por ejemplo, Tailandia.
También los hay en alejados poblados de
Europa del Este en los que existen tumbas de grandes rabinos o veneradas
sinagogas, y que son frecuentados por judíos ultraortodoxos de todo el mundo.
Alternativa a los restaurantes kosher son
los servicios de comida que presta en cientos de lugares del mundo la
organización ortodoxa Jabad, cuyos activistas motorizados están dispuestos a
llevarle la comida al turista judío hasta su hotel en bandejas de aluminio y
cajas de plásticos. Eso sí, a precio de un restaurante con estrella Michelín.
“Hoy cualquier ‘datí’ (observante,
religioso) puede viajar a muchos sitios sin comer todo el día bocadillos de
atún con una ensalada, y hasta disfrutar de experiencias gastronómicas típicas
del lugar que visita”, señala Renaná Horowitz, de una agencia turística
especializada en este colectivo.
“De esta forma -subraya- ahora puede ir a
Hungría y disfrutar de un verdadero gulash kosher, a España y comerse una buena
tortilla española, o a Argentina y zamparse un buen bife”.
Eso sí, destaca, ningún plato combinará
productos lácteos con carne, por lo que: “De la rica gastronomía francesa y
europea tendrá únicamente lo que se adapte a las reglas de kasherut, que no es
poco”.
Además pagará por él bastante más que en un
restaurante normal por los altos costes que arrastra el mantenimiento y los
productos de este tipo de alimentación, que generan en todo el mundo un mercado
de 13.000 millones de dólares anuales, según distintas estimaciones.
La gastronomía kosher, en auge por todo el mundo
05/Ago/2016
El Día, España