Crónica de Pepe Sena, periodista uruguayo presente en el lugar de los hechos

17/Jul/2015

De la cuenta de Facebook de Pepe Sena

Crónica de Pepe Sena, periodista uruguayo presente en el lugar de los hechos

Quiso el destino que el 18 de julio de 1994,
hace 21 años, me encontrara en Buenos Aires. Ese día estaba en la casa de mi
madre a unas 20 cuadras del barrio de Once, en Caballito. Pese a esos más de
dos kilómetros de distancia a las 9.53 hs sentí como se movía la puerta de mi
habitación y el sonido lejano parecido a un trueno.
Estaba escuchando radio y viendo tv, la
emisora, creo que la FM Rock and Pop , se cortó y retomó unos segundos después.
Instintivamente tomé el teléfono y llame a Radio Nacional. Una hora antes había
pasado mi reporte como corresponsal temporal en la capital Argentina. Nada
nuevo, un día feriado en Uruguay y poca actividad en Bs As, que retomaba a ritmo
lento la actividad en un lunes gélido de invierno.
No eran aún las diez cuando Carolina García
recibió mi llamado. «No sé lo que pasó, Carola, pero algo pasó», le
dije a mi compañera intentando mantenerme atento a la radio y la tv local que
seguía con su programación habitual. Hacia menos de siete minutos que la AMIA
había volado en mil pedazos llevándose la vida de decenas de personas en el
mayor atentado terrorista en la historia del Rio de la Plata. Me mantuvieron en
línea. En el estudio el inolvidable Jorge Arellano entrevistaba al entonces
Canciller, Sergio Abreu, en vivo.
Ya eran las 10 de la mañana cuando el
periodista Mauro Viale apareció claramente nervioso en canal 7 y en vivo
anunció lo ocurrido aunque sin detalles. Había explotado una bomba en la calle
Pasteur, en el corazón del Once. Ahí pedí casi gritando que me pusieran al
aire. Arellano, bicho periodístico con mayúsculas, intuyó al instante que si lo
estaba llamando y pedía aire era por algo relevante. Fui contándole a Jorge y
al Canciller que se estaba enterando en ese momento, lo que los medios
comentaban, en un oído la radio en el otro la 30 y los ojos para la tv.
No había internet y los celulares apenas se
conocían como unos enormes aparatos negros que obviamente no llegaban a cruzar
el Río de la Plata. Toda la mañana conté lo que mostraba la TV, las reacciones,
la incertidumbre. Pero quería ir hasta el lugar.
Pasado el mediodía y luego de caminar varias
cuadras, el olor a gas me impactó fuertemente, me estaba acercando a la zona
del desastre. Lo que vi lo llevaré por siempre, dolor, caos, heroísmo por parte
de los bomberos y rescatistas… miedo. Permanecí sobre la calle Pasteur hasta
que me retiró la policía a las 21 horas. Esa madrugada me quede en la zona y
salí al aire desde un teléfono público en Córdoba y Junín ya en la mañana del
19 de julio para contarle a Jorge y los oyentes lo que ya es historia conocida.