En el corazón de las preocupaciones en torno
al acuerdo nuclear con Irán hay una pregunta simple: ¿es Irán racional? La
respuesta para muchos críticos del acuerdo es evidente. Los iraníes son
“apocalípticos”, ha dicho a menudo el Primer Ministro israelí Benjamin
Netanyahu, advirtiendo que no se puede “apostar a su racionalidad”. El senador
Lindsey Graham ha dicho: “Creo que están locos”. El gobierno iraní es, según
reafirmó recientemente el Ministro de Defensa israelí MosheYaalon, “un régimen
mesiánico y apocalíptico”.
Aún así, la estrategia preferida por estos
mismos críticos depende de por sí de la racionalidad de Irán. L a alternativa
al acuerdo forjado por Irán y las seis grandes potencias no es la guerra,
insisten, sino aumentar la presión y exigir más concesiones a Teherán. De este
modo, esta loca y apocalíptica banda de mulás, al verse enfrentada a algunas
sanciones adicionales, calculará meticulosamente los costos y beneficios y
cederá, de manera predecible, a las mayores presiones. O tal como lo expresa
J.J. Goldberg en el blog Forward, “aparentemente son lo suficientemente
irracionales como para acoger un Armagedón nuclear, pero suficientemente
racionales como para ceder ante sanciones económicas”. (También explica bien
este punto Max Fisher de Vox.com).
De hecho, en su exhaustivo libro
“”Unthinkable: Iran, theBomb, and American Strategy” (Impensable: Irán, la
bomba atómica y la estrategia estadounidense), Kenneth Pollack repasa
cuidadosamente varias décadas de la política exterior iraní y demuestra que
esta no solo ha sido racional, sino prudente, avanzando cuando encontrase una
oportunidad y retrocediendo cuando encontrase con peligros. El autor cita a un
ex Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas israelí, quien explicó: “El
régimen iraní es radical, pero no es irracional”.
Racional no significa razonable. Significa que
el régimen quiere prosperar y, en base a ese objetivo, calcula costos y
beneficios y actúa conforme a ello. Pero vale la pena extender más nuestra
pregunta: ¿está Irán siendo razonable? ¿Son las acciones de Teherán una
respuesta entendible dada su situación geopolítica? En una conversación pública
de Time Warner la semana pasada, el ex Secretario de Estado estadounidense
James Barker resaltó que la clave del éxito en una negociación es ponerse uno
mismo en la posición del adversario y mirar el mundo desde esa perspectiva.
Observe un mapa del Medio Oriente. El Irán
chiíta está rodeado de estados suníes hostiles. Atravesando el Golfo Pérsico se
encuentra Arabia Saudita, su archienemigo, fanáticamente anti-chiíta, y armada
hasta la médula. (En el 2014, Arabia Saudita fue el mayor importador de armas
de todo el mundo). En Irak y Siria, Irán enfrenta importantes insurgencias
suníes dedicadas a masacrar a los chiítas. Agregue a esto la dimensión nuclear.
Irán tiene varios vecinos armados nuclearmente: Pakistán, India, Rusia, China e
Israel.
Sumado a esto, Irán viene afrontando una
vigorosa oposición de parte de las potencias mundiales desde hace más de tres
décadas. Cuando Irak atacó a Irán poco después de la revolución islámica,
Estados Unidos apoyó silenciosamente a Saddam Hussein, incluso mientras él
usaba armas químicas contra los iraníes.
Seymour Hersh ha reportado copiosamente para
The New Yorker acerca del apoyo encubierto de Estados Unidos a grupos dentro de
Irán que buscan no solamente derrocar el régimen, sino también fragmentar el
país. Algunos de estos grupos, como Mujahedeen-e-Khalq y Jundallah, son
considerados por algunos como grupos terroristas bastante nefastos. Durante una
década a partir del año 2001, Teherán vio cómo 200.000 tropas estadounidenses
se concentraban a través de sus fronteras este y oeste en Irak y en Afganistán.
La administración Bush hablaba abiertamente de la necesidad de un “cambio de
régimen” en Teherán, que era catalogado como parte del “eje del mal” del mundo.
No estoy intentando argumentar que cualquiera
de estas políticas debería de haber sido modificada: la política internacional
es un asunto difícil. Pero dadas estas realidades, ¿es tan bizarro que Irán se
haya comportado como lo ha hecho? ¿O que haya intentado conformar una industria
nuclear que pudiera abrirle camino a armas nucleares? ¿Hubiese un país laico,
híper-racional, encontrándose ante las mismas amenazas, actuado diferente?
En 1963, John F. Kennedy predijo que en un
lapso de 10 años el mundo tendría de 15 a 20 nuevos estados armados
nuclearmente. La razón por la cual declaró esto fue que, en ese momento, la
tecnología nuclear era algo que cualquier país con una sólida base industrial y
científica desarrollaría. (Razón por la cual India y Pakistán pudieron
establecer su matriz nuclear en la década del 70). Hoy en día, esto es aún más
cierto. La fisión nuclear no es tecnología de última generación del siglo XXI.
Ya tiene 70 años; es parte de la era de la televisión en blanco y negro.
La predicción de Kennedy no se ha hecho
realidad porque la comunidad internacional, liderada por los Estados Unidos, ha
confrontado a todos aquellos que intentaron desarrollar su tecnología nuclear,
con verdaderos costos pero también beneficios. (Incluso MoammarGadhafi abandonó
su programa nuclear luego de años de amenazas, cuando finalmente le dieron
importantes incentivos para hacerlo). El marco establecido por el acuerdo de
Lausana parece proponer ese equilibrio para Irán. No existen garantías de que
su líder supremo vaya a aceptar los incentivos, tal como sus tuíts recientes
nos lo recuerdan. Pero la propuesta lo obliga a realizar un cálculo más
racional, y a vivir a con las consecuencias.
¿Es Irán racional?
16/Abr/2015
El Observador, Por FareedZakaria