La mente del siniestro evangelista de Hitler

07/Sep/2015

El País, España, Por Jacinto Antón

La mente del siniestro evangelista de Hitler

Resulta un raro y oscuro privilegio asomarse a
la intimidad de un gran criminal nazi. Si hace unos meses podíamos leer las
cartas de Himmler a su esposa (Himmler según la correspondencia con su mujer,
Taurus), ahora aparecen los diarios de otro de los jerarcas del III Reich (y,
en difícil competición, uno de los más repulsivos), Alfred Rosenberg (Tallinn,
1893-Núremberg, 1946). Se publican en una edición cuidadísima y apasionante a
cargo de los historiadores alemanes Jürgen Matthäus y Frank Bajohr (Alfreg
Rosenberg, diarios 1934-1944, Crítica).
Como las cartas privadas del jefe de las SS,
los diarios del ideólogo del nacionalsocialismo y ministro para los Territorios
ocupados del Este –Rosenberg aunaba como nadie teoría y praxis- constituían un
material en buena medida inédito. La mayor parte de dichos diarios, el reverso
del de Anna Frank, por así decirlo, se hallaban desaparecidos desde el proceso
de Núremberg, donde Rosenberg fue juzgado con el resto de la crême del
hitlerismo y condenado a la horca. Cuatrocientas páginas manuscritas se las
había quedado, como souvenir y valiosa fuente documental para sus propias
publicaciones, el representante de la acusación Robert M. W. Kempner que las
mantuvo en su poder hasta morir en 1993. No fue sino hasta 2013 que el Gobierno
estadounidense consiguió confiscar el material y entregarlo al Museo Memorial
del Holocausto de EE UU.
Los diarios se hallaban desaparecidos desde el
proceso de Núremberg, donde Rosenberg fue juzgado y condenado a la horca
El del Reichsleiter Alfred Rosenberg, “padre
de la Iglesia del nacionalsocialismo” y “guardián del Este”, como lo denominaba
el propio Hitler (él se veía sin falsa modestia como “la encarnación del
programa” nazi), es el único diario personal de un alto dignatario del III
Reich que se conoce, junto con el de Joseph Goebbels, con el que curiosamente
mantenía una relación de odio mutuo, expresado en las anotaciones de ambos,
llenas de descalificaciones hacia el camarada. Rosenberg llama al ministro de
Propaganda “foco de pus” y lo considera en su diario un “lastre moral del
nacionalsocialismo” (!) por su rijoso comportamiento con las mujeres,
comparándolo -de acuerdo con las obsesiones nazis- “con el los directores
generales judíos que coaccionaban sexualmente a sus empleadas”. El otro gran
centro de sus descalificaciones es el vanidoso ministro de Exteriores Von
Ribbentrop, al que no duda en denominar “idiota” –en Núremberg los ejecutaron a
los dos sin hacer distinciones-. En cambio se llevaba relativamente bien con
Goering, que no es que fuera un hombre fácil. De Bormann critica sus “modales
de leñador”.
La edición de los diarios del que ha sido
considerado, por su intento de sistematización y rigor doctrinario, el Pablo de
Tarso del nazismo de manera extraordinariamente contextualizada y con el
añadido de documentos que completan la figura del siniestro y odioso personaje.
Esto es importante porque en los diarios propiamente dichos uno buscará
infructuosamente referencias claras y directas al Holocausto, del que Rosenberg
fue uno de los perpetradores. La edición incluye, por ejemplo –documento 13-,
el texto de su discurso del 18 de noviembre de 1941 en el que afirma que la
“cuestión judía”, «solo puede resolverse mediante la eliminación
biológica”. Mientras que en otro documento que se adjunta (9), el Acta del
debate sobre la situación política y económica del Ostland en la reunión con el
ministro del Reich Rosenberg, del 1 de agosto de 1941, se señala que en
Lituania “se ha liquidado a unos diez mil judíos”.
En los diarios, Rosenberg se muestra como un
individuo fatuo, ambicioso y arrogante, encantado de conocerse, pagado de sí
mismo hasta la megalomanía (“mi nombre lo dice todo”, “esta época no está
preparada para oírme”), inmisericorde e insensible y a la vez de un grotesco
sentimentalismo en su servil relación con Hitler –en las entradas anota
cuidadosamente (y patéticamente) cada muestra del favor de del Führer,
incluidas palmadas en el hombro, apretones calurosos de mano y palabras de
aliento o afecto (“Rosenberg es una mente privilegiada”)- .
En un pasaje explica que le saltan las
lágrimas al recibir el Premio Nacional, en otro se felicita por el éxito de su
libro El mito del siglo XX, la segunda Biblia del nazismo con el Mein Kampf y
destaca su propio liderazgo espiritual sobre el movimiento.
En las entradas, el ministro anota
cuidadosamente cada muestra de favor del Führer, incluidas palmadas en el
hombro
El tipo caía mal hasta a la mayoría de los
propios nazis –que se reían de sus ínfulas de pensador (era, según lo definió
uno de sus subordinados, con notable ironía, el único de la cúpula del partido
que se tomaba el nacionalsocialismo completamente en serio)-. Pero no hay que
subestimarlo. En realidad acumuló un enorme poder, en especial con la “gran
misión” que le encomendó Hitler en el Este –convirtiéndolo en prácticamente
virrey en un territorio desde el Báltico hasta el Caspio, casi toda la Unión
Soviética europea, con 180 millones de personas, dividido en dos comisariados-,
y fue directamente responsable de sufrimientos sin cuento, legitimando además
la práctica criminal del régimen. “Las leyes de la historia son duras”,
escribe.
Muchas de las páginas de los diarios están
dedicadas a explicar sus pugnas con otras instancias del III Reich para
conseguir áreas de dominio. Notable es el pulso con Himmler para subordinar la
actividad de la policía y las SS a su égida política. No le importaba que los
hombres del Reichführer mataran a diestro y siniestro en los territorios que él
administraba, pero debían hacerlo respetando su autoridad nominal. Los
diferentes planes nazis para Ucrania y el Cáucaso, que detalla, resultan hoy de
especial significancia. A partir de 1944 se observa una pérdida de su
influencia y un alejamiento del amado Führer (Hitler ya no le recibe). En
varias entradas en 1943 describe los efectos de los bombardeos Aliados sobre
Alemania, y en 1944, el atentado del 20 de julio (“crimen único en la
historia”).
Los diarios están llenos de pasajes de enorme
interés. Como el del caso Hess, “uno de los episodios más increíbles del NSDAP
(el partido nazi) al que no le faltan episodios raros”, como anota con humor no
pretendido. Rosenberg señala que él fue el último en hablar con el
lugarteniente de Hitler antes de que partiera en 1941 para su extraño vuelo a
Inglaterra. Achaca la empresa de Hess a que éste “se había adentrado en un
mundo irreal a causa de su interés en los astrólogos, curanderos, etcétera”.
«Al abrirse la puerta, Hitler se abalanzó
sobre Röhm gritándole: ‘¡Está usted detenido, cerdo!»
De la Noche de los Cuchillos Largos, la
eliminación de Röhm y la cúpula de la SA en 1934. explica que Hitler, tras
fingir la voz para que el viejo camarada de lucha le abriera la puerta, se
abalanzó sobre Röhm, que estaba tendido en la cama, gritándole “¡Está usted
detenido, cerdo!”; y cómo después, al hallar a otro líder SA en “actitud
homosexual” agarró al “joven prostituto” que besaba a su amante en la espalda y
lo lanzó con asco contra la pared, antes de hacerlos fusilar.
Alfred Rosenberg
Son reveladoras las anotaciones que hace
durante los JJ OO de Berlín de 1936 sobre la indignación racista de varios
altos invitados británicos con los atletas estadounidenses negros que les
arrebatan las medallas a sus deportistas. Rosenberg se muestra muy complacido
con esa actitud.
La lucha contra el cristianismo –como rival de
la nueva religión nazi- y especialmente contra Roma es una de las obsesiones
que aparecen reflejadas en los diarios, al igual que el “judeo-bolchevismo”.
Rosenberg reivindica a Nietzsche, le pega algún viaje a Wagner (tiene dudas con
Tannhäuser) y explica cómo su equipo de operaciones especiales (el Comando
Reischleiter Rosenberg) depreda el patrimonio cultural y artístico judío,
incluidos “Rembrandt, Rubens, Vermeer, Fragonard, Goya, etcétera”.
El 2 de abril de 1941 recoge su nombramiento
para los territorios del Este, que Hitler esencializa con la frase:
“¡Rosenberg, esta es su oportunidad!”. “Millones… y con ello el destino de sus
vidas se pone en mis manos”, anota entusiasmado y añade ominosamente: “Que
algún día millones de extraños maldigan la realización de esta necesidad”.