Por Ana Jerozolimski
Ariel Bercovich (39) arribó a Uruguay hace pocos meses, en calidad de nuevo Cónsul de Israel. Pero además de dedicarse al trabajo consular propiamente dicho, es también el número dos de la Embajadora, lo que podría presentarse como su asesor político, el administrador general de la embajada y el vocero.
Cuando nos sentamos en la nueva sede de la embajada en el World Trade Center a realizar esta entrevista, le comentamos humorísticamente horrorizados, que no servía el lugar sin una bandera de Israel de fondo para tomar alguna buena foto. Gracias a su buena onda, a la rapidez de la encargada de prensa Shila Zyman y a la agilidad de ambos, fue movilizada una bandera de otra parte de la embajada. Shila se encargó de cargar la base y Ariel el palo con la bandera misma. Allí marchamos pues buscando un lugar apropiado para la foto donde instalaríamos la bandera, por lo cual luego, en la entrevista misma, al hablar de sus tareas, también bromeamos recordando que además de cónsul, asesor, administrador, es el portabanderas oficial.
Ariel siente que le gusta todo lo que hace y que confirma la buena decisión que tomó al optar por el camino de la diplomacia. Montevideo es su primer destino en el exterior y se siente afortunado porque fue él quien pidió a la Cancillería israelí, ser enviado a Uruguay.
Está en nuestro país con su esposa Einat y su hija Alma. Y siente que Uruguay lo ha recibido muy bien.
Este es un resumen del diálogo mantenido con el Cónsul de Israel, en la primera entrevista que concede en Uruguay.
¿Cómo va la experiencia uruguaya?
Uruguay está haciendo mucho esfuerzo para que yo me sienta bien y en efecto me estoy sintiendo bien. Ya estoy instalado, se podría decir, porque al principio están los temas de la casa y de a qué escuela va a ir mi hija, Alma, qué va a hacer mi esposa, que trabaja medio turno. Pero todo fue arreglándose bien, vine con buenas expectativas y se fueron cumpliendo, así que estoy muy contento. Cuando vi a Uruguay en la lista de países que podía elegir dije enseguida: Yo quiero Uruguay.
¿Por qué?
Porque era el lugar que sentía que era el más adecuado para el momento en el que estaba en mi vida y mi familia, que aquí mi esposa Einat se iba a sentir cómoda porque es un país amable, con gente cordial… no tuve dudas. Y tuve suerte ya que no siempre en la Cancillería aceptan el destino al que el diplomático pide salir.
¿Influyó en esa percepción de Uruguay el hecho que naciste en Argentina? Recordemos que tú te radicaste en Israel cuando tenías 18 años.
Obviamente cuando uno tiene que ir tres años a un lugar -se empieza por tres años- se lo analiza por muchos lados. Y eso tiene que ver con miles de datos que uno va juntando. En mi experiencia como sudamericano ya tenía una sensación de lo que sería Uruguay. Se sabe que Uruguay es un buen país para empezar una carrera diplomática…
¿Por qué lo dices?
Porque es un país que es menos estresante en la parte personal, entonces da más energía para trabajar en lo profesional. Es un país que está ubicado en un lugar estratégico, entre dos países muy grandes, pero es un poco el puerto de entrada a Sudamérica para mucha gente. Por cuestiones económicas y de otro tipo, podría decir que es un lugar apropiado para poner el ancla, para todo aquel que quiere entrar a Sudamérica. Y pensando en cosas más concretas, recordemos que Uruguay va a entrar al Consejo de Seguridad en 2016, y eso lo va a volver más relevante políticamente a nivel mundial. Este es un punto que para mí tenía mucha importancia y que también en la Cancillería en Jerusalem tuvieron muy en cuenta.
En general se destaca la tradición de relaciones de amistad entre Uruguay e Israel, lo cual no quiere decir que no haya discrepancias, y como sabemos hubo también períodos especialmente difíciles a raíz de la guerra contra Hamás hace más de un año. ¿Es algo que tú, en los meses que hace que estás acá, podés percibir?, en este corto lapso, ¿hay algo que decís: “Sí, es verdad, no son frases, lo siento”?
Yo como israelí y también como sudamericano veo a los uruguayos muy amistosos, pero no creo que la relación pase solo por eso como tradición, aunque es algo muy importante. Hubo hechos concretos desde que yo llegué acá: votaciones en foros internacionales en las que Uruguay apoyó a Israel mientras que muchos otros países, de Sudamérica y del mundo, no lo hicieron. Ese es un ejemplo concreto.
Hubo una votación increíble en la ONU acusando a Israel de no respetar los derechos de la salud…Uruguay apoyó a Israel contra esa aberración.
Sí, y también hubo una de un organismo internacional acerca de Hamás, en la que también Uruguay estuvo con Israel. Son cosas que no pasan con cualquier país y con Uruguay pasan. Esta es también una oportunidad para destacar el buen trabajo que está haciendo la Embajadora Nina Ben Ami. Pero más allá de ello, hay sin duda una amistad de fondo. En términos históricos, no es que los países amigos se llevan perfectamente bien día a día durante 60 años, pero acá sí hay una historia muy fuerte de amistad entre Uruguay e Israel. Recordemos que la primera embajada de Israel en Sudamérica fue acá. Son muchas las cosas por las que Uruguay tiene un lugar muy especial en el corazón de Israel.
Tú mencionabas recién el trabajo de la embajadora y esto me recuerda el hecho que ella llegó en la época de tensión a raíz de la guerra y después Nina, en lo personal, logró entablar una relación cercana con el entonces canciller Luis Almagro. Lo personal incide mucho, ¿verdad? O sea, la química que se logra entre un diplomático y quizás el presidente o el canciller del país anfitrión, puede aportar ¿Te parece que es algo que puede inclusive llevar a cambiar políticas?
Es una pregunta enorme. Mi destino en Montevideo es el primero que tengo en el exterior y por lo tanto creo que no corresponde que me ponga a dar cátedra sobre algo que se estudia a niveles mucho más altos. Pero creo que algo que todavía nada pudo reemplazar en el tema de la diplomacia son las relaciones personales. Muchas cosas se pueden hacer por email, por videoconferencias u otras vías, a tal punto que a veces los diplomáticos sufrimos cuando surge por ejemplo la pregunta de para qué se precisa una embajada si se puede mandar un email o se puede hacer el contacto de otra forma, también muy directa. Pero no, hay cosas que pasan solamente a nivel personal. Si lo digo de una manera un poco graciosa, o mecánica, un poco el trabajo nuestro es transformar las relaciones personales en un crédito que después se pueda usar para cosas que van más allá de lo personal. Ese es un poco el trabajo del diplomático.
Interesante la metáfora…
Yo me acuerdo que escuché una vez que un poeta es una máquina que transforma café en poemas. Pues bien, yo diría que un diplomático es una persona que transforma las relaciones personales en una herramienta que pueda ayudar a su país y al país en el que está trabajando, Ese es el trabajo específico del día a día del diplomático.
Está claro que un diplomático llega a otro lado para aportar a las relaciones exteriores de su país, ante todo a los intereses de su país. Pero la verdadera prueba de éxito de lo que hace pasa por el hecho que también el otro país gane ¿verdad? O sea…en una buena relación bilateral, ambas partes tienen que salir beneficiadas…
Obviamente, como en las relaciones personales. Lo que cuenta es que el resumen final sea balanceado porque si siempre “gana” sólo el otro, uno no quiere encontrarse con esa persona. La idea es buscar eso. Por suerte, es una cuestión que se enseña en las universidades de Economía, el hecho de que cada país tenga sus intereses y no siempre sean iguales a los del otro país. Lo mismo con las necesidades, da más oportunidades todavía, porque no se está peleando por lo mismo. Yo ayudo con lo que puedo ayudar y ustedes me ayudan con lo que ustedes pueden ayudar. Muchas veces son aportes diferentes pero el resumen final es que las dos partes ganan. Esa es la diplomacia en realidad.
Hay miles de cosas, que no se cuantifican en dólares ni pesos, que hacen que los países se acerquen. Yo creo que entre Uruguay e Israel eso pasó desde siempre y sigue pasando.
A TRABAJAR
¿Venís con ideas en la cabeza, con proyectos concretos para tratar de impulsar en Uruguay?
Bueno, obviamente tuve todo tipo de fantasías de cosas que me gustaría hacer, que tienen que ver con otras cosas que hice en mi vida antes de ser diplomático, o con cosas que me gustan de Israel o de Uruguay… Te contestaré con un ejemplo personal. Cuando yo me fui de Argentina a Israel, pasé un proceso muy largo, como toda persona que se va a vivir a otro país. Uno tarda a veces muchos años en encontrar el balance y sentirse bien con los dos lados. Yo si ahora miro para atrás veo que muchas cosas que hice en Israel tenían que ver con el hecho que yo sabía que tenía dos tesoros, uno de mi vida en Argentina y otro de mi nueva vida en Israel, y que podía compartirlos en dos direcciones. Por ejemplo, yo conozco esta película, este libro, esta música israelí y quiero que mis amigos argentinos lo conozcan, y viceversa. Tenía la suerte de tener las herramientas para compartir para los dos lados. Ahora que estoy en Uruguay siento un poco lo mismo: yo sé qué es Israel, yo entiendo quizás el Uruguay un poco más que una persona que no viene de esta zona, y eso quiero hacer: un puente, aprovechando que yo un poco entiendo los dos lados.
Lindo ejemplo… ¿Cómo lo aplicarías en tu misión como diplomático israelí en Uruguay?
En muchos temas, no es que vengo con una bandera sola. Obviamente me gustaría que esté un poco más equilibrada la balanza comercial entre los dos países, pero eso quiere decir que suba la de Israel, no que baje la de Uruguay. En temas que tienen que ver con cultura, obviamente, porque vengo un poco más de ese tema, me siento muy cómodo, me gusta dedicarme a esos temas. Pero puede haber proyectos en una diversidad de campos. Hoy Israel está avanzado mucho en todo lo que tiene que ver con innovación y creo que Uruguay tiene un lugar privilegiado por algunas cosas que dije antes, cómo está ubicado a nivel también de finanzas y de muchas otras cosas. Me parece que tiene mucho potencial. Es un tema en el que me gustaría mucho avanzar. Cuando digo innovación no quiero decir solamente inventar chips sino pensar cosas de una manera más innovadora, que es algo para lo que me parece que los uruguayos tienen herramientas, están más capacitados y pueden ser un poco los que lo lideren en Sudamérica.
¿Te parece que la sociedad civil quizás tiene que llevar la bandera, apoyar a los intercambios oficiales entre los Estados?
Obviamente, yo diría que es casi al revés, que nuestro trabajo en la embajada, más allá de las cuestiones más políticas que hacemos, es ayudar cuando no se da el contacto oficial. Si pasa entre las dos sociedades, ya está, es mejor. Yo puedo dar ejemplos de cultura: nos enteramos que vino un músico que el año pasado lo habíamos traído y este año vino solo, sin que nos avisara, es una suerte, es mejor, quiere decir que funcionó, que el contacto se hizo. Eso me parece que es lo ideal. Obviamente nosotros tenemos un diálogo también con el gobierno, con los líderes del país, pero si los pueblos, la gente, se conectan y trabajan sociedad con sociedad, es ideal. Otra respuesta más, mirándolo desde un lugar más teórico: creo que la diplomacia ya entendió que habla también con la gente y no solo con los líderes. Eso dejó de pasar, un poco la tecnología lo permitió porque antes tampoco se podía. Yo no me podía parar en el techo de la embajada y hablarle al pueblo uruguayo, pero ahora puedo porque están Twitter, Facebook y miles de cosas que permiten un diálogo con la sociedad uruguaya, no solamente con el líder.
Ariel, para terminar… En Israel suele sentirse que afuera-inclusive en países amigos- no todos entienden cabalmente su situación. Y no me refiero solamente a épocas de guerra. ¿Qué te parece a ti que es importante que todos sepan de la vida diaria en Israel?
Yo creo que si hubiera una escala que mide los países sobre los que la gente más cambia su opinión una vez que los visita, Israel estaría en uno de los lugares más altos. Es de los países cuya imagen es más diferente desde afuera y desde adentro. A menudo, quien no lo visitó nunca, tiene una imagen distorsionada, para mal. No estoy diciendo que en la realidad no hay cosas malas en Israel sino que en general se las presenta mucho peor de lo que son en la realidad. O sea, no hay país que sea perfecto. Israel no es perfecto, pero sí es un país que a pesar de todo -y tiene muchas cosas en contra- hace mucho esfuerzo por seguir siendo positivo. Se ha visto complicado con cosas que no quiso y que no buscó. Sin embargo, es un país que siempre brinda muchas cosas hermosas que mucha gente no conoce. Yo podría hacer ahora una lista ahora de remedios, de aparatos de tecnología, que fueron desarrollados en Israel. Pero voy más allá de eso: destaco la insistencia de Israel en no renunciar a cosas que son complejas: ser a la vez laico y religioso, ser a la vez respetuoso de la tradición pero moderno…Ya tanto nos costó como judíos tener un país que puede contener toda la complejidad del judaísmo y de la gente que vive en Israel-que por supuesto no todos son judíos ni deben serlo- que ahora no queremos renunciar a eso, aunque sea más complicado.
Y tú ves todo esto… y sabes cómo se lo ve a menudo a Israel, ¿y no entiendes?
La verdad que no. Hay una desproporción muy rara que no entendemos. Hay en algunos lados una especie de obsesión con Israel. No sólo que se habla mal, se habla mal desproporcionadamente. En cualquier ranking mundial que se haga, Israel no está en mala posición, en ningún parámetro, por más que como ya dije, claro está que tiene cosas malas. Lo vemos con las resoluciones en el Consejo de Seguridad .De 30 resoluciones, puede haber 20 sobre los territorios. Cualquier cosa que pase enseguida sale por todos lados, y mientras tanto en otros países mucha gente sufre y nadie les da bolilla. Y a raíz de todo esto, hay gente que se forma una imagen de Israel muy distinta de la verdadera. Estuve hablando hace unos días con un colega diplomático y bueno, salió el tema del imperialismo del que algunos acusan a Israel, y yo dije la verdad: yo cuando a veces hablo de Israel le tengo que mostrar a la gente dónde está en el mapa, porque casi no se ve en el mapa. ¡Es un imperialismo muy humilde! O sea, si ese es el “imperialismo” de Israel, es un imperialismo que no da para mucho. Es chico, y las zonas que están en disputa son más chicas todavía. Llamar a eso imperialismo es un poco ridículo… y bueno, como eso muchas cosas más.
Ariel Bercovich, nuevo cónsul de Israel: “Yo elegí venir a Uruguay”
07/Ene/2016
Semanario Hebreo, Ana Jerozolimski