Traducido para porisrael.org por José
Blumenfeld
Hoy en día un nuevo Telón de Acero ha sido
erigido por el Islam contra el resto del mundo, y los nuevos héroes son los
disidentes, los apóstatas, los rebeldes, los no creyentes y los herejes.
Este ejército de disidentes musulmanes, de
rápido crecimiento, es el mejor movimiento de liberación para millones de
musulmanes que aspiran a practicar su religión pacíficamente sin someterse a
los dictados de fundamentalistas y fanáticos.
Están solos contra todos. Contra el islamismo
que utiliza Kalashnikovs y contra un terrorismo intelectual que los somete a la
intimidación de los medios de comunicación. Vistos como “traidores” por sus
comunidades, son acusados por las élites de Occidente de “estigmatizar”.
Debemos apoyarlos – a todos ellos. Algunos de
los más valientes defensores de la libertad provienen de regímenes islámicos.
Europa debe dar apoyo financiero, moral y político a estos amigos de la
civilización occidental, mientras que nuestra deshonrada intelectualidad se
dedica a calumniarlos.
El Islam, advirtió el exitoso novelista
argelino Boualem Sansal, dividirá a la sociedad europea. En una entrevista con
medios de comunicación alemanes, este valiente escritor árabe pintó una visión
de Europa subyugada por el Islam radical. De acuerdo con Sansal, los ataques
terroristas en París y Bruselas estuvieron dirigidos contra la forma de vida
occidental: “Ni siquiera pueden derrotar a los débiles estados árabes, así que
han introducido quinta columnas en Occidente para que se autodestruya. Si
tienen éxito la sociedad caerá”.
El Sr. Sansal, que ha sido amenazado de
muerte, pertenece a un ejército, de rápido crecimiento, de disidentes
musulmanes. Son el mejor movimiento de liberación para millones de musulmanes
que aspiran a practicar su religión pacíficamente, sin someterse a los dictados
de fundamentalistas y fanáticos. Estos disidentes musulmanes persiguen la
libertad de conciencia, la convivencia interreligiosa, el pluralismo en el
ámbito público, la crítica del Islam, y el respeto al estado de derecho. Para
el mundo islámico, su mensaje podría ser devastador. Es por eso que los islamistas
los persiguen.
Son siempre individuos, tales como Lech
Walesa, los que hacen la diferencia. La Unión Soviética fue derrotada por sólo
tres seres: Ronald Reagan, el Papa Juan Pablo II – y los disidentes. Cuando el
Profesor Robert Havemann murió en Alemania Oriental, pocas personas lo notaron.
Este intrépido crítico del régimen fue confinado bajo arresto domiciliario en
Grünheide, vigilado por la Stasi. Pero el viejo profesor nunca se dejó
intimidar. Continuó luchando por sus ideas.
Un héroe del anticomunismo checoslovaco, Jan
Patočka, murió durante un agotador interrogatorio policial. Patočka pagó el
precio más alto del silenciamiento. Sus brillantes conferencias se redujeron a
un seminario clandestino. Aunque no podía publicar, continuó trabajando en un
pequeño apartamento clandestino.
Cazado por la KGB, Alexander Solzhenitsyn dejó
escritos los capítulos de su Archipiélago Gulag y los ocultó con diferentes
amigos de confianza, para que nadie poseyera todo el manuscrito. En 1973
existían sólo tres copias. Cuando la policía política soviética logró obligar a
que le revelara uno de los escondites, la mecanógrafa Elizaveta Voronyanskya,
pensando que la obra maestra estaba perdida para siempre, se ahorcó.
Hoy en día un nuevo Telón de Acero ha sido
erigido por el Islam contra el resto del mundo, y los nuevos héroes son los
disidentes, los apóstatas, los heréticos, los rebeldes y los no creyentes. No
es casualidad que la primera víctima de una fatwa fuera Salman Rushdie, un
escritor indio-británico de una familia musulmana.
Pascal Bruckner los llamó “los librepensadores
del mundo musulmán”. Debemos apoyarlos – a todos ellos. Porque si los enemigos
de la libertad provienen de sociedades libres, esos que se arrodillan ante los
sicarios de Allah, algunos de los más valientes defensores de la libertad
provienen de los regímenes islámicos. Europa debe dar apoyo financiero, moral y
político a estos amigos de la civilización occidental, mientras que nuestra
deshonrada intelectualidad se dedica a calumniarlos.
Uno de ellos, un escritor argelino, Kamel
Daoud, que llamó a Arabia Saudita “una Isis que la había hecho”, recientemente
provocó una ristra de “islamofobia” por haber dirigido su ira contra los
ingenuos, que él dice ignoran el abismo cultural que separa al mundo árabe
musulmán de Europa.
Otro, un exiliado iraní, ahora en Holanda, el
jurista Afshin Ellian, trabaja en la Universidad de Utrecht donde, después del
asesinato de Theo Van Gogh, está protegido por guardaespaldas. Después de la
matanza de Charlie Hebdo, mientras los medios de comunicación de Europa estaban
ocupados en culpar a los “estúpidos” caricaturistas, Ellian promovió un
llamamiento: “No permitan que los terroristas determinen los límites de la
libertad de expresión”.
Otra valiente disidente y escritora, Ayaan
Hirsi Ali, tuvo que huir de Holanda a EE.UU., donde se convirtió rápidamente en
uno de los intelectuales públicos más prominentes.
El alcalde marroquí de Rotterdam, Ahmed
Aboutaleb, también es custodiado por la policía. Recientemente les dijo a sus
correligionarios musulmanes que protestaban contra las libertades que tienen
mientras viven en Occidente que “hagan las maletas y váyanse al c…”. Un heroico
defensor cristiano de estas libertades en Holanda, Geert Wilders, ahora está
siendo juzgado acusado de “discriminación”. “Estoy en la cárcel”, ha dicho, en
referencia a sus casas de seguridad, “y ellos caminan libres”.
Muchos de estos disidentes son mujeres.
Shukria Barakzai, una política y periodista afgana, les declaró la guerra a los
fundamentalistas islámicos después de que la policía religiosa de los talibanes
la golpeó por atreverse a caminar sin un acompañante masculino. Un atacante
suicida se inmoló cerca de su auto, matando a tres personas. Kadra Yusuf, un
periodista somalí, se infiltró en mezquitas de Oslo para denunciar a los
imanes, especialmente en relación con la mutilación genital femenina, que ni
siquiera es requerida en el Corán o el Hadiz (informes sobre Mahoma). En
Pakistán, Sherry Rehman llamó a “una reforma de las leyes pakistaníes de
blasfemia”. Ella arriesga su vida todos los días. Está marcada “apta para ser
matada” por los islamistas por ser una mujer, una musulmana y una activista
secular. El escritor y psiquiatra sirio-estadounidense Wafa Sultan, también fue
marcado como “infiel” merecedor de la muerte.
Le Figaro publicó recientemente un extenso
informe sobre las personalidades francesas musulmanas amenazadas de
“ejecución”. “Puestos bajo protección policial permanente, considerados como
traidores por fundamentalistas musulmanes, viven en un infierno. A los ojos de
los islamistas, su libertad es un acto de traición a la umma [comunidad]”. Son
escritores y periodistas de cultura árabe-musulmana que denuncian la amenaza
islamista y la violencia inherente del Corán. Están solos contra el islamismo,
que utiliza el terrorismo físico de Kalashnikovs, y contra el terrorismo
intelectual que los somete a la intimidación de los medios de comunicación.
Vistos como “traidores” por sus comunidades, son acusados por las élites de
Occidente de “estigmatizar”.
El periodista francés Zineb El Rhazoui tiene
más guardaespaldas que muchos ministros en el gobierno de Manuel Valls y, por
seguridad, en los últimos meses tuvo que cambiar frecuentemente de casas en
París. Para este joven investigador, nacido en Casablanca y que trabaja en el
semanario francés Charlie Hebdo, caminar por la calle en París se ha convertido
en impensable. Una fatwa publicada después del 7 de enero de 2015 dice: “Maten
a Zineb El Rhazoui para vengar al Profeta”.
Las amenazas contra otra disidente, Nadia
Remadna, no provienen de Raqqa, Siria, sino de su propia ciudad: Sevran, en
Seine-Saint-Denis. Reflejan la creciente influencia de los islamistas en los
territorios perdidos de la República Francesa. ¿De qué “crimen” fue encontrada
culpable? Ella creó la “Brigada de Madres” para combatir la influencia
islamista en los jóvenes musulmanes.
Una profesora de filosofía, Sofiane Zitouni,
también ha dejado su trabajo en una escuela francesa musulmana por “insidioso
islamismo”.
El periodista, ensayista y escritor
franco-argelino de varias investigaciones en círculos islamistas, Mohamed
Sifaoui, es víctima de una doble amenaza. Es objetivo prioritario tanto para
fundamentalistas como para grandes inquisidores “tolerantes”. Condenado a dos
años de prisión por el régimen argelino por “delitos de prensa”, y después
acosado por islamistas, Sifaoui pidió asilo en Francia en 1999 y nunca más ha
puesto un pie en Argelia. Desde entonces, Sifaoui ha visto su foto y su nombre
al lado de las palabras “le mourtad”, el apóstata, en portales islamistas, lo
que significa que está predestinado a la muerte. La protección de la policía
francesa en torno a él es total desde 2006, cuando defendió la libertad de
expresión para la revista satírica francesa Charlie Hebdo.
Unos quince testigos declararon a favor de la
revista, Charlie Hebdo. Entre ellos se encontraba el malogrado ensayista
tunecino musulmán, Abdelwahab Meddeb, que tuvo el valor para desafiar a todo el
establishment musulmán francés que trató de frenar a Charlie Hebdo. Meddeb
quería mostrar que “esto no se trata de alguien contra el Islam, sino del Islam
iluminado contra el Islam oscurantista”.
También en Francia, Hassen Chalghoumi, el
valiente imán de Drancy, predica con un chaleco antibalas. Cuando sale a la
calle, es acompañado por cinco policías con armas semiautomáticas. Esto no
ocurre fuera de la Zona Verde de Bagdad; esto ocurre en el corazón de París.
Chalghoumi respaldó la prohibición de la burka; realizó una visita sin
precedentes al Memorial del Holocausto de Jerusalén; rindió homenaje a las
víctimas de Charlie Hebdo y favoreció un diálogo con los judíos franceses.
Naser Khader, un liberal musulmán con nacionalidad
danesa, que pidió “una reforma musulmana”, y escribió “Honor y Vergüenza”, está
amenazado de muerte por grupos islámicos.
En Italia, un escritor de origen egipcio,
Magdi Cristiano Allam, está protegido por guardaespaldas por haber criticado al
Islam político. Como subeditor del principal diario de Italia, Corriere della
Sera, el Sr. Allam publicó un libro cuyo sólo título fue suficiente para poner
en peligro su vida: “Viva Israele”.
Ibn Warraq vive protegido detrás de un
seudónimo desde que escribió un libro seminal, “Por Qué No Soy Musulmán”.
El blogger palestino Walid Husayin también es
una rareza. Encarcelado por “satirizar el Corán”, publicó recientemente un
libro en Francia sobre su experiencia en los territorios palestinos, donde su
“ateísmo” casi le cuesta la vida.
En Túnez hay un puñado de cineastas e
intelectuales que luchan por la libertad de expresión, especialmente después de
que un líder de la oposición laica, Chokri Belaid, fue asesinado. También Nadia
El Fani, directora de “Ni Allah ni maître” [“Ni Allah ni Amo”], y Nabil Karoui,
el gerente de Nessma TV, están amenazados de muerte y son llevados a los
tribunales para responder a cargos de “blasfemia”. Si la “primavera árabe” de
Túnez no se convirtió en un invierno islamista, como en otras partes, es
mayormente gracias a estos disidentes.
Esos héroes saben qué les sucedió a sus
predecesores en “la guerra contra los intelectuales árabes”. Escritores como
Tahar Djaout fueron asesinados, en 1993, por los islamistas en Argelia, al
igual que el periodista Farag Foda, famoso por sus agudas sátiras sobre el
fundamentalismo islámico. Antes de su asesinato, Foda había sido acusado de
“blasfemia” por la gran mezquita de al-Azhar. Una decena de blogueros de
Bangladesh también han sido asesinados a sangre fría por islamistas por el
“delito” de “secularismo”.
El año pasado, el Presidente de Egipto, Abdel
Fattah al-Sisi, llamó a reformar el Islam y la forma en que se lo enseña, como
lo hizo el importante clérigo sunita del Islam, Sheikh Ahmed al Tayeb,
presidente de la Universidad Al-Azhar de El Cairo, el centro del Islam sunita.
Y lo dijo en La Meca, ni más ni menos. Los conservadores de Egipto, sin
embargo, hicieron todo lo posible para acallarlo – al menos por el momento.
Hay, sin embargo, cada vez más disidentes
expresándose exitosamente y liderando valientes y visionarios movimientos. En
EE.UU., M. Zuhdi Jasser, autor de “Una Batalla por el Alma del Islam”, que
ejerce como médico, fundó el Foro Estadounidense Islámico para la Democracia.
El año pasado, más de dos decenas de personalidades musulmanas promovieron un
llamamiento “para abrazar una interpretación plural del Islam, rechazando todas
las formas de opresión y abusos cometidos en nombre de la religión”.
En Canadá, Raheel y Sohail Raza fundaron
“Musulmanes Enfrentando el Mañana”, y está el franco Profesor Asociado de
Ciencia Política de la Universidad de Ontario Occidental, Salim Mansur.
En el R.U., Maajid Nawaz dirige la influyente
Fundación Quilliam, y Shiraz Maher, que desertó de la organización islamista
Hizb ut-Tahrir, ahora sirve como Miembro Superior del Centro Internacional para
el Estudio de la Radicalización en el Kings College de Londres.
Estos son sólo algunos de los héroes de hoy.
Hubo que dejar algunos afuera; había demasiados para enumerar.
La orgullosa y dolorosa resistencia de estos
“rebeldes de Allah” es uno de los más bellos testimonios de nuestro tiempo.
Estos “rebeldes de Allah” son también la única esperanza real de reforma para
el mundo islámico – y de la preservación de la libertad para todos nosotros.
Giulio Meotti, Editor
Cultural de Il Foglio, es un periodista y escritor italiano.
Los aliados más importantes de Occidente: los disidentes del Islam
15/Jun/2016
PorIsrael, por: Giulio Meotti