8-3-2011
FERNANDO MENÉNDEZ ABANDONÓ TERRITORIO LIBIO GRACIAS AL MINISTERIO DE DEFENSA ESPAÑOL «El aeropuerto tiene capacidad para 600 personas y había como 2.500 adentro»
POR SEBASTIÁN AMAYA DE LA REDACCIÓN DE EL OBSERVADOR
Fernando Menéndez Lutar, un arquitecto uruguayo de 63 años que se fue a España en 1988 y que desde 1993 realizaba trabajos en Libia, contó cómo fue su experiencia para dejar el país tras las revueltas contra Muammar Gadafi. En los últimos dos años se había instalado en el país del norte de África para desempeñarse como gerente general de una empresa constructora que en el último período realizaba sistemas de riego. Hasta que el 24 de febrero logró salir del país. Hoy se encuentra en Sevilla.
¿Cómo vivió las protestas?
El 17 de febrero hubo una manifestación en Benghazi, que es la segunda ciudad de Libia. No tuvo mayor trascendencia para la gente de Trípoli, que era donde yo estaba, y no le dieron mucho corte. Pero todo fue creciendo y en determinado momento vimos que las noticias que llegaban de afuera eran muy preocupantes. En Trípoli estaba muy tranquilo, no había gran movimiento. Se veían sí muchas manifestaciones generalmente pro Gadafi -vamos a decir las cosas como son-, por lo menos en aquel momento.
¿Vio actos de violencia?
No, no vi en lo que era la ciudad de Trípoli. Yo vivía en el oeste de la ciudad, que es una zona muy extensa donde están las embajadas, hay muy buenas casas. Ahí no había más problemas que el ruido de las manifestaciones progubernamentales. Un día incendiaron una estación de Policía. Lo que había era un clima de inseguridad y la gente no sabía cómo iba a reaccionar el gobierno.
¿Cómo salió del país?
La situación se puso un poco más violenta cuando tuve que salir, porque el aeropuerto estaba controlado por la Policía, que son chicos muy jóvenes, no había un mando y yo creo que se habían tomado algo para ponerse eufóricos. Ahí el asunto se puso más peligroso. Imagino que tenían una orden de no tocar a los occidentales. Estuvimos 11 horas afuera del aeropuerto, en dos días, para poder entrar y proceder a irnos. Me fui en un avión que mandó el Ministerio de Defensa español que nos trasladó hasta Madrid, tanto a nosotros que éramos ciudadanos y residentes españoles, como a otros extranjeros que estaban deambulando para poder salir. En algún momento aparecieron soldados con armas. Los policías estaban desarmados pero tenían palos y a los egipcios les pegaban como si fueran su peor enemigo. Yo calculo que había entre 10 mil y 20 mil egipcios intentando una salida. No tenían pasaje y no tenían avión, porque el gobierno egipcio no envió nada. Estaban acampados muchos de ellos dentro del aeropuerto y por eso no se podía entrar, porque estaba colmado. También para protegerse, porque hacía frío.
¿Vivió momentos de tensión?
Había entre 10 mil y 15 mil personas en lo que venía a ser el parking del aeropuerto, que tiene un edificio parecido al aeropuerto de Carrasco viejo. Tendría una capacidad para 600 o 700 personas y adentro habría unas 2.500, de las cuales el 90% no tenía pasaje para viajar. Cuando se colmó la capacidad la cosa se puso más espesa. Cada tanto había una masa que presionaba para entrar y los policías salían con los palos de hierro a poner orden: había gente con la cara cortada. A los occidentales nos respetaban pero a veces nos miraban con ganas de pegarnos. Era el caos absoluto.
Estábamos protegidos por la Embajada de España, que no tenía más medios que una bandera y los físicos de policías españoles que estaban de particular, obviamente desarmados, y que nos cubrían para que no nos empujaran. No había ningún otro uruguayo conmigo, creo que había solo uno más en Libia, pero nunca llegué a conocerlo.Así pudimos entrar. Cuando los militares aparecieron con los fusiles dijimos ´aquí empiezan a los tiros con los egipcios y alguno se va a escapar para nosotros´, pero por suerte no pasó. En el aeropuerto estuve solo una hora, la que demoré desde que entré hasta que tomé el avión. El día anterior me mojé afuera intentando entrar y tuvimos que regresar para pasar la noche en la Embajada española. Al otro día regresamos y nos fuimos. Cuando me senté en el avión sentí un alivio muy grande.
¿Había críticas a Gadafi antes de las revueltas en la región?
Para nada. Aunque la gente ya tenía menos miedo de opinar y opinaba. Los que estábamos ahí ni pensábamos que se iban a contagiar de Egipto o Túnez. Libia estaba relativamente tranquila. Eso no quiere decir que tenían un buen gobierno y que la gente consideraba que estaba todo bien. Opinaban en voz más alta, con más libertad, de lo que yo aprecié desde que llegué por primera vez al país en 1993. Opinaban principalmente contra algunos abusos de poder que redundaban en beneficios económicos hacia quien abusaba: eso era lo que más molestaba. Pero para nada había una sensación de que iba a pasar lo que está pasando.
Un uruguayo escapó del caos
08/Mar/2011
El Observador, Sebastián Amay