A principios de los ochenta, una leyenda del
pop, Leonard Cohen, en un momento muy problemático, en la mitad de su vida,
donde había perdido casi todos sus bienes, buscó inspiración en la Biblia, en
la vieja historia del Pueblo Judío. Componer esa canción no le fue fácil.
Golpeándose la cabeza por la frustración en la habitación de un hotel, Leonard
Cohen borró unas 80 estrofas antes de finalmente lograr ese himno perfecto que
es «Aleluya”. Y nadie lo hizo como él.
CBS Records rechazó el álbum. Después de un
lanzamiento en 1984, «Aleluya»quedó colgado en el limbo durante una
década hasta que los productores deShrek llamaron a RufusWainwright para que lo
grabara para la banda sonora de la película (no se la pierdan!)
Cohen, después de haber sido estafado regresó
a la actuación cantando»Aleluya», usando un sombrero marrón. De
repente, «Aleluya» es bajada 100.000 veces al día y se convirtió en
la canción pop más escuchada del Siglo XXI. En medio del clamor por su
resurrección, pocos captaron el salto que Cohen había dado hacia el pasado. En
las profundidades de la desesperación, había buscado el «acorde secreto /
Que tocó David, y le agradó al Señor» a través de tres milenios de
creación humana, apelando como un judío perdido, a un antepasado para recuperar
el don primordial de la música.
Creo que sé dónde venía. Al crecer en un
devoto y estudioso hogar de Londres, me di cuenta de los tabúes y las tensiones
que prevalecían entre los judíos y la música. Aprendí, por ejemplo, que a los
judíos los rabinos les prohibían cantar o tocar música por el luto de la
destrucción del templo en el año 70 d.n.e, hasta que llegó Maimónides en el
siglo XII. Sabía, también, que la voz de la mujer estaba proscripta por el
Talmud como «desnudez» y que oír a una mujer cantar era equivalente a
tener una relación sexual ilícita.Tan emocionante como pudo haberlo sido para
mi mente de niño, el canto de las mujeres realmente era tabú. Tampoco se
escucha música por siete sombrías semanas y mediadel año y en los días de
duelo.
En el duelo, la música es lo primero que se
excluye. Sin embargo, en medio de estas limitaciones, la música estaba en todas
partes. En cualquier ocasión solemne o fiesta, alguien comenzaría una melodía.
Siempre había alguien que cantaba en todas las comidas del shabat. Desde mi padre,
que no tenía nada de oído, o mis hermanas mayores que cantaban las melodías que
yo, en tres o cuatro años, aprendí a tocar de oído. La música era nuestro medio
de unión. Sin música, recuerdo que pensé, ¿Cómo se puede ser judío?
Así que cuando me encargaron hacer una serie
de tres programas sobre la música y los judíos para una radio, tomé la decisión
de evitar los clichés populares de «música judía» – bandas klezmer,
canciones de cuna en Ladino, etc. – y centrarme en algunas de las preguntas más
importantes. ¿Cómo, por ejemplo, la música ha dado forma y carácter a la a
historia de los judíos? ¿Cómo los judíos influyen en la música? Y la más
importante de todas,¿la música puede definir la identidad personal y colectiva?
Empecé donde Cohen lo hizo, en busca del
escurridizo rey David: poeta, músico, guerrero, depredador sexual y autor de un
libro de salmos que forma la base de la devoción para judíos y cristianos por
igual. Aunque no hay mucha evidencia de que David escribió todos o cualquiera
de los 71 salmos que llevan su nombre, no podemos leerlos hoy sin tomar
conciencia del mundo privado de este músico, su oído interno. Caminando sobre
las murallas de Jerusalén, YehoshuaEngelman, un rabino nacido en Londres que se
volvió psicoterapeuta y yo, discutimos el Salmo 51, uno sobre el sexo con
Betsabé, aquel en el que canta Cohen: «tu fe era fuerte pero necesitabas
pruebas / La viste bañarse en el techo / Su belleza y la luz de la luna te
derrotaron «.
¿Cómo podía David, después de haber enviado un
hombre a la muerte para poder quitarle su mujer, sentarse y escribir
«Aleluya”? “Con mucha dificultad», explica Yehoshúa. «El Talmud
nos dice que David fue castigado por su pecado.” ¿Cómo es eso? «Él fue
privado de su música durante 10 años.” El tiempo se detiene en el muro de la
ciudad de David. La lectura de Yehoshua del Salmo 51 es que David se volvió
impotente musicalmente, y tal vez sexualmente, por la culpa, una idea que no
existe hasta que Freud la inventa en Viena, en el Siglo XX. ¿Podía la culpabilidad judía tener sus raíces en la
música judía?
El compositor estadounidense Steve Reich llegó
a Jerusalén en la década de 1970 en busca de sus raíces judías. Su epifanía
llegó mientras escuchaba a los yemenitas cantando los Salmos. «Sólo tuve
que cantar un verso [con ellos]», recuerda, «y una melodía me vino a
la cabeza. ¿Qué es eso? Introdujo un nuevo tipo de escritura rítmica para mí,
una idea específica de la combinaciónque antes no conocía. Reich considera su
concierto sálmico, Tehilim, como su obra maestra, la cumbre de toda su vida.
Tehilim fueron las alabanzas a Dios que
cantaban los cantores del templo. La búsqueda de su música perdida es una
obsesión de dos milenios. En 1905, un cantor llamado Abraham ZviIdelsohn llegó
a Jerusalén desde Sudáfrica y comenzó a grabar las antiguas canciones en
máquinas de hilo. La utilización de nuevas tecnologías aplicada a la
musicología académica, permitió inferir que las formas del canto ritual de los
judíos del Yemen fueron los más parecidos a la música del templo. En la
Fonoteca Nacional en Jerusalén, he oído los cilindros de Idelsohn y llegué a
una conclusión más audaz – que los microtonos de los judíos yemenitas están en
la raíz del canto gregoriano, y por lo tanto, de toda la música cristiana.
El potencial creativo de esta fuente es
ilimitado. La música del Israel moderno es impulsado por cantantes yemenitas –
BrachaZefira, ShoshanaDamari, Ofra Haza y Ahinoam Nini, conocida como Noa.
Todas son mujeres, por lo tanto, silenciadas por el judaísmo y el islam.
«Soy yemenita y soy judía», declara Noa, que cantó en el Festival de
Eurovisión con una palestina, Mira Awad.
Las restricciones dan mucha fuerza y
desarrollan la creatividad a alturas increíbles.»En un apartamento de Tel
Aviv, me encuentro con la antropólogo Tova Gamliel, una autoridad en los
estudios sobre el duelo, y le pido que me demuestre cual es el sonido judío más
antiguo conocido – los lamentos de las mujeres yemenitas. Afirma Gamliel que
compone y canta de un modo visceral, que me conmueve profundamente. «El
objetivo», explica, «es hacer llorar a la gente, para expresar la
tristeza de un modo muy estético pero la canción tiene un texto -. La vida del
difunto – y la cantante puede variar su texto de acuerdo a lo que merece el
difunto, según haya sido una buena o mala persona. Ella está diciendo a los
demás: cuando te mueras, no seré tan generosa”. El poder de la vida después de
la muerte fue conferido a una mujer.»Ella era la única que tenía este
derecho. La gente estaba muy asustada de ella por lo que pueda decir a la hora
del duelo, por eso eran muy respetuosos con ella», dice Gamliel. Cuando
termina el lamento, la mujer se recompone y luego cuenta una broma. La vida
debe continuar.
Myriam Fuks de Bruselas es una cantante en
idish de octava generación cuyo repertorio ha pasado de madres a hijas durante
dos siglos. La madre de Myriam, Frania, cantó en los teatros de Varsovia y
sobrevivió al gueto de Varsovia. Myriam se despierta por la mañana con cientos
de fragmentos de canciones de Frania en la cabeza. Incapaz de recordar el
estribillo, le pide a la pianista Martha Argerich que improvise para ella en
una nueva grabación. La necesidad de mantener viva la memoria de la canción,
descubro, responde a una motivación judía. Fue a finales de l1820 antes de que los judíos se introdujeran en la música
occidental. Había habido algunos momentos aislados – Salomone Rossi en la
Mantua de Monteverdi, Lorenzo da Ponte en la Viena de Mozart – pero los hijos
de los banqueros de Berlín, FelixMendelssohn y Giacomo Meyerbeer, cambiaron esa
cultura. Mendelssohn, aparte de sus propias obras de concierto, recuperó
oratorios perdidos de Bach para ejecutarlos en conciertos públicos –
«Introduciendo el AntiguoTestamento en la música clásica». Según uno
de mis colaboradores. Meyerbeer derribó los muros de los teatros de ópera
existentes con dramas musicales gigantescos, allanando el camino para Richard
Wagner y su imaginación romántica.
Wagner, en un notorio panfleto de 1850 » El judaísmo en la música, dijo
queMendelssohn y Meyerbeer eran los síntomas de
la infinitamente pequeña capacidad de «los judíos”’para escribir
música. Exigió la exclusión de los judíos de la música alemana, un adelanto al
plan de la limpieza étnica de Hitler. Como la mayoría de los fanáticos, Wagner
vivió en el miedo al otro, lo desconocido, lo inimaginable.Al final de su siglo
ArnoldSchoenberg, exasperado en su corazón judío por los corsés tonales de la
música alemana, los rompió en dos revoluciones creativas, atonales y de serie.
La música orquestal nunca más sonó igual a como había sido. Por la misma época,
en las escalinatas frontales de piedra rojiza de Nueva York, los hijos de los
refugiados judíos de los pogromos rusos y de los antiguos esclavos
afro-caribeños desde el sur profundo, encontraron un gusto común insospechado
por los ritmos bulliciosos, tonos menores y notas melancólicas.Este diálogo
marcó el nacimiento de la música pop.
Cuan judío era eso? George Gershwin, el más
inquieto y creativo de los primeros escritores, nunca ocultó sus raíces judías.
Cuando cantaba » No es necesariamente así «, no sólo debatía con las
Escrituras con argumentos talmúdicos, en realidad él lo cantaba en el modo
tradicional de los estudios talmúdicos… Visitando a la estrella del teatro
idish de sus abuelos Michael Tilson Thomas, Gershwin habló del freygish como la
clave de la manera de cantar la música popular de América. Freygish en idish es
preguntar. Los judíos añadieron a la música pop una nota burlona.
Michael Grade, heredero de una dinastía de
entretenimiento y ex-presidente de la BBC, explica por qué los judíos eran tan grandes en el mundo del
espectáculo. «Hay algo en el ADN de los judíos que nos hace expertos en la
adaptación», explica. «Hay una gran atención y apertura a lo que está
pasando. Estamos observando el público,
tratando de estar muy atentos para comprender y saber lo que el público quiere
y espera de los empresarios -… Me gustaría incluir a mis tíos y a mi difunto
padre –adelantarse lo justo, pero no demasiado, a los gustos del público. Y
listos para tener la oportunidad de descubrir a un talento. Las cosas nunca
serán lo mismo otra vez después del surgimiento del gran talento.”. Los judíos
se convirtieron en creadores de tendencias, cree Grade, porque habían aprendido
a estar atentos y a escuchar cualquier
cambio que estuviera en el aire. Una clave para la supervivencia de los judíos,
se convirtió en una herramienta en la identificación y gestión de los gustos
del público, sin sacrificar una identidad tan duramente ganada.
Las últimas palabras de Schoenberg en una hoja
de papel de música fueron: «IchbineinkleinerJudenbub”.(Yo soy un niño
judío.) Gustav Mahler solía decir:»Un Judio es como un nadador con un
brazo corto Él tiene que esforzarse más para llegara la orilla”. Los judíos con
la música tuvieron conciencia de su judaísmo.
Esa perspectiva hace que un concepto genérico
de «música judía» poco interesante y en gran medida irrelevante al
lado de las transformaciones que los judíos trajeron a la música donde y con
quienes vivían, y los cambios que la música realizaba en ese tema de ser judío.
¿Podría alguien, siempre me he preguntado, ser judío sin música? «No
importa lo que habéis oído», canta Leonard Cohen, «el santo, o el
destruido». ¡Aleluya!