Quien es quien en la guerra de Yemen

23/Jul/2015

La República, A. Taleb Omar

Quien es quien en la guerra de Yemen

Yemen, o el rincón más pobre de la Península Arábiga, se encuentra atrapado en el caos que supuso la transición abortada. Estrangulado por la guerra entre sus entes políticos y el cruce de intereses de las potencias regionales. Con unas instituciones en parálisis y una aguda crisis humanitaria. Es decir, un país totalmente somalizado.
La guerra y las divisiones sectarias no son recientes en un país que siempre ha recurrido a las armas para dibujar su mapa político interno. Cuyo reparto del poder se ha visto sacudido por los vientos de cambio que trajo una primavera árabe que nunca floreció. Las facciones políticas no son pocas, y las lealtades giran en torno a las tribus y las diferentes confesiones religiosas, en una composición social y religiosa relativamente heterogénea.
El reciente vacío de poder que vive el país, tiene sus raíces en la gestión de la salida en 2011 del presidente Ali Abdalá Saleh que ha ocupado la presidencia durante más de tres décadas. Los países del Consejo de Cooperación del Golfo, capitaneados por Arabia Saudí, orquestaron la transición mediante un nuevo orden, lo suficientemente permisivo como para que el antiguo establishment siga gozando del control del tejido institucional del estado.
Una transición con cambios cosmética: trajo consigo el que era vicepresidente y un gobierno de unidad nacional que excluyó los actores locales emergentes como los Huthis, los milicianos del Movimiento Islah (versión local de los hermanos musulmanes) y las juventudes reformistas que iniciaron las protestas contra Saleh.
La debilidad del gobierno era palpable. No controlaba todo el territorio ni tenía la capacidad de ejercer su función. En este contexto, los Huthis, representantes de los chiís que constituyen un tercio de la población, supuestos aliados de Irán, y con una larga tradición combativa, se hicieron con el control de la capital en Saná; Al Qaeda en la Peninsula Arábiga -grupo wahabista-yihadista compuesto por los combatientes yemeníes retornados de Afghanistan y simpatizados por los sectores conservadores sunníes-, ocupó inmediatamente el enclave de Mukala; y el gobierno reconocido por la comunidad internacional -actualmente refugiado en Arabia Saudí junto con el propio presidente Abdrabbu Mansur Hadi-, aterrizó en Aden que posteriormente ha sido tomada por los Huthis y los aliados depuesto Saleh dentro del ejército como la Guardia Republicana, liderada por su hijo.
Los saudíes que siempre han considerado Yemen su patio trasero, se vieron incapaces de tragar la victoria de los Huthis que significaría la restauración de un régimen pro iraní. Por ello, no tardaron en formar una coalición (Operación Tormenta Decisiva), que cuenta con la participación de todo el vecindario sunní (Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Kuwait, Bahrein, Qatar, Sudan, Egipto, Jordania, Marruecos y Pakistán, así como el apoyo logístico de los EEUU).
La coalición está bombardeando Yemen desde el pasado 26 de marzo, dejando un millón de desplazados internos según la ONU, y sin cumplir ninguno de los objetivos por los cuales se formó, que consisten en recuperar el control del territorio ocupado por los Huthis y el retorno del gobierno que se encuentra en el exilio.
Muchos seguidores de la región coinciden en que el destinatario del mensaje subyacente detrás de la coalición es Irán. País que está presente en cuasi todos los conflictos bélicos abiertos en la región: las guerras civiles en Siria, Irak, Libano y ultimamente en Yemen, más el soporte que brinda a la resistencia pacífica de los chiís en Bahrein.
Muchas batallas están en juego en la guerra de Yemen. Es la lucha por el control de un territorio estratégico. Está la lucha sin cuartel contra la expansión de los persas en la Península Arábiga; el control de lo que esconde el subsuelo yemení; la batalla por el Golfo de Aden, ruta imprescindible para el crudo que exportan las monarquías del Golfo; y está en juego toda la guerra contra el terrorismo en la península dado al rol de Yemen en la exportación y elaboración de la ideología yihadista en todo Oriente Próximo.
Las hostilidades llevan ya más de 9 meses, sin que surjan vencedores claros. Y los intentos de acercamiento de las partes por las vías pacíficas, aún no están encarriladas. La ONU a través de su enviado especial, lidera el proceso de pacificación que hasta al momento no cuenta con una hoja de ruta ni con el consenso sobre la base de las negociaciones. Es decir, que las partes enfrentadas están tan alejadas hasta al punto de no contemplar -por el momento- otras vías de solución que no sean las armas.
Mientras tanto, el pueblo yemení está atrapado en una guerra con demasiados actores: Huthis, Islah, Al Qaeda, el presidente Hadi, el antiguo régimen, Arabia Saudí, Irán (indirectamente), y una feroz pugna por el poder. Que ha provocado un innegable drama humanitario y unas infraestructuras inhabilitadas. Y el severo embargo sellado por la comunidad internacional con el fin de parar la proliferación de armas, no ha hecho más que agudizar la crisis humanitaria.
A parte de ello, tampoco se salva el riquísimo patrimonio cultural yemení. Palacios pre-islámicos, mezquitas, edificios y murallas milenarias se encuentran dentro de la lista de los objetivos de los bombardeos de la coalición liderada por Riad. Según UNESCO, varios edificio de los cascos históricos -declarados patrimonio de la humanidad- de ciudades como Sana y Taiz sufrieron daños irreparables.
En fin, nadie puede predecir cuándo y cómo se cesa el fuego. Lo que sí es indiscutible, es la palpable somalización de Yemen. Un país más en el listado de los estados fallidos en Oriente Próximo.