Etgar Keret: palabras que hablan en voz baja

28/Dic/2015

La Nación, Ideas, Por Hinde Pomeraniec

Etgar Keret: palabras que hablan en voz baja

¿Qué cuentos les narran a sus hijos los
padres que han tenido infancias trágicas? Ésta podría ser una buena pregunta
para Etgar Keret (1968), uno de los más grandes escritores israelíes, hijo de
sobrevivientes del Holocausto y dueño de un estilo irreverente y profundo. Un
estilo en el cual manda el humor judío en el registro de Bashevis Singer o
Sholem Aleijem, pero también en el de Woody Allen. «Cuando hay una realidad
que no puedes cambiar ni aceptar -suele decir Keret-, la única forma de
conservar tu dignidad es riéndote porque el humor es el instrumento de los
indefensos.»
La madre de Keret, quien pasó su infancia
en el gueto de Varsovia, eligió inventar historias para sus hijos, tal como
había hecho su madre con ella por necesidad, ante la falta de libros para leer
en el gueto. Su padre, en cambio, maquillaba anécdotas reales en las cuales los
personajes eran prostitutas («mujeres que escuchan los problemas de otras
personas»), borrachos («hombres que, cuanto más beben, más felices
son») y mafiosos («personas que te cobran alquiler incluso por cosas
que no son suyas»).
Cuando Keret tuvo edad suficiente para
preguntarle por qué había elegido esos personajes, el padre respondió:
«Mirá: pensé en contarte de aquella vez que los nazis llegaron a buscarnos
y nos escondimos durante 600 días o cómo los hombres de Hitler torturaron a mi
hermana, pero no me parecía adecuado. Entonces pensé que el tiempo que pasé
escondido en un prostíbulo en Italia había sido uno de los mejores momentos de
mi vida y elegí esas historias para contarte?».
Dice Keret -autor de Extrañando a
Kissinger, entre otros libros- que la influencia de los primeros cuentos es
decisiva. Es a través de ellos, asegura, que uno comprende que los otros tienen
sus sueños porque las narraciones le enseñan a uno a defender al género humano.

«Cuando leo Lolita, de Nabokov
-explicaba días atrás a un grupo de periodistas latinoamericanos en Israel, una
mañana de sol y risas-, no estoy defendiendo a un pedófilo aunque sí puedo
llegar a entender qué siente y cómo siente. Confundir puede también ser muy
moral: ser un escritor con moral no es estar a favor de los buenos. La fuerza
más peligrosa no es la maldad, es el automatismo. La lectura nos ayuda a
entrenar el músculo de la compasión.»
Keret, el que se dormía con historias de
pícaros y hoy arrulla palabras en clave de humor, asegura que la literatura
habla en voz baja y que hay que tener voluntad de escucharla. Dice, también,
que no nos ilusionemos, que no es posible confiar en ella para terminar con las
guerras. «No encontré nunca ningún libro capaz de detener una bala»,
se lamentó esa mañana.