Contra el racismo y la xenofobia

20/Abr/2015

La República

Contra el racismo y la xenofobia

Después de los atentados de enero en Francia
(contra la publicación humorística Charly Hebdo y contra un supermercado
kosher), se ha producido un recrudecimiento del racismo, la xenofobia, la
judeofobia y la islamofobia.
Esos sentimientos —siempre latentes en vastos
sectores de la sociedad y a los que suele agregarse la homofobia— están siendo
aprovechados por la ultraderecha lepenista, por más que la actual líder del
Frente Nacional —Marine Le Pen— trate de suavizar el discurso del partido y
haya obligado a su padre a borrarse de la escena política y a mantener un
estricto silencio.
“El racismo, el antisemitismo, el odio hacia
los musulmanes, hacia los extranjeros, la homofobia aumentan de manera
insoportable en nuestro país”, afirmó el primer ministro Manuel Valls al
presentar un plan de lucha contra el racismo y el antisemitismo, elaborado por
el gobierno socialista. “Era necesario pasar de la indignación a la acción”,
subrayó Manuel Valls, apuntando a la juventud “que conoce la violencia y puede verse
deslumbrada por el odio”.
Este plan comprende 40 medidas articuladas en
torno a la Justicia, la Internet y la educación. Primeramente, el gobierno se
propone mayor rigor punitivo para los comportamientos y los mensajes racistas.
El gobierno pretende que las expresiones racistas u homofóbicas no se
consideren un asunto del derecho de la prensa sino del derecho penal; el
carácter agravante del racismo y del antisemitismo para un delito de derecho
común será, a partir de ahora, inscripto en el derecho penal.
“Se acabó la pasividad sobre Internet”, afirmó
Valls, quien explicó que el plan prevé la puesta en marcha de una “unidad de
lucha contra el odio en Internet”. Según publica Le Monde, dicha unidad estaría
integrada por oficiales de la Policía Judicial y se encargaría de mejorar la
detección y el seguimiento de los actos y expresiones racistas y antisemitas en
la red.
Asimismo, se plantea la realización de una
gran campaña en los medios, tendiente a sensibilizar a la población sobre el
asunto.
La preocupación del gobierno francés es
plausible. Sin embargo, nos permitimos dudar de la factibilidad de tan loables
propósitos, pues la realidad de hoy nos muestra a los miles de desdichados
migrantes que intentan desesperadamente (y muchos mueren en el intento) huir
del hambre, la miseria, las persecuciones y un sinfín de calamidades. Los que
logran llegar a Europa a través de Italia ¿podrán salvarse del racismo y la
xenofobia imperantes en todo el continente?