Sigmund Freud, el hombre que dio significado a nuestros sueños

06/May/2016

El País, España, Por David Bernal

Sigmund Freud, el hombre que dio significado a nuestros sueños

Las personas somos como un iceberg del que
solo se ve la punta. Todo lo que hay bajo el agua es nuestro subconsciente, un
montón de deseos y traumas que reprimimos pero que son los que dan forma a
nuestros sueños. El hombre que vislumbró esta teoría tan comúnmente aceptada
fue Sigmund Freud, el llamado padre del psicoanálisis, un neurólogo que nació
un día como hoy hace 160 años y cambió nuestra forma de pensar con conceptos
como narcisismo, pulsión de muerte o complejo de Edipo. Fue una de las figuras
más controvertidas e influyentes del siglo XX.
Sigmund Freud nació en 1856 en una ciudad
de la República Checa en el seno de una familia judía con grandes dificultades
económicas, lo que no impidió que ingresara en la Universidad de Viena, ciudad
donde llegó a los tres años y pasó la mayor parte de su vida. Tras graduarse
como médico en 1881 se centró en la investigación de las propiedades
anestésicas de la cocaína, lo que provocó su primera polémica, ya que según se
desprende de algunas correspondencias provocó la adicción de un amigo al que
quería curar (e incluso la suya propia).
Tras casarse con Martha Bernays, el amor de
su vida, Sigmund Freud montó en 1886 una clínica privada donde aplicó la
hipnosis en el tratamiento de la histeria que había estudiado en París e
incorporó el método catártico de su mentor Josef Breuer. Pero poco a poco lo
fue abandonando y lo reemplazó por la asociación libre y la interpretación de
los sueños, germen de una nueva forma de entender al hombre: el psicoanálisis.
La interpretación de los sueños, publicada
en 1899, es la obra más importante y conocida de Sigmund Freud. En ella se sientan
las bases del psicoanálisis, un método terapéutico al que poco a poco se fueron
sumando más adeptos, pese al recelo que despertó en una parte de la comunidad
científica, que lo consideraban una especie de filósofo que replanteó la
naturaleza humana y ayudó a derribar tabúes, sobre todo sexuales, pero nunca un
médico. Su objetivo era mover todos esos pensamientos, sentimientos y deseos
reprimidos del subconsciente (lo que hay debajo del agua) al consciente (la
punta del iceberg).
Aparte de sus revolucionarios conceptos del
inconsciente, deseo inconsciente y represión, Sigmund Freud dividió la mente en
tres partes: el ello, el yo y el súperyo. También definió el Eros o pulsión de
vida y el Tánatos o pulsión de muerte. Y desarrolló un método psicosexual que
-pese a ser criticado por relacionar la sexualidad con conceptos como incesto,
perversión y trastornos mentales- incorporó teorías como el complejo de Edipo y
derribó tabúes en una sociedad todavía enfermiza y reprimida.
Pese a lo cuestionado que fue por algunos
compañeros, la influencia de Sigmund Freud en la filosofía, la política, el
lenguaje y el arte del siglo XX es incuestionable. Sin él no podría entenderse
la obra de artistas como André Bretón o Dalí y cineastas como Buñuel, Hitchcock
o Woody Allen, que con su cine ha modelado la imagen que tenemos del
psicoanálisis: un hombre contándole su vida a su terapeuta desde el confort de
un diván.
Sigmund Freud fue controvertido hasta el
último día de su vida. En 1938 fue declarado enemigo del Tercer Reich y tuvo
que huir a Londres. Sus libros fueron quemados públicamente y sus hermanas
(tenía cinco) fallecieron en los campos de concentración. Murió un año después
por culpa de un cáncer de paladar que le provocó su afición al tabaco. Su
médico le suministró tres dosis de morfina y se sumergió, para siempre, en el
mar de su subconsciente. Un pequeño cráter en la luna lleva su nombre.