Vidas más allá de la guerra

11/Abr/2016

El País, Por Luis Prats

Vidas más allá de la guerra

Suele confundirse a la Gran Historia —por
ejemplo, la de la Segunda Guerra Mundial— con la crónica de sus batallas, las
acciones de los líderes, los discursos famosos, desembarcos, bombardeos y
liberaciones. Sin embargo, la historia se compone también de un mosaico de
millones de memorias personales anónimas, las de hombres y mujeres, incluso
niños, que pelearon sus batallas o las padecieron, que murieron o vivieron para
contarlo. Los sobrevivientes recompusieron su existencia y llegaron a tener
nuevas memorias.
Ruperto Long tomó algunas de esas pequeñas
piezas para descubrir cómo varias de ellas encajaban en una imagen mayor. Donde
no quedaban registros completó el trazo con imaginación. El resultado fue una
novela de no ficción, que desanda los caminos de dos personas que alcanzaron
notoriedad en Uruguay para descubrir que un día sus destinos se habían cruzado
durante la guerra.
La niña que miraba los trenes partir
(Aguilar, 376 páginas, $ 490) es la obra más reciente de Long, ingeniero y
político que desde hace tiempo desarrolla con pasión y pericia un tercer
oficio, el de escritor. En su libro, 34 personajes reales del tiempo de la
guerra aportan sus voces ficticias para formar ese mosaico. Los hay desde
criminales nazis hasta quienes sufrieron su demencia y desde héroes a
ciudadanos comunes. Los dos que tienen un lugar especial son Charlotte, la niña
del título y la tapa, y Domingo López Delgado, el uruguayo que se enroló en la
Legión Extranjera para pelear por Francia. También aparecen, entre otros,
Alter, tío de la chica, que corrió distinta suerte. Y hay un lugar especial
para Dimitri Amilakvari, héroe de guerra y figura venerada en Francia pese a
que se sabe poco de él.
Una niña.
Charlotte nació en Lieja (Bélgica) y el
estallido bélico y la ocupación nazi de su país la encontraron con ocho años.
Se vio obligada a adoptar una identidad falsa y esconderse junto a su familia.
Para sobrevivir viajaron por diversos puntos de Francia, hasta llegar a un
pueblo en las montañas llamado Saint-Pierre-de-Chartreuse, aunque sufrieron las
razias de la Gestapo y el padre fue apresado e internado en un campo de
concentración. La liberación de Saint-Pierre fue el comienzo de una nueva vida.
Después, emigró a Uruguay, donde vive actualmente, con un cargo de alta
responsabilidad en la docencia.
«Nunca imaginé que terminaría siendo
personaje de una novela», comenta Charlotte de Grünberg, hoy a los 82
años. «No es que tuviera reticencia a contar mi vida, pero consideraba que
en el mundo, hoy, ayer, siempre, es difícil transferir los casos individuales a
la historia. La historia son los grandes procesos. Pero Long me convenció de
que valía la pena, porque mi vida iba a formar parte del relato de una
época», agrega.
El libro abarca de 1940 a 1945, un período
breve pero que marcó el resto de su existencia, admite ella. «Me robaron
cuatro años de mi vida, aunque debo decir que aprendí cosas de esa
experiencia», comenta. En ese sentido, considera que cuando terminó la
guerra tenía 11 años, pero en muchas cosas pensaba como una persona de 40.
Recuerda que en 1939 le tocó recibir en su
casa a una refugiada austríaca, rescatada por una organización judía. «Era
una adolescente —cuenta— pero en muchos aspectos ya había envejecido. Por ella
sabíamos lo que nos esperaba en caso de una ocupación nazi. Y lo más curioso es
que llegó a nosotros con una valijita con vestidos como para ir a bailar.
Imaginen la incongruencia entre el contenido de la valija y su cabeza. Pero la
gente tiene la edad que tiene y ella no dejaba de ser una jovencita».
Después, la muchacha volvió a ser trasladada por esa organización y Charlotte
solo supo de ella que estaba en otro país.
«Duele recordar todo aquello, porque
no veo muchos cambios en el mundo. Es cierto que surgieron muchos institutos de
derechos humanos y organizaciones que tratan de limitar la catástrofe de la
guerra, pero no soy optimista», asegura Charlotte.
Investigación.
Los diversos personajes cuentan su parte de
la historia en primera persona, pero sus palabras tienen la verosimilitud
surgida de una profunda investigación realizada por Long. Estudió detenidamente
aquel período, sobre todo acerca del especial ambiente de la Francia ocupada.
Visitó la mayor parte de los lugares de los hechos en Europa y estuvo en los
museos del Holocausto de Jerusalén (Yad Vashem), de la Resistencia en Grenoble
y de la Legión Extranjera en Marsella. También obtuvo raras fotografías de
época, así como varias de los protagonistas del libro. La obra le llevó tres
años de trabajo.
«Quise reflejar los hechos con mucha
objetividad. No quería nada panfletario ni simplificador, pero sí los episodios
planteados desde el punto de vista del hombre común», explica Long.
El autor conoció a Charlotte de manera
fortuita, en una recepción. Allí se enteró de algunas cosas de su infancia que
le sugirieron que había una historia para contar. Sin embargo, le costó meses
de gestiones convencerla para que las contara. «Descubrí entonces a una
persona de sensibilidad, inteligencia y valentía maravillosas», afirma.
Long ya sabía de la peripecia de López
Delgado, incluso lo conoció personalmente. Cuando comprobó los vínculos entre
su aventura y la de Charlotte, supo que ya tenía la historia completa.
Una foto.
«Cuando comencé a garabatear las
primeras líneas del libro, algunas frases orientadoras me vinieron a la cabeza
—señala Long—. Algunas incluso las incorporé como epígrafes al comienzo, de
modo que me han acompañado todo este tiempo. Una de ellas, bien conocida (y que
tiene muchos padres), la recogí en la versión de George Santayana: Aquellos que
no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo».
«En aquel entonces no habían sucedido
los atentados de París, ni muchos otros alrededor del mundo, incluyendo el más
reciente de Bruselas. ISIS era un nombre casi desconocido y lejano para todos
nosotros. Y mucho menos se nos podía ocurrir que un uruguayo sanducero podría
ser asesinado por el hecho de ser de origen judío», agrega.
«No pretendo decir con esto que vamos
a regresar a los tiempos del nazismo y de la Shoá», advierte. «Pero
es imposible desconocer que la humanidad parece empecinada en mantener vivo su
lado más siniestro: guerras, xenofobias, racismo… Quizás el libro también nos
ayude a reflexionar sobre el destino hacia el cual van nuestras
sociedades».
«Le costó a Ruperto convencerme para
que contara todo, pero acordarme de aquella muchacha austríaca me permite
conocer el espíritu de una época y cómo esa época irrumpió violentamente en la
vida de todas las personas involucradas», dice en tanto Charlotte.
Hasta ahora, ella había relatado muy poco
de aquellos terribles años infantiles a su familia. Y cita al novelista francés
Patrick Modiano, cuando sostiene que «resulta difícil sacar a la luz lo
que ha sido enterrado tanto tiempo».
Sin embargo, la foto de su tío Alter, a
quien prácticamente no conoció, la acompañó siempre en su periplo para escapar
a los nazis y sigue hoy en un lugar importante de su casa de Montevideo.
«Alter fue mi recuerdo físico de aquellos años. Me aferraba de eso, así
como del recuerdo de mis abuelos maternos, que murieron en Auschwitz. Esas tres
personas, aunque no las conocí de cerca porque yo era muy chica, acompañaron mi
vida adulta y mantuvieron mis vivencias personales».
De la legión a la Junta de Rocha.
El otro gran personaje del libro de Ruperto
Long es Domingo López Delgado. En Rocha, donde nació, era toda una celebridad:
fue cinco veces condecorado, una vez por el propio Charles de Gaulle, por su
heroico comportamiento durante la Segunda Guerra Mundial. Domingo se alistó
como voluntario en las fuerzas de la Francia Libre y luego de su entrenamiento
fue asignado a la Legión Extranjera, el famoso y también duro destino de tantas
novelas y películas. Fue enviado inicialmente a Bir Hakeim, un paraje remoto de
Libia, en la inmensidad del desierto del Sahara, que se convirtió en un enclave
estratégico, decisivo en la campaña del desierto y en el curso de la Segunda
Guerra. Allí el soldado rochense combatió bajo el mando de su comandante,
Dimitri Amilakvari, una leyenda de Francia.
Más tarde, la Legión Extranjera tuvo un
papel decisivo en la liberación del sur de Francia. Fue entonces cuando su
destino se cruzó con el de Charlotte.
Regresó en 1945 al Uruguay y a su
departamento natal. Escribió un libro sobre su aventura, Diario de un
voluntario rochense en los frentes de lucha. Luego se dedicó a la política y
llegó a ser presidente de la Junta Departamental de Rocha. Falleció en 2012, a
los 94 años. «Supe de su existencia durante la dictadura. Era una
institución en Rocha y no le tenía miedo a nada. Tenía un periódico, El
Civismo, que fue clausurado varias veces por el régimen militar. En 2011
conversé largamente con él y me contó muchas cosas sobre su vida», explica
Long.