El 26 de mayo festejamos el “Día del Libro” en nuestro país. Muchos eventos jalonan esta fecha tan importante de la cultura nacional. Pero además, este año es especial: se cumplen 200 años de la Biblioteca Nacional, aniversario muy importante en lo que tiene que ver con la cultura del Uruguay a lo que nos adherimos todos. Y los eventos seguramente se desarrollarán durante varios meses.
Así es: los orígenes de nuestra querida Biblioteca Nacional datan de la época de José Gervasio Artigas y Dámaso Antonio Larrañaga, en su tiempo factor decisivo en lo que a la cultura nacional se refiere.
Pasaron 200 años…
Para nosotros como judíos – no solamente para los judíos – cuando se habla del libro no podemos dejar de lado el más influyente de todos ellos: el Tanaj. La Biblia hebrea.
Es por él que el pueblo judío ha sido denominado “el pueblo del libro”.
Más que un libro, un conjunto de libros. Escrito a lo largo de varias generaciones. Obviamente por distintos inspirados autores. Algunos de cuyos nombres nunca se sabrá.
Pero esto no es lo esencial.
La Biblia hebrea es la principal creación del espíritu judío a través de los tiempos.
Ha “acompañado” al pueblo de Israel – y lo seguirá acompañando – a lo largo de toda su azarosa existencia. Esta gran obra es, probablemente, la que también más ha influido en la civilización occidental.
Relatos históricos. Preguntas existenciales. Valores, muchos valores. Literatura. Poesía. Filosofía. Pensamiento. Sabiduría. Los Diez Mandamientos. Profetas y sus mensajes.
Todo eso es la Biblia hebrea. Y más.
¿Obra de inspiración divina o “simplemente” humana?
Cada uno la interpreta de acuerdo a su leal saber y entender. La tradición la considera de inspiración divina. De todos modos, si fuera “solamente” humana, eso no desmerece su valor sino que, por el contrario, lo enaltece.
Hay quienes interpretan la Biblia a través de la fe. Está bien. Y hay quienes lo hacen, hasta donde les es posible, a través de la razón. También está bien. Claro que fe y razón se pueden combinar. El Rambam, Maimónides, es un ejemplo.
Los temas, las preguntas que plantea la Biblia ya a partir de la Creación del mundo, son interrogantes, preguntas existenciales para todos los tiempos.
Nos “obliga” a pensar. Nos obliga a reflexionar.
Como muchos de los temas tratados no son una “ciencia exacta”, cada uno es libre, reiteramos, de entenderlo a su manera y sacar sus propias conclusiones.
Pero sobre todo no debemos “imponerle” a nadie nuestra interpretación.
Por cierto que la dificultad de comprender algunos fragmentos, nos sugiere recurrir a comentarios de personas muy sabias para que se nos aclare, o mejor entender lo que allí está escrito.
Hay quienes se han referido a la Biblia como la “patria portátil” del pueblo de Israel.
Un caso singular, el de un pueblo acompañado en su largo periplo – en todo tiempo y espacio – por este eterno libro.
A partir del pueblo judío, a través del mismo, la Biblia ha pasado a ser patrimonio de toda la humanidad.
Seguramente la lectura de la Biblia le trae a cada generación nuevas interrogantes además de los ya existentes. Y también es cierto, que cada generación puede – y debe – leer la Biblia con sus propios ojos y teniendo en cuenta sus propias circunstancias. Su tiempo.
Es bueno que el texto bíblico sea, de alguna forma, siempre “reactualizado”.
Pero también es bueno saber que el/los mensajes bíblicos son para todas las épocas.
Por eso es – entre otras razones – el libro de los libros.
Finalmente y más allá de lo mucho que significa la Biblia, en la era de la tecnología…no hay sustituto para el libro (expresado ahora en el sentido general del término libro).
Libros y Bibliotecas siempre serán imprescindibles. Siempre.
En este sentido nuevamente saludamos, en su bicentenario, a la Biblioteca Nacional por el invalorable aporte que ha hecho- y seguirá haciendo-en pro de la cultura de nuestro país.
Lic. Rafael Winter (Rufo)
Con motivo del Día del Libro y de cumplirse el Bicentenario de la Biblioteca Nacional
26/May/2016
Lic. Rafael Winter (Rufo), para CCIU