Resistir al odio

29/Jul/2016

Deutsche Welle, Por Christoph Strack

Resistir al odio

El mundo
está horrorizado con este nuevo hecho barbárico. El sangriento asesinato de un
sacerdote, mientras oficiaba la misa, es un crimen que escarnece las más
antiguas convenciones de la humanidad: los lugares sagrados –en la antigüedad
templos, después sinagogas e iglesias– tienen que ser eso mismo, sagrados,
donde la protección y la seguridad estén garantizadas para todos.
Es un
acto barbárico que vuelve a golpear el ya lesionado espíritu de Francia. Este
país, aunque laicista, está fuertemente marcado por la religión: el hijo mayor
de la antigua Roma. Uno conoce esos pueblos en Normandía, Borgoña y Vandea. Son
pueblos de campo, con una iglesia grande, con poco movimiento. Solo de tanto en
tanto un sacerdote, ya mayor, celebra un misa sencilla y muy digna. Porque esa
es su vida.
Rezar en
contra del terror y la violencia
Jacques
Hamel, de casi de 86 años y con 58 en el oficio, era sacerdote en la población
de Saint-Étienne-du-Rouvray. Aún diez años después de su retiro, se paraba
frente al altar a oficiar la misa. Hamel era apreciado en su parroquia por ser
sensible, sencillo y amigable. Así, modesto y humilde como cualquier otro cura
rural en Francia.
Dos
sicarios del terror irrumpieron en la iglesia donde estaba el sacerdote y lo
pusieron de rodillas, y mientras Hamel aún buscaba defenderse, le cortaron la
garganta; ahí en la iglesia, frente al altar. El término “mártir” está siendo
tergiversado por islamistas: ahora, al parecer, asesinar les otorga el estatus
de “mártires”. Estas personas no son más que criminales, no tienen ningún respeto
por la dignidad humana.
Por el
contrario, es el padre Jacques Hamel quien es el mártir, en el sentido propio
de la palabra: inocente, fue asesinado orando, ejerciendo su fe.
El
arzobispo de Ruan, Dominique Lebrun, se enteró en Cracovia, durante la Jornada
Mundial de la Juventud, de la muerte de su sacerdote. Quedó conmovido,
desconcertado. Aún así, pronunció esta frase: “La Iglesia católica no conoce
otra arma más que la oración y la fraternidad”.
El odio
y sus instigadores
Ante
todo debe regir la firme resolución de no vengarse pagando con la misma moneda.
El presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, el cardenal Reinhard Marx,
se expresó al respecto: lo sucedido en Saint-Étienne-du-Rouvray sembrará más
odio y discordia en la sociedad. “Nosotros resistiremos”. Hay que hacer todo lo
posible para que este hecho sangriento no desate más violencia de la que ya
hay.
Ahora,
queda abierta la pregunta del por qué de la ceguera de los perpetradores, que
se unen a la locura de un sistema, como el del llamado “Estado Islámico”, que
celebra la muerte. Musulmanes en Alemania, como Aiman Mazyek, condenan la
muerte del padre Hamel, así como los diferentes ataques de los últimos días.
Ellos apoyan el diálogo y la unidad entre las diferentes religiones, pero les
embarga la impotencia.
Una
reacción desde Riad sería en este punto igual tardía. ¿Cuándo acaso se ha
dejado el wahabismo saudí conmocionar por actos terroristas? ¿Cuándo vendrán
los claros mensajes de condena por parte de las mezquitas y escuelas,
financiadas alrededor del mundo por Arabia Saudí, contra quienes se
autoproclaman guerreros de la doctrina pura del islam? El odio y la barbarie
tienen demasiados instigadores. Y hay demasiados que no hacen nada contra este
horror.