Las 85 víctimas mortales y los 300 heridos es
un mero dato estadístico que esconde una realidad de odio y violencia, que no
comenzó, ni mucho menos terminó con la AMIA, pero sí se convirtió en el peor
atentado desde la 2º Guerra Mundial contra la comunidad judía en el mundo,
además de ser el peor ataque terrorista de la historia Argentina, y sin duda
uno de los peores del subcontinente latinoamericano.
Muchas cosas son inconcebibles sobre este
tema. Demasiadas, incalculables. Sin embargo creo que hay una fundamental, y es
no saber oficial y formalmente quien fue. Ya pasaron 21 años donde todos
tenemos la certeza de quien fue, o al menos todos lo sospechamos. Sin embargo
no solo nadie está pagando condena por el atentado, sino que no hay ni un solo
detenido ni procesado.
La era Menem dejo la justicia en el
ostracismo. Debieron pasar más de 10 años para que en 2006 el ex presidente
Kirchner abriera una puerta de esperanza, que luego su esposa cerraría bajo mil
cerrojos. El ex presidente dijo que las investigaciones eran una “deshonra
nacional” y tomando cartas en el asunto, ese mismo año, se acusó formalmente a
Irán por el atentado y se concretó un pedido de captura internacional a
Interpol para algunos ex funcionarios iraníes. Esto se sumó a la denuncia que
realizó en 2007 ante la ONU por la falta de colaboración de Irán para aclarar
el atentado. Sin embargo casi 10 años después, ni uno solo de los acusados pasó
a menos de los 13 mil kilómetros que separan las capitales porteñas e iraníes.
Tras su muerte el tema no solo siguió
estancado sino que Cristina Fernandez, en el marco de un reimpulso de las
relaciones económicas de ambos países, promovió el Memorándum de Entendimiento
Argentina-Irán que creaba una comisión que todos sabemos que en la práctica,
como la mayoría de las comisiones, no haría otra cosa que archivar el tema, más
allá de que el mismo ni siquiera fue aprobado por Irán.
Luego vino el caso Nisman, que todos
conocemos, y el último anclaje de este tema ocurrió hace pocos días, cuando en
una entrevista (de las pocas concedidas en su trayectoria) con «The New
Yorker», por primera vez la presidenta argentina reconoció que “obviamente
que pienso que Irán tuvo que ver con el atentado a la AMIA», en lo que
podría llegar a ser la primera llama de esperanza en este largo periplo de
tristeza y frustración.
Verdad y justicia son conceptos que uno
reclama y que le vienen a la mente en medio de tanta impunidad. Pero es muy
fácil hablar de la impunidad que brinda el poder judicial argentino, y es hasta
entendible la que pretende y ostenta Irán (analizado desde la lógica iraní, por
supuesto). La pregunta aquí es donde está la comunidad internacional, que en el
acierto o el error, condena cada actitud israelí o americana. Es la misma
comunidad internacional que dejó propagar el mensaje nazi, y que deja impune
Ruanda, Darfur, e incluso Irak. La misma comunidad que no detiene las
atrocidades de Boko Haram en Nigeria ni las flagrantes violaciones de los
Derechos Humanos que ocurren en Irán, Arabia Saudita o Afganistán.
La lista de ejemplos es infinita y
evidentemente que no todas las causas son igual de fuertes y publicitables,
algunas porque están muy lejos, otras porque no conocemos a nadie que se haya
visto afectado, o vaya uno a saber porque. Sin embargo, no solo el pueblo
judío, sino el pueblo latinoamericano sigue viviendo una triste historia de
Memoria, Impunidad e Injusticia.
Un nuevo aniversario que refleja Memoria, Impunidad e Injusticia
17/Jul/2015
Por Andrés Kalansky, de COPREDI