–En
su definición que prefiere: violencia doméstica, de género o machista. ¿Cuál se
ajusta más a la realidad uruguaya?
-La
violencia de género, explica de forma
conceptual, de qué hablamos cuando hablamos de
violencia que se dirige a las mujeres de cualquier edad, clase social,
lugar del país, estado de salud, y origen étnico – racial. Es decir, las
mujeres por el hecho de ser mujeres, vivimos violencias de distintas
dimensiones, que solo pueden ser explicadas porque hay una pauta social que
define qué lugar tienen que ocupar las mujeres, y como son consideradas.
La identidad se construye en diferencia,
oposición y subordinación a lo que serían las identidades masculinas, los roles
hegemónicos de cómo ser varón, de cómo manejar el poder y de cómo se tienen que
establecer los vínculos con las mujeres. Eso es violencia de género que se
expresa de distintas maneras, que uno en términos rápidos y sencillos podría
decir, sí es también violencia machista.
-Hay
movimientos de mujeres que dicen que hoy se vive una “era posmachista” que
quiere instalar que la “violencia es violencia” y que no existe una “violencia
particular hacia las mujeres”. ¿Ud. qué piensa?
-Todo
lo que sea violencia, la imposición del poder de uno sobre otros, cae sobre lo
que nosotros llamamos “violación de los derechos humanos”, pero es muy
importante conocer las causas de las violencias, y también conocer las
manifestaciones para poder atacarlas. Sí nosotros estamos diciendo que educamos
de forma diferente a las niñas y los niños y que aprenden de forma distinta a
usar su cuerpo, a usar su fuerza, a resolver los conflictos, y las mujeres
aprendemos a no enfrentar, a no utilizar la fuerza, a no tener una actitud
“considerada” agresiva hacia los demás y los varones por el contrario, sí no
son agresivos, sí no saben usar la fuerza, sí no saben imponerse, son
considerados menos varones, esa es una violencia aprendida que luego se refleja
en la calle, en los espacios públicos o en el deporte. Es una violencia
aprendida, cuando en el trabajo ponen determinadas fotografías o hablan de
determinada manera o invaden el espacio de las mujeres con connotaciones
sexuales. Esta violencia que tiene una
raíz cultural, puede ser combatida sí combatimos estos estereotipos.
También
la violencia de género se asocia con la violencia de “clase”.Podemos decir que
hay una organización útil para el capitalismo, es útil que las mujeres aprendan
que es importante hacer las cosas de la casa, eso sale plata pero sí lo hacen
las mujeres es gratis, producen y reproducen la fuerza de trabajo y todas las
“tareas invisibles de cuidados” que en el mercado tienen un valor y las mujeres
las hacen gratis.
Lo
mismo podemos decir de la violencia racial, generacional, se potencian y sus
efectos son más graves, una mujer discapacitada, una mujer en el medio rural,
la inequidad que viven las mujeres afro descendientes. Todas las violencias se
potencian, pero para combatirlas hay que conocer las causas
-Hay
expertos que señalan que aún hoy en las sociedades modernas “hay hombres que no
aceptan que las mujeres no los necesitan” Agregan que “la igualdad es muy
difícil de aceptar para el varón”. ¿Ud. coincide?
Mazzotti
afirma que es positivo que se tipifique el femicidio como un delito grave
aparte.
Mazzotti
afirma que es conveniente que se tipifique el femicidio como un delito grave
aparte.
-Hay
hombres que han aprendido ese esquema tan tradicional, tan hegemónico de que el
hombre se realiza sí tiene una mujer al lado que lo complementa y tiene ese rol
de sustento de apoyo, de ser el “soporte material” de la relación. También hay
hombres que no cumplen ese rol tradicional y no asumen sus responsabilidades
paternales, ni siquiera desde el punto de vista económico. Hay una crisis del
“modelo machista” de hombres que ni siquiera son los proveedores de sus hijos.
Es muy preocupante como hay padres que se van separando de sus hijos. La
irresponsabilidad respecto al cumplimiento de la pensión alimenticia es enorme,
por lo tanto, ni siquiera cumplen con el “modelo machista”.
También
hay hombres que se rebelaron a este
modelo y quieren construir relaciones de pareja, relaciones con las
mujeres, en actitudes solidarias y comprometidas y que se suman a la lucha. He
visto muchos varones jóvenes en las marchas contra la violencia de género, y
esto es muy esperanzador.
-Hay
hombres y mujeres que señalan que toda esta lucha de las mujeres contra la
violencia de género, en el fondo es un movimiento “anti hombres”.
-Esto
es un prejuicio instalado desde el siglo XIX con las primeras luchas, que
catalogaban a las feministas como “anti hombres, lesbianas, histéricas, mujeres
solas” y sí les preguntamos a las mujeres que luchan por la igualdad no solo
están comprometidas en los derechos de las mujeres sino que militan y trabajan
por el medio ambiente, los derechos de la infancia, y por los derechos de la
igualdad racial. Los feminismos vienen combinados con otras luchas en el siglo
XXI. Muchas de ellas son mujeres casadas, con hijos varones adoran a sus hijos,
lo que sí no queremos son hombres machistas y autoritarios, queremos hombres
compañeros de ruta y luchamos también para que admitan y asuman y se den
permiso de ser hombres distintos y diversos.
-¿Le
llama la atención que un país de las características de Uruguay, tenga niveles
de violencia de género tan altos? Según CEPAL “Uruguay lidera en índice de
muerte de mujeres por violencia doméstica”.
-Nos
sorprende a todos los que estamos en políticas públicas, pero en definitiva
tiene que ver con esa cultura de
invisibilizar los conflictos, pactar la moderación uruguaya, que tiene
un rasgo muy conservador de los cambios lentos, de tratar de mantener el
“status quo”. Todo esto tiene mucho que ver con la hegemonía patriarcal y la
desigualdad de género. La violencia de género expresa la situación de
desigualdad del poder. Uruguay lidera el ranking de violencia de género y
también lidera un nivel “escandalosamente bajo” de representación política a
nivel parlamentario. Estamos hablando de dos esferas del poder: una vinculada a
las relaciones hombre – mujer y la otra es la esfera pública, a la expresión
máxima del poder. Hay problemas de distribución del poder y esto afecta la
calidad democrática.
-Desde
el Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES – MIDES) y el Consejo
Consultivo de Lucha contra la Violencia Doméstica, se asesoró al Poder
Ejecutivo en un proyecto de ley que prevé la figura del Feminicidio o
Femicidio. ¿Cuál es la denominación correcta?
-Las
dos son correctas. En documentos de organismos internacionales como CEPAL o
Naciones Unidas, se escribe femicidio/feminicidio, lo que se quiere advertir
con las dos categorías es la dimensión particular de quién tiene que asumir la
responsabilidad de sus propios actos y la otra, la dimensión pública estatal,
que es la responsabilidad del Estado que no puede estar ausente ante los problemas de la violencia de
género. Quién mata a una mujer por el hecho de ser mujer es un “femicida”. Este
tipo de muerte tiene que estar expresado en el Código Penal y es esto lo que se
mandó en diciembre pasado al Parlamento. El feminicidio es la dimensión de la
responsabilidad estatal. Aquellos Estados ausentes sin políticas públicas, o
políticas públicas muy mínimas, podríamos decir que están incurriendo en un
“feminicidio”, un Estado que no garantiza el derecho de las mujeres de vivir
una vida libre de violencia. Por lo tanto, son dos categorías necesarias para
explicar un problema, una la responsabilidad individual que nunca puede dejar
de ser vista, y otra la responsabilidad fundamental del Estado.
-¿Sirve
aumentar las penas? ¿Habrá menos muertes por ello?
-El
proyecto de ley que fue al Parlamento, lo que hace es distinguir dentro de los
homicidios especialmente agravados, que están previstos en el Código Penal,
adicionar un numeral que describe el femicidio. Es un paso muy importante que
los jueces puedan distinguir esta figura particular de homicidios, porque
asesinar a una mujer no es un homicidio cualquiera, es una mujer que perdió su
vida, son hijos e hijas que perdieron a su madre, son hermanas, abuelas, y que
mueren por el solo hecho de ser mujeres. La pregunta sí por ¿agravar las penas
evitamos muertes de mujeres? Es un elemento más de actuación de la justicia, es
un mensaje cultural que dice que el Uruguay señala que “dar muerte a una mujer”
es un homicidio específico y agrega a una política integral. A la vez, nosotros
estamos preparando una ley integral de lucha contra la violencia basada en
género. Es un aporte, es un elemento que permite saber de qué se trata tanto a
los agresores, a su barrio, a su propia familia y a la sociedad en su conjunto
y es algo muy recomendado por la jurisprudencia internacional, poder visualizar
este tipo de crímenes.
-¿Hay
voluntad política para aprobar esta figura?
Nosotros
asesoramos al Ejecutivo, ahora el proyecto está en la Comisión de Constitución
y Códigos del Senado. A partir del 1° de marzo, empiezan a funcionar las
comisiones parlamentarias. Nosotros estamos poniendo mucha energía en finalizar
el proyecto de ley, para que también el Ejecutivo lo envíe al Parlamento. A
partir de ahí, con esos dos proyectos, encaminaremos nuestra energías para
trabajar en el Parlamento brindando todo el asesoramiento y el impulso para que
esta ley salga lo antes posible.
-Respecto
a la atención a las víctimas ¿cuál es el “derrotero” que tiene que seguir una
mujer para recibir atención?
-Hay
veces que las mujeres no saben porque les falta información, muchas otras veces
tienen miedo y no se animan a plantear ni siquiera a una amiga o a un familiar,
otras veces se quieren rebelar pero se sienten atrapadas desde el punto de
vista emocional o económico. No olvidemos que muchas veces, se trata de su
pareja donde hay relaciones afectivas y tomar conciencia que son situaciones
que no se van a superar, les lleva tiempo. Hay mujeres víctimas de sus ex
parejas es decir que ya cortaron el vínculo y que de todas formas, el hombre en
esa concepción de posesión de la mujer, continua acechándola en grado de
muerte. Nos preocupa mucho. Tenemos un
servicio de atención en cada departamento, creemos que es insuficiente y lo es
porque la movilidad en los pequeños pueblos hacia las capitales departamentales
o los centros poblados, a veces cuestan mucho. Sabemos que tenemos que seguir
avanzando y estamos buscando facilitar la llegada de las mujeres a estos
servicios. También como las instituciones insertas en el territorio trabajamos
con ASSE para que los equipos de referencia de violencia que existen, logren
detectar espacios de confianza para que las mujeres puedan pedir ayuda.
Institucionalmente, hemos avanzado mucho porque tenemos los servicios de
INMUJERES, tenemos a ASSE y las Unidades Especializadas de la Policía, que ya
tienen inserción en todos los departamentos y ha hecho un gran esfuerzo de
capacitación. ¿Es suficiente? creemos que todavía falta. Señalamos que de las
muertes ocurridas en 2015, casi un 75% de esas mujeres, nunca habían pedido
ayuda. La clave es que las mujeres se animen a hablar, a pedir ayuda y
encuentren el apoyo de la amiga, la compañera, la hermana, para buscar la
información por sí no la tienen. La información es sencilla de obtener. Sí no
sabe dónde ir, es fácil averiguarlo.
-30
mujeres asesinadas en 2015
-¿Fueron
30 las mujeres asesinadas en 2015?
-Es
el número que nosotros manejamos, estamos coordinando con el Ministerio del
Interior para seguir afinando los números. El Ministerio del Interior (MI)
habla de las muertes vinculadas a parejas y ex parejas, sin embargo, las
muertes por violencia de género son más amplias, pueden darse no por pareja o
ex pareja pero sí por razones de género. Trabajamos en una estadística única
compartida, porque a INMUJERES le sirve saber no solo que pasó con esa mujer
sino trabajar con la familia que queda.
-¿Hay
atención para los victimarios?
-En
este momento no. Cuando son femicidas, es decir homicidas, van a la cárcel,
allí hacen rehabilitación en conjunto con los demás reclusos. No estamos
trabajando con hombres femicidas, si con los hombres que tienen tobillera o
medidas cautelares. Es muy difícil, las tobilleras se colocan cuando hay riesgo
inminente de vida es decir que son hombres que según el juez, tienen una alta
disposición a matar. Estas personas tienen mucha dificultad para asumir su
responsabilidad, por eso el proceso es muy difícil. Lo que hacemos con los que
tienen tobillera, es un proceso inicial de toma de conciencia y de aceptación
de su responsabilidad y también es una forma de estar vinculado a él y por
tanto los técnicos pueden percibir y evaluar el riesgo latente contra la mujer.
-¿Este
año 2016 tiende a parecerse a lo que ocurrió en 2015?
-El
8 de marzo de 2015 ya había 10 mujeres asesinadas. Llegamos a pensar que
estábamos ante una emergencia. Las cifras de este año son inferiores pero no
quiere decir mucho. Nosotros estamos haciendo un esfuerzo enorme y queremos
sumar a los medios de comunicación, que tienen un papel fundamental para que
hombres y mujeres nos sintamos activos en esta lucha contra esta forma de
violencia.
-Por
estas horas, la Policía encontró sin vida los cuerpos de una mujer (21 años) y
un hombre (41 años) en una casa en la zona de Punta Espinillo.
Junto
a ellos, encontraron con vida a una niña de tres años. Todo indica que el
hombre mató a la mujer y luego se suicidó. La niña es hija de ella y presenció todo. Se sabe que la mujer y
el hombre se habían denunciado mutuamente por violencia. ¿Qué se puede hacer en
estos casos?
-En
INMUJERES no nos había llegado está situación. Es algo a corregir, se nos tiene
que informar, tanto la policía como la justicia. Es una impotencia. Desde las
políticas públicas hacemos todos los esfuerzos, pero “corremos de atrás” frente
a este tipo de situaciones donde hay acusaciones cruzadas, o mujeres que
presentan la denuncia y luego la retiran. Es imposible pensar que vamos a tener
0 muerte de mujeres.
Cuestión de género: en el Parlamento uruguayo, la representación política de las mujeres es escandalosamente baja
22/Feb/2016
Diario La República, Entrevista de Ana maría Mizrahi