Judío, montevideano, universal

21/Mar/2011

El Observador, Fernando Loustaunau

Judío, montevideano, universal

20-3-2011
LIBRO Y EXPOSICIÓN En el museo Gurvich se presentó un libro sobre el artista que repasa su obra a través de una muestra
POR FERNANDO LOUSTAUNAU
La obra de Gurvich (1927-1974) no parece tener detractores posibles en Uruguay. Tampoco fuera de él, donde estaba adquiriendo justo reconocimiento cuando murió de modo inesperado.
Volver a Gurvich parece tarea lógica, dado que es un artista que se puede leer desde distintas claves. Su obra es rica en elementos e incita a pensar y a imaginar sus inagotables fuentes. Montevideo dispone de un excelente museo que perpetúa la memoria del artista, pero que también, como debe ser, propicia nuevos cruzamientos en la interpretación de la obra. Por ello, se presenta una muestra junto con un libro de inusuales proporciones de la crítica Alicia Haber.
Viaje por el tiempo judío se llama el texto con datos biográficos, documentos e innumerables fotos de obras fundamentales, donde se relata el periplo vital del artista. Y en el que la autora hasta resuelve hurgar en fuentes bíblicas y talmúdicas en su obra.
Como es sabido, Zusmanas Gurvicius, verdadero nombre de Gurvich, nació en un pueblo de Lituania en 1927. Con 4 años, su familia llega a Montevideo y lo inscribe en la escuela pública Chile como José Gurvich. Involuntariamente se estaba generando un apellido «uruguayo». El ser transferido de lugares tan lejanos a esa edad marcó a ese niño, pero de un modo no necesariamente traumático.
En aquellos años el país era un país de inmigrantes. La presencia extranjera se percibía en cada lugar de Montevideo y las ciudades del interior. Se relata que tomar un ómnibus y oír hablar en idiomas «desconocidos» era la norma (algo que no era tan notorio aún en la mayoría de las megalópolis del hemisferio Norte). En Montevideo había barrios judíos, como el Reus, orgulloso, con sus viviendas colectivas con techos a la Mansard y vida comercial intensa y autónoma.
Judíos había en muchos lados, pero una verdadera particularidad nacional fue la ausencia de verdaderos ghettos. Ello determinó que Gurvich, si bien judío, si bien nacido en Lituania, pasó a ser un joven montevideano como muchos, como todos, se podría decir.
Es conocido el vínculo de Gurvich con el Taller Torres García, tanto como su de alguna forma independencia posterior. Ese proceso tiene que ver con la maduración del artista, con la circulación por distintos lugares y por el retorno a su propio judaísmo.
Haber no se queda en «más información» sobre esos hechos ya conocidos, no se queda en la elaboración de una nueva retórica, no se entretiene con palabras que de algún modo operen de traductoras de una obra que es a todas luces impresionante. Se vale de testimonios muy accesibles, porque están ahí, siempre disponibles. Pero que terminan siendo fundamentales, terminan ilustrando la intimidad del artista, aquello que realmente se piensa, más allá de un decir social.
Así, por ejemplo, con grandes letras aparecen frases de Totó (Julia Añorga), compañera del artista. Ella recuerda el pensamiento de Gurvich, con palabras como: «Israel es la tierra de los antepasados, allí se trabaja y se construye para el futuro y yo me siento parte». Otra frase recuerda la temprana laicidad del país: «Para mí no hay como el Uruguay; vine de un país que discriminaba a uno que no discriminaba y se lo tengo que reconocer».
El libro de más de 600 páginas es una nueva muestra de Gurvich, una nueva manera de acercarse a este artista genial, ver su obra, deslumbrarse con la diversidad de íconos y la excelente factura.