Israel, Palestina y los dichos del embajador

27/Oct/2015

El Observador- Jonás Bergstein (De nuestros lectores)

Israel, Palestina y los dichos del embajador

En su edición del viernes 16, El Observador recoge algunas de las primeras declaraciones efectuadas por el flamante embajador del Estado Palestino, Walid Abdel-Rahim.
Las expresiones del embajador reiteran algunos lugares comunes: “crimen de guerra”, “ocupación colonial que (…) pretende eliminar al pueblo palestino”, “terrorismo de Estado”, y un largo etcétera. Se trata de los viejos clichés que demonizan todo lo que tiene que ver con Israel y lo judío con los estigmas que todos conocemos. Inútil sería ocuparme de ellos. No responden a la razón, sino que apelan a la pasión, al lado más oscuro del alma humana, esos “sentimientos torvos contra los que la cultura es impotente”, al decir de Vargas Llosa. Por eso prefiero ocuparme de los hechos. Y es en ese plano donde las expresiones del embajador evidencian al menos una omisión y dos inexactitudes que nos parecen insoslayables. Empiezo por la omisión. A la hora de referirse a los episodios violentos de las últimas semanas, la entrevista no contiene una sola mención a los premeditados atropellos en automóvil dirigidos a aplastar a transeúntes ni a los apuñalamientos sorpresivos protagonizados por adolescentes de 13 o 14 años. Cualquiera sea la razón ocasional de la actual escalada, el hecho concreto es que nada, absolutamente nada, justifica atrocidades de ese tipo. Y de eso en la entrevista no se dice una palabra. Me explico si acaso no hubiere sido lo suficientemente claro. Pongamos por hipótesis que todos los estereotipos que se deslizan en la entrevista fueran ciertos: que Israel ejerciere terrorismo de Estado, que promoviera el apartheid y cualesquiera otros desmanes que el imaginario colectivo pudiera imaginar. Pregunta: ¿acaso algo de eso justifica incitar a niños de 13 años a tomar un cuchillo y asesinar personas por la espalda (para luego convertirse en mártires)?
Paso ahora a las inexactitudes: la primera. Dice el embajador que la partición de Palestina del 47 habla de dos Estados. Y trascartón agrega: “la comunidad internacional creó el Estado de Israel y olvidaron el Estado de Palestina”. Aquí hay algo que no me cierra: si la partición habla de dos Estados, ¿dónde estuvo el olvido? No hubo olvido alguno. La resolución de Naciones Unidas de 1947 resolvió la creación de dos Estados, uno para los judíos y otro para los árabes. ¿Qué pasó? Pasó que los árabes no aceptaron esa solución –querían todo o nada (no sería esta ni la primera ni la última vez)-, y los ejércitos de cinco naciones árabes invadieron Israel.
La segunda. El embajador refiere a 67 años de ocupación. Desconocemos como llegó a esa cifra. Lo que modernamente se conoce como la ocupación de los territorios de la margen occidental del Jordán (Cisjordania) y de la franja de Gaza, comenzó tras la guerra de los Seis Días en 1967 (la de Gaza terminó en 2005 cuando Israel devolvió esos territorios –infelizmente sin que nada hubiere cambiado en lo que al lanzamiento de cohetes contra Israel desde esa franja se refiere). Aquí caben dos opciones: o bien el embajador se equivoca en el cálculo aritmético –nos puede pasar a todos-, o bien entiende que la ocupación comenzó en 1948, cuando, tras la guerra de la independencia israelí, Jordania (en el caso del margen occidental) y Egipto (en el caso de Gaza) hicieron suyos los territorios que la partición del 47 había asignado a los árabes radicados en Palestina. Si este último fuera el caso –los 67 años se computan desde el 48-, justo sería decir que ni Jordania ni Egipto hicieron el menor esfuerzo para asimilar e integrar a los pobladores árabes de esos territorios en sus respectivas naciones: más bien lo contrario. La dirigencia árabe prefirió utilizarlos como rehenes e instrumento de una propaganda política destinada a satanizar a Israel, en lugar de cumplir el rol de todo Estado que es velar por el bienestar de sus ciudadanos. Desgraciadamente, aun al día de hoy esos mismos pobladores (a quienes llamamos palestinos) siguen siendo objeto de la misma manipulación por parte de dirigentes árabes, mucho más preocupados por su guerra contra Israel que por la vida de sus habitantes.
He aquí una buena parte de la raíz de todo el problema.
JONÁS BERGSTEIN