La AMIA pide no pactar con los asesinos

20/Jul/2015

Infobae

La AMIA pide no pactar con los asesinos

Ariel Cohen Sabban, tesorero de la entidad,
brindó un fuerte discurso en el homenaje que se realizó en la calle Pasteur.
Pidió un pronunciamiento de los candidatos presidenciales. Participan la hija y
la abuela del fiscal fallecido Alberto Nisman
«No podemos pactar con los asesinos.
Legal y moralmente no podemos pactar con los asesinos». La frase fue pronunciada
por Ariel Cohen Sabban, tesorero de AMIA, en su discurso a 21 años del ataque
terrorista a la mutual judía. Su frase remite al Memorándum de Entendimiento
que el gobierno nacional firmó con Irán para indagar a los sospechosos de
realizar el atentado terrorista en 1994.
Cohen Sabban aseguró que de implementarse el
pacto con Teherán «terminará por siempre» con la causa AMIA y sólo
traerá más confusión». Además le pidió al Gobierno que «vuelva a la
postura valiente que tuvo durante años» para que los acusados sean
sometidos ante la Justicia.
El mensaje incluyó también críticas para el
juez federal que está a cargo de la causa, Rodolfo Canicoba Corral, a quien le
solicitaron que impulse las órdenes internacionales de detención a los autores
intelectuales y materiales de la voladura.
«Los terroristas sabían que la Argentina
les ofrecía las mejores condiciones para su macabro plan. Pero ni el más
pesimista de nuestros compatriotas podía imaginar que 21 años después nadie iba
a estar cumpliendo una condena. La falta de Justicia es una burla para las
víctimas», sentenció Cohen Sabban.
Entre quienes escucharon el discurso sobre la
calle Pasteur se encontraba Iara, la hija mayor del fallecido fiscal Alberto
Nisman. También formaba parte de la conmemoración por un nuevo aniversario del
atentado que dejó 85 muertos Sara Garfunkel, la madre del ex titular de la
UFI-AMIA.
Las autoridades de la mutual judía solicitaron
además que los precandidatos presidenciales hablen públicamente sobre cuáles
son sus planes para contribuir con el esclarecimiento del atentado.
La periodista Cristina Pérez leyó una carta de
Iara: «Pedimos que nos acompañen y que nos ayuden a encontrar la verdad
sobre lo que pasó con mi papá, sea cual fuere, y sin dar importancia a las
cosas que a veces se dicen para ensuciarlo, porque él no se puede defender y le
restan valor a su trabajo y esfuerzo».
El discurso completo
Hoy recordamos el peor acto terrorista sufrido
en nuestro país hace 21 años.
Sí, aunque no lo parezca, ya hace 21 años que
el anhelo de todo el pueblo argentino por encontrar a los responsables de
semejante barbarie, no se concreta.
En 21 años una generación ya se ha hecho
adulta, viviendo toda su vida bajo la oscura sombra de la ausencia y la
impunidad.
Las preguntas que con el paso del tiempo
siguen sin encontrar respuestas, los sueños arrancados, los proyectos
destruidos, las historias cruelmente interrumpidas y, a pesar de todo, la
esperanza de que la defensa a ultranza del valor de la vida será aquello que
pueda salvar a la humanidad.
El terrorismo es un flagelo global. Los países
que lo fomentan, financian y apoyan deben ser denunciados claramente antes de
que se sigan cobrando vidas. Los estados libres, las organizaciones defensoras
de los derechos humanos, las sociedades de cada rincón del mundo que quieren
vivir en paz, tenemos que aunar esfuerzos para detener el avance de quienes
atropellan nuestros valores a sangre y fuego.
Argentina, un país que desde su conformación
fue siempre mirado como un ejemplo de respeto por la diversidad y la
convivencia pacífica, fue elegida como blanco por el fundamentalismo asesino
que hoy, bajo diferentes denominaciones, amenaza al mundo entero.
Setenta años atrás, la falta de reacción del
mundo ante las atrocidades del régimen Nazi impidió que pudieran salvarse a
millones de personas de la maquinaria asesina más grande de la historia. No
podemos repetir nuestros errores y quedarnos callados ante el peligro más
grande de nuestro tiempo.
El 18 de julio de 1994 nos enfrentó con la
peor cara de nuestra especie. 85 seres humanos asesinados por decisión de otros
seres humanos. Tan simple y tan inexplicable. La intolerancia, la xenofobia, la
ceguera del fanatismo extremo, resumidos en un instante en el que se detuvo el
tiempo. Un segundo sin vuelta atrás. Un momento que nos deja perplejos ante el
sinsentido de la violencia.
Quedó claro entonces que nada habíamos
aprendido del atentado que sufrimos dos años antes en la sede de la Embajada de
Israel en Buenos Aires. Sin dudas los terroristas sabían que Argentina les
ofrecía, una vez más, las mejores condiciones para ejecutar su macabro plan.
Pero luego de semejante atrocidad ni el más pesimista de nuestros compatriotas
podía haber imaginado que, pasados 21 años, nadie iba a estar cumpliendo una
condena. La falta de justicia, la impunidad más grosera que hayamos conocido,
es una burla descarada hacia las víctimas y la deuda pendiente más grave que
tenemos como sociedad.
En el año 2005 el Estado Nacional se declaró
responsable por no haber podido cuidar la integridad de sus ciudadanos y se
comprometió a asumir una cantidad de obligaciones enumeradas en un decreto,
tendientes a resarcir a las víctimas, fortalecer la investigación e
instrumentar todos los mecanismos necesarios para minimizar las posibilidades
de un nuevo ataque.
El mismo Congreso que tardó 10 años en
sancionar una ley a favor de las víctimas que aún no se ha instrumentado,
necesitó sólo un mes para aprobar el Memorándum de Entendimiento con Irán.
Desde los albores de la investigación se
determinó que los autores intelectuales y materiales del atentado fueron
funcionarios del entonces gobierno de la República Islámica de Irán, y de la
agrupación terrorista Hezbollah. Esa línea de investigación se fue
fortaleciendo y profundizando con el tiempo, y dio lugar a los pedidos de
captura internacional que hoy cuentan con el aval de Interpol.
Pedimos a nuestro Gobierno que vuelva a la
postura valiente que mantuvo durante años, y que redoble los reclamos en el
máximo nivel internacional para que se tomen medidas concretas, para que los
imputados iraníes sean algún día sometidos a la Justicia.
Hace dos años y medio, cuando pudimos conocer
el contenido del acuerdo firmado con Irán, un contenido sobre el cual nunca
fuimos consultados, manifestamos nuestro rechazo.
Que quede muy claro: no nos oponemos a la
intención de buscar caminos legales alternativos que se propongan avanzar en la
causa; criticamos el instrumento utilizado y el texto acordado, por su
inconsistencia, sus falencias y los riesgos a futuro.
El Memorándum, más allá de las intenciones que
lo puedan haber impulsado, en la práctica no obtuvo ni repercutió en el avance
concreto de quienes la justicia, nosotros y la sociedad en su conjunto creemos
culpables.
Nos opusimos a su implementación porque
entendemos que terminará para siempre con la causa AMIA. Que sumirá la
investigación en un laberinto del que no saldría jamás. Que sólo traerá más
confusión, cuando lo que necesitamos son certezas.
No podemos pactar con los asesinos. Legal y
moralmente, no podemos pactar con los asesinos.
El fallo de la Cámara Federal nos dio la razón
al declarar el acuerdo con Irán contrario a la constitución nacional y a
nuestras leyes, y en la práctica lo dejó sin efecto. También los jueces
reconocieron que no sería de ninguna utilidad, y que resultaba violatorio de
todos nuestros derechos como víctimas.
Ahora es la Cámara de Casación la que tiene
que resolver sobre la legalidad del Memorándum. Sin embargo hace pocos días
vimos que dicha cámara se vio obligada a suspender y dilatar nuevamente su
fallo. Nuevamente estas demoras postergarán, una vez mas, un fallo definitivo.
Consecuentemente solicitamos que todos los
jueces involucrados actúen con la máxima celeridad, cumplan en tiempo y forma
con sus deberes como jueces de la Nación a los efectos de obtener el fallo de
la Cámara.
Somos y representamos a las víctimas, y no
vamos a tolerar ninguna acción que nos quiera colocar en el lugar de
victimarios. No vamos a permitir que se nos acuse de obstruir la Justicia y de
ser responsables del fracaso de los poderes del Estado.
No vamos a disculparnos por ejercer nuestros
derechos. No vamos a ceder en nuestros reclamos. Nuestra postura transitó
siempre los caminos que señala la Constitución Nacional. Sin embargo, por el
simple hecho de manifestarnos críticos hacia una decisión, somos sometidos a
una suma de agresiones e intentos de desprestigio.
Hace pocos meses incluso traspasaron cualquier
límite al intentar involucrarnos como parte de una conspiración internacional.
Nos llamaron «traidores a la patria».
Nos lastima y nos ofende. Es absurdo tener que
aclarar que los traidores a la patria no somos quienes debemos trabajar,
estudiar, rezar o hacer cualquier tipo de actividad, en edificios custodiados
con pilotes.
Los traidores a la patria no tienen un
Servicio de Empleo que ayuda a miles de argentinos en todo el país, no
organizan propuestas culturales abiertas y gratuitas en forma diaria, no
brindan soluciones a cientos de familias en situación de vulnerabilidad social.
Porque eso es lo que hacemos en AMIA todos los días poniendo en acción los
valores de la solidaridad, la justicia social, la equidad y el amor al prójimo.
Hay algo que debe quedar muy claro: para
golpear y atacar salvajemente a la comunidad judía y a toda la sociedad
argentina, los terroristas eligieron a la AMIA. No podemos negar esa referencia
y por ello seguiremos en primera fila reclamando en forma permanente por verdad
y justicia.
Nosotros fuimos las víctimas del terrorismo y
somos víctimas de la impunidad. Los traidores a la patria, tendrán que buscarse
en otro lado.
Es necesario volver a reclamar a Interpol la
efectiva vigencia de los pedidos de captura internacional que pesan sobre los
acusados de ser los autores intelectuales del atentado. Sin su colaboración con
la Justicia Argentina y con la Justicia internacional, los imputados seguirán
burlándose de nosotros y de las víctimas, como lo hizo en el pasado el Ministro
de Seguridad de Irán al ingresar en territorio boliviano.
Le solicitamos al Juez Canicoba Corral que,
como se lo ordenó la Cámara Federal, requiera a Interpol que busque activamente
a los sospechosos iraníes, y que los pedidos de captura no sean solamente una
formalidad. Son sospechosos de haber cometido un crimen de Lesa Humanidad, y
deben ser buscados y perseguidos activamente.
A nivel nacional, desde el fallo de la Corte
Suprema en el año 2009, que ordenó reabrir la investigación por la conexión
local, NADA se ha avanzado en el esclarecimiento total del hecho.
Sabemos quiénes fueron los autores
intelectuales y materiales, pero sabemos también que tuvieron colaboración
local. Hubo gente aquí, en esta ciudad, que les prestó auxilio.
Es un imperativo moral, y ésto se lo decimos
de manera directa al Juez Canicoba Corral, a los Fiscales Namer, Murray,
Sabadini y Salum, ahora a cargo de la causa, investigar, descubrir y enjuiciar
a esos cómplices.
Son ellos quienes deben esclarecer de manera
definitiva la conexión local.
Todavía no nos pudieron decir quiénes dieron
ayuda a los terroristas; quiénes albergaron al conductor suicida; quiénes
ofrecieron un lugar seguro para terminar de armar el coche-bomba; quiénes y
dónde proveyeron el explosivo, y tantas otras preguntas más que a 21 años del
hecho siguen acuciándonos y exigiéndonos que mantengamos firme el reclamo.
No es sencilla la tarea de los nuevos
fiscales. Pero son ellos quienes deben darnos las respuestas para esas
preguntas, junto al juez de la causa. Esa sigue y seguirá siendo una deuda
intransferible del Estado.
En pocas semanas empezará el juicio por lo que
suele llamarse el «encubrimiento». Se dijo siempre que esa causa
permitirá conocer más detalles sobre el atentado. Queremos que se determinen
las responsabilidades que correspondan. Pero no que se quiera desviar el foco
de nuestra atención. Lo dijimos muchas veces: no queremos una caza de brujas,
no queremos culpables porque sí. Queremos un juicio justo, al amparo de la ley,
con jueces imparciales que permanezcan ajenos a cualquier manipulación
política.
Hasta hace tres años éramos tildados de
oficialistas por haber apoyado determinadas decisiones que hasta ese momento
habían sido tomadas en relación a la causa y por haber acompañado los discursos
del entonces presidente Néstor Kirchner y de la presidenta Cristina Fernández
en la Asamblea de las Naciones Unidas, en los que reclamaron a Irán la
colaboración con la justicia argentina.
Hay quienes quieren señalarnos como opositores
por haber manifestado nuestro desacuerdo frente al Memorándum. No somos ni una
cosa ni la otra, ni vamos a permitir que se nos quiera utilizar como moneda de
cambio en ninguna disputa electoral.
Intentamos mantener nuestras convicciones y
expresarlas con independencia, sin participar de discusiones que nada tienen
que ver con nuestras prioridades. Podemos acertar o equivocarnos, como todos,
pero lo que hicimos, hacemos y haremos, será siempre con absoluta libertad.
La causa AMIA no es un tema de la comunidad
judía, ni de un partido político, ni del oficialismo, ni de la oposición. La
resolución de la causa AMIA debe convertirse en una cuestión nacional que nos
saque de la vergüenza en la que vivimos estos últimos 21 años los argentinos.
Sería muy bueno saber qué opinan sobre este tema los precandidatos
presidenciales y conocer cuáles serán los compromisos que asuman en caso de
ganar las elecciones para saldar esta deuda. Los 40 millones de argentinos
tenemos que estar involucrados y exigiendo justicia por esta herida que sigue
abierta.
Mañana se cumplen también seis meses de la
muerte del fiscal Alberto Nisman. Un hecho tan traumático para la sociedad nos
hizo sentir los ecos de la bomba del 18 de julio. todavía resuenan con fuerza.
Rápidamente y como un triste y penoso rasgo de nuestros tiempos, se buscó
presentar el tema con los códigos propios de la farándula. Se hurgó de manera
vergonzosa en el ámbito de la vida privada para encontrar todas aquellas
excusas que permitieran desviar la atención de lo verdaderamente importante:
¿qué pasó y cómo murió el fiscal que investigaba el atentado?
Desde AMIA decidimos no hacer conjeturas ni
emitir opiniones con liviandad y sin ningún tipo de respaldo en la contundencia
que sólo brindan los hechos. Sin tener certezas ni elementos para aportar y
probar, no podíamos sumar nuestra voz a la artillería verbal de la que fuimos
testigos y que tuvo lugar, sin el mínimo decoro, sin siquiera respetar a los
deudos.
Sin embargo, muchos parecieron interesarse más
por los detalles amarillos que imaginar el futuro de dos hijas pequeñas que se
quedaron sin su padre. Mientras la investigación sobre el atentado terrorista
más importante de la historia argentina se quedaba sin el fiscal que debía
liderarla, alguna dirigencia política hacía cálculos sobre el impacto de una
nueva muerte en el resultado de la contienda electoral. Y una parte del poder
judicial, que mantiene una inmensa deuda con la sociedad en su conjunto,
derramó lágrimas de dudosa sinceridad por la pérdida de uno de sus miembros.
Muy pocos pudieron estar a la altura de los acontecimientos.
Las extrañas circunstancias en las que se dio
el fallecimiento del fiscal Nisman, redoblan la obligación por conocer
exactamente qué sucedió. La salud de la República está y estará en jaque hasta
tanto un hecho de tamaña gravedad y trascendencia no sea esclarecido.
Así como dijimos que ni el más pesimista podía
imaginar que íbamos a llegar a los 21 años sin un solo condenado, también
sabemos que muchos apostaron a que el paso del tiempo hiciera sucumbir nuestro
reclamo.
Sin embargo, por más que a algunos les
incomode y hayan querido deslegitimar este espacio, aquí estamos.
Sobre la misma calle que se cubrió de polvo,
escombros y sangre, donde personalmente participé activamente de la remoción de
los mismos, nos pusimos de pie y seguimos reclamando, acompañados por todos
ustedes. Lo hemos hecho ante las distintas autoridades del estado durante los
últimos 21 años y seguiremos aquí exigiendo nada más que verdad y nada menos
que justicia.
Trabajar por una sociedad en la que se
defienda el derecho a la vida por sobre cualquier otro interés, debe ser un
compromiso, una responsabilidad y un imperativo ético para todos.
Sólo así tal vez tengamos la oportunidad de
permitir que los familiares vuelvan a mirar las fotos de aquellos seres
queridos de quienes no se pudieron despedir y decirles, de verdad, que ya no
tienen que preocuparse, que se ha hecho justicia y que, de una vez por todas,
pueden empezar a descansar en paz.
Recuerdo aquella mañana del 18 de julio de
1994.
-Como puedo olvidar, como puedo olvidar los
gritos, llantos, desesperación de miles de personas buscando rastros de sus
seres queridos
-Como puedo olvidar aquellos rostros de éste
mismo lugar.
Pero hoy puedo ver éste edificio de la
Comunidad Judía y Sociedad Argentina que después de haber sido desbastado, se
erige como ejemplo de vida, de la sociedad toda.
Como
olvidar a todos ustedes y aquellos que vienen acompañando el reclamo Unánime
contra IMPUNIDAD.
– Como
Puedo olvidar aquellos centenares de voluntarios, que han puesto sus vidas en
peligro, con un único fin, VALORAR LA VIDA.
Por eso pido:
-un fuerte aplauso por nuestro reclamo de
justicia
-un fuerte aplauso por la vida.
-un fuerte aplauso por la memoria de nuestros
muertos.
-un fuerte aplauso por todas aquellas personas
que acompañaron nuestro reclamo.
-un fuerte aplauso, para que pronto veamos una
Argentina donde reine la JUSTICIA
Invocamos a Dios todo poderoso a iluminar el
destino de nuestro bendito país señalando el camino de la paz, la solidaridad y
la convivencia pacífica en la diversidad de los seres humanos marginando a
aquellos que optan por la muerte y el odio despreciando el valor eterno de la
vida humana.
Gracias a todos por acompañarnos.