Respuesta de Alain Mizrahi

04/May/2015

Jai.com

Respuesta de Alain Mizrahi

Acabo de leer la nota de Paula Barquet,
periodista de El País, sobre el antisemitismo en el Uruguay, y quisiera
realizar algunas puntualizaciones sobre la misma, ya que me cita en reiteradas
oportunidades.
En primer lugar la caricatura que encabeza la
nota me resultó extremadamente chocante, porque es la típica caricatura que
utilizaba la prensa nazi en la Europa de los años 30. No hay, hoy, ningún
uruguayo judío que se parezca a esa caricatura. Y si algún lector ve a alguien
que se parece a ella, lo más probable es que no sea un judío uruguayo. Por las
dos razones anteriores, al ver esa caricatura muchos uruguayos judíos (he
hablado con unos cuántos esta mañana, a raíz de esta nota) nos hemos sentido
indignados ya que nos retrotrae a una época y a lugares geográficos – los
guetos de Europa Oriental – que simbolizan lo más triste de nuestra historia.
En segundo lugar, me chocó pesadamente el
rótulo “el judío Alain Mizrahi” al inicio de la nota. No porque no lo sea ni
porque me avergüence serlo. Sino simplemente porque suena realmente
discriminatorio. Si yo hubiese sido negro o gallego, ¿la periodista hubiera
escrito “el negro o el gallego Alain Mizrahi”? Seguramente no, porque no es
políticamente correcto y muchos lectores la hubieran tildado de racista. En
este punto de mi nota, puedo oir el pensamiento de muchos lectores: “¡otra vez
la paranoia de los judíos!” No niego – nunca lo hago – que haya cierta cuota de
eso. Pero también creo que cuarenta siglos de persecuciones no son fáciles de
sacarse de debajo de la piel. Y escribir “el judío Mizrahi” no ayuda en nada.
Todo lo contrario.
En tercer lugar el título de la nota – “uno de
cada cinco uruguayos es antisemita” – no corresponde al resultado de la
investigación de Grupo RADAR: que uno de cada cinco uruguayos afirme que le
molestaría mucho o algo que haya un judío en su familia no significa lo mismo
que decir que el 20% de los uruguayos es antisemita. Hay un matiz importante.
En cuanto al fondo de la nota, quisiera
agregar algunas cosas que me parecen relevantes y que surgen claramente de mi
pequeñísima investigación y de la que realizó, con una paciencia envidiable y
digna de elogio, mi amigo Carlos Kierzenbaum:
1) los uruguayos discriminamos. A lo que
venga. Los judíos son, según la encuesta de Radar, los más discriminados (o
mejor dicho los discriminados por más personas), pero el porcentaje de la
población que discrimina al menos alguno de los colectivos analizados es
notoriamente más alto y alarmante. Y también discriminamos a las mujeres, a los
homosexuales, al bolso, al manya, al discapacitado, al obeso, al plancha, al
cheto, al tatuado, al coreano del Buceo, al blanco, al colorado, al
frenteamplista, al esquizofrénico y al pastabasero. Y eso es lo que más debería
preocuparnos como sociedad, mucho más que, puntualmente, la discriminación
hacia los judíos.
2) Los uruguayos discriminamos por
desconocimiento del “otro”. Y aquí seguramente quepa un mea culpa que hago como
judío: ¿qué es lo que hice y/o lo que no hice para que se me perciba como tan
diferente de cualquier uruguayo? ¿Qué cuota de responsabilidad me cabe a mí en
que alguien me pregunte con asombro si voto en Uruguay, como si tuviera
totalmente asumido que todos los judíos son nacidos en alguna tierra lejana y
extraña? ¿Cómo puedo pretender que Juan Pueblo entienda que hay judíos laicos?
¿O que no todos los judíos estamos de acuerdo con la política de Benjamín
Netanyahu? ¿O que judío, sionista e israelí no son sinónimos? Y sobre todo que
los uruguayos judíos somos eso, uruguayos y judíos, y nos sentimos muy cómodos
con ambas identidades y no somos “mitad judíos y mitad uruguayos”.
3) Lo que cambió entre antes y después de la
guerra de 2014 entre Israel y el Hamás no fue un aumento de la judeofobia en
Uruguay. Lo que cambió fue que ahora pasó a ser socialmente aceptado manifestar
públicamente el odio visceral hacia los judíos. Hoy cualquiera puede escribir
en Facebook que los judíos somos la escoria de la humanidad y que “hay que
hacerlos jabón”, en clara alusión (porque seguramente muchos lectores no judíos
no lo saben) al sebo que hacían en los campos de exterminio nazis con la grasa
de los cadáveres; y puede postearlo con nombre, apellido y foto de perfil con
su familia, y a nadie se le ocurre – hasta ahora ! – denunciarlo penalmente. Y
esto es gravísimo. La Historia está llena de ejemplos de cómo suele terminar
eso.
En suma, aplaudo y agradezco el interés y la
valentía de la periodista de El País por meterse en un tema tan polémico y
escabroso. Me hubiera gustado también que fuese más cuidadosa con las formas.
Hasta este mediodía de hoy su nota había provocado más indignación que admiración
en las redes sociales, y es una pena pues algunos errores o descuidos sobre la
forma opacaron el fondo.
Alain “el judío” Mizrahi