Demasiado jóvenes para casarse

07/Sep/2015

Página 7, Bolivia, Por Julián Schvindlerman

Demasiado jóvenes para casarse

La niña tiene cinco años y es despertada por
su tío en una madrugada en la India. Alcanza a agarrar un juguete mientras es
alzada, rodea el cuello del hombre con sus bracitos y arroja una mirada ojerosa
y desoladora hacia la nada mientras es llevada hacia su casamiento clandestino
con un adulto desconocido. Posiblemente no comprenda nada de lo que está
sucediendo. Pero Stephanie Sinclair, fotógrafa estadounidense de
National Geographic, sí comprende. Apunta su cámara y capta el momento,
eternizando así una de las imágenes más tristes de nuestra era, la que
testimonia el atroz fenómeno de los casamientos infantiles en el mundo.
“Demasiado jóvenes para casarse” es la
exposición fotográfica itinerante que ella y el Fondo de Población de las
Naciones Unidas han estado ofreciendo a quien quiera verla. Recorrer la muestra
es adentrarse en el oscurantismo. Las fotos son fuertes y su impacto, duradero.
Sea en Afganistán, Nepal, Yemen, Guatemala o México, los trazos de esta malaria
social son idénticos en todas partes: niñas o adolescentes vestidas para la
boda con hombres mayores, o posando junto a sus maridos adultos viéndose ellas
tan pequeñas, o cargando a sus hijos en su sufriente soledad. Una década de
trabajo documental conforman una exhibición que denuncia lo inconcebible. Como
el caso de Aisha Bibi, adolescente afgana entregada por su familia a un hombre
en compensación por un delito que alguien de su clan cometió. Ultrajada
cotidianamente, se fugó, fue devuelta por la policía a su esposo y él y otros
hombres le cortaron la nariz y las orejas en castigo. O el caso de Nujood Ali,
casada a los nueve años en Yemen con un hombre de treinta, se escapó y tuvo la
buena suerte de que un juzgado la escuchó y la liberó. A los diez años de edad
era una divorciada.
Las estadísticas que ofrece la muestra son
escalofriantes. Cada día más de cuarenta mil niñas se unen en matrimonio
forzoso a hombres adultos en docenas de países diferentes. Quince millones al
año. Es decir, cada dos segundos una niña de entre 5 y 16 años es forzada a
casarse con un mayor. Durante la primera década de este milenio, datos
recogidos en 78 naciones revelan que las niñas más pobres, con menor educación
y habitantes de las zonas rurales son las más expuestas a los matrimonios
precoces. El 44% de las menores de 18 años de las que provienen de zonas
rurales, contra un 22% de las que residen en áreas urbanas, contraerán
matrimonio con adultos. Aquellas que sólo poseen educación primaria corren más
riesgo de padecer este fenómeno que aquellas que acceden a niveles superiores
de educación formal. Las más pobres tienen cuatro veces más probabilidades de
ser casadas prematuramente que aquellas provenientes de hogares de mejores
recursos. La mayoría de las niñas afectadas por este fenómeno viven en el sur
de Asia, África subsahariana y América Latina.
El matrimonio infantil acontece en muchas
regiones del mundo pero es en los países en vías de desarrollo donde el
fenómeno es más acuciante: salvo en China, una de cada tres niñas estaba casada
al cumplir los 18 años para el año 2010. Usualmente quedan embarazadas de
manera prematura, lo que las expone al riesgo de morir durante el parto o de
sufrir algún tipo de discapacidad. Muchas de ellas padecen abusos, violaciones
y maltrato. Incluso si no los padecen, estar atrapadas en un matrimonio que no
eligieron, con un hombre mucho mayor y sin oportunidad de expresar su
individualidad libremente, y a una tierna edad, las hace correr serio riesgo de
quedar emocionalmente deprimidas. De hecho, varias de estas niñas-esclavas
deciden inmolarse para fugarse de su horrible destino.
El matrimonio infantil supone una violación a
los derechos humanos de las niñas al ser obligadas a casarse contra su
voluntad, con un hombre mayor al que no aman, anulando así sus proyectos
personales, exponiéndolas a vejaciones y condenándolas a la tristeza perpetua.
El aporte del Fondo de Población de la ONU y de Stephanie Sinclair a la
concientización pública por medio de este material de denuncia es de
importancia suprema. Semejante primitivismo social debiera ser inadmisible en
todas partes.