A propósito del asesinato de David Fremd en
mi Paysandú natal, me acaba de enviar un amigo catalán esta página escrita hace
algún tiempo por Pilar Rahola. En ella la escritora española y ex diputada
comenta una notoria acción sangrienta contra los «Cruzados de
Occidente,» Los hechos son tenaces: están más allá de las palabras y
contradicen lo que muchos, aquí y ahora, consideran que no denunciar y condenar
estas atrocidades es políticamente correcto. Juzguen ustedes.
«Han declarado la guerra. ¿A quién? ¿A
Europa, a Occidente? No. A la libertad
Estamos conmocionados. Tres individuos, con
agua en el alma y mierda en el cerebro, entraron en la redacción de unos
humoristas y dispararon al corazón de la libertad. Y lo hicieron allí donde la
ilustración puso luz a la razón y envió a los dioses a casa. Europa,
nuevamente, fue atacada y la brutalidad del acto, tan cerca de todos nosotros,
nos deja indignados, abatidos y desconcertados. Arrecian los comentarios, se
multiplican las manifestaciones, los dibujantes dibujan sonrisas rotas a la
tragedia y en el centro de las emociones, palpita el dolor. Y entre todos,
aparece el titular: hemos vivido el 11-S de la prensa.
Sin embargo, ¿de qué nos sorprendemos? Y,
sobre todo, ¿por qué nos duele más este atentado sangrante que sus precedentes?
Hace pocas semanas los mismos mortíferos entraron en el patio de una escuela,
dispararon a los niños y asesinaron a la infancia. Ciento treinta y dos niños
asesinados. ¿Quién escoge una escuela como campo de tiro? ¿Quién, sino el mal
puro, considera que un niño es el objetivo? Y antes de ello, envenenamiento de
niñas, lapidaciones, niñas secuestradas y convertidas en esclavas sexuales,
matanzas colectivas, cristianos masacrados, kurdos quemados, decapitaciones…
¿Cuánto hace que la locura totalitaria nos dice que es una ideología de muerte
que no respeta a nada y a nadie, y que considera a todos los humanos, de
cualquier edad y religión, como objetivos terroristas? ¿Cuánto hace que nos
avisan? Mucho, tanto que llevamos miles de muertos en todos los rincones del
planeta, y no hay nada seguro porque la trinchera de su guerra es el mundo.
Hay que decirlo claro: nos han declarado la
guerra. ¿A quién, a Europa, a Occidente? No. Han declarado la guerra a la
libertad, y ello incluye a todos, también a todos los musulmanes que quieren
vivir libremente. De hecho, no sobra recordar que estos tipos a quienes más
matan es a musulmanes. La cuestión, sin embargo, no se centra en los lobos
solitarios que perpetran cualquier locura, ni en sus biografías derrapadas
hacia la maldad, sino en lo que hay detrás. Mientras las teocracias islamistas
potencien con millones de dólares a imanes integristas en todo el mundo,
tendremos ejecutores de la muerte. Mientras la ideología totalitaria goce de
impunidad en muchos países, tendremos ejecutores de la muerte. Mientras sea
normal que aliados nuestros persigan a cristianos, judíos y etcétera, tendremos
ejecutores de la muerte. Mientras en nuestra sociedad practiquemos el buenismo
con los integristas, tendremos ejecutores de la muerte. Mientras sea más
importante el dinero del petrodólar que la ideología que defienden sus
propietarios, tendremos ejecutores de la muerte. Y, al igual que hicimos con
Hitler y con Stalin, si miramos hacia otro lado, tendremos mucha, mucha más
muerte.
Esta ideología no es pactable, ni
banalizable. O la vencemos, o vence el mal».
Antrop. Daniel Vidart sobre el asesinato de David Fremd
14/Mar/2016
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