Desolación y vergüenza

07/Mar/2011

El País, Juan Martín Posadas, editorial.

Desolación y vergüenza

Editorial 6-3-2011
Juan Martín Posadas
En estos días que corren no es posible ver los noticieros sin experimentar congoja, pasmo, indignación y desaliento; todo mezclado. Frente a nuestros ojos atónitos desfilan las imágenes de las revueltas de Túnez, Bahréin, Egipto, Libia, Yemen. ¡Qué terrible destino el de algunos pueblos!
Por todos lados los gritos, el frenesí, los rostros descompuestos, el alarido de quienes han sido pisoteados generación tras generación, embrutecidos en la pobreza, viviendo en territorios rebosantes del oro negro del petróleo y gobernados -mejor dicho, dominados- por déspotas de su misma raza, hijos de esa misma geografía enorme y calcinada.
No sabemos bien qué reclaman esas turbas; intuimos que tienen un único reclamo: que les saquen la pata de encima. Periodistas y políticos occidentales se contorsionan en explicaciones suponiendo que reclaman democracia. En realidad esa palabra no tiene contenido ni en la cultura milenaria de la cual son hijos ni en los genes individuales de generaciones y generaciones de fanatismo religioso, esclavitud, guerras tribales, colonización y hambre. Quieren que hoy les saquen la pata de encima: mañana se verá. Nunca tuvieron mañana, siempre un permanente hoy de sometimiento y olvido, repetido igual año tras año, muchos años, los que duraban los amos impuestos por las armas, (adornados por occidente como garantía del orden). Egipto puede tener un mañana, como lo podrá tener Cuba cuando se acaben los Castro: hay clases medias, hay hospitales, no hay 50% de analfabetos. Pero ¿qué mañana puede tener Libia?, o Somalia, Etiopía, Sudán, Afganistán y similares regiones desamparadas de las que nos hemos olvidado rápidamente porque no es soportable abarcar tantas tragedias.
Y encima la decepción de occidente, que es como la decepción de nosotros mismos. Todos esos déspotas eran recibidos y homenajeados en el Quirinale, en el Eliseo. Pero no sólo ahí: en los bancos más prestigiosos, los que nos ponen al Uruguay en las listas negras de OCDE por sospechosos de lavar dineros mal habidos. ¿Hasta la semana pasada nadie en Europa sabía de qué calaña era Gadafi? Ahora nos enteramos (nosotros, los desinformados) que Libia es dueña del 1% del enorme capital de ENI (la Ancap italiana) y que tiene el 7.5% de Unicredit, el mayor banco de Italia, y que es uno de los dueños del grupo Pearson, editor del Financial Times. Y Libia es Gadafi; no hay otra Libia, no la había cuando lo agasajaban los jefes de estado europeos que necesitan comprar todo el petróleo libio (y el gas de Argelia).
Y como Europa no puede funcionar sin el petróleo libio muy pronto van a desaparecer de las pantallas todos esos desarrapados que dan gritos y tiros al aire, todas esas pobres gentes cuyas vidas valen poco y nada, religiosamente fanatizados ellos y sus sometidas mujeres, maltratadas por sus maridos, despreciadas por sus hermanos y vendidas por sus padres. No los veremos más porque va a haber una solución para el problema de Libia. Pero no para ellos. Va a haber una solución para que Europa no se quede sin petróleo: eso sería inconcebible. Que el pasado y el desierto vuelvan a devorar a esa pobre gente sin nombre, eso es inconcebible. ¡Qué horror!