Shadi Sadr: «Protestar contra el velo obligatorio en Irán es un tabú considerado muy peligroso»

08/Abr/2015

20 minutos, Por A. Larrañeta

Shadi Sadr: «Protestar contra el velo obligatorio en Irán es un tabú considerado muy peligroso»

Shadi Sadr, abogada y periodista iraní de 40
años, fue condenada a 6 años de prisión y a 74 latigazos acusada de desórdenes
públicos por una protesta de reivindicación de los derechos de la mujer. Escapó
de la sentencia huyendo a Londres, donde nunca lleva velo y donde se ha hecho a
la idea de que ya no podrá regresar a su país, ya que el Gobierno iraní la
considera una agente del servicio secreto británico. Desde el exilio dirige
Justice for Iran, una ONG que aspira a ser la voz en el extranjero de las mujeres
que en Irán no pueden expresarse.
Su visita coincide con la aprobación inminente
de dos leyes que, según Amnistía Internacional, harán retroceder décadas los
derechos de las mujeres en Irán, ¿cómo les afecta?
Las leyes se van a aprobar, sí o sí, porque
fueron propuestas por el líder supremo (Ayatolá Jomeini). Son medidas
discriminatorias que están implantadas y ahora van a ser aprobadas de forma
oficial. Afectan a la salud sexual y a los derechos laborales de las
mujeres. Las mujeres con pocos recursos
verán ahora oficialmente mermados sus derechos de planificación familiar, una
de las pocas normas favorables que teníamos, y se institucionalizarán medidas
como la que acaba de anunciar el Gobierno iraní, que el 95% de los trabajos
sean para los hombres, dejando muy poco espacio a las mujeres y dificultando un
entorno laboral mixto. Estamos ante una situación tal que hay que pelear por
recuperar la única norma favorable que teníamos, que era justamente la referente
a los derechos reproductivos.
La discriminación de las mujeres en Irán
afecta a todas las áreas. Incluso están vetadas como público en eventos
deportivos masculinos. Una joven acaba de pasar cinco meses encarcelada por
entrar a ver un partido de voley. Ahora el Gobierno anuncia que les permitirá el acceso ¿La
igualdad se conquista desde las prisiones?
Después de la revolución islámica de 1979 se
inició una fuerte segregación de las mujeres en Irán. El veto en los eventos
deportivos es uno de los muchos ejemplos. A lo largo de los últimos 15 años ha
habido muchos esfuerzos para intentar cambiar esta política que realmente no
está plasmada en ninguna norma oficial. Hubo una campaña de mujeres de velo
blanco que protestaron y consiguieron cambiarlo, pero hace dos años ser volvió
para atrás, lo que propició la protesta de GhonchehGhavami, que ha pasado cinco
meses en prisión. Hace solo dos días el Gobierno anunció que permitía de nuevo
el acceso a las mujeres a algunos eventos deportivos. Me da la sensación de que
en Irán las mujeres siempre estamos luchando contra la pérdida de derechos ya
adquiridos. En lugar de ganar nuevos derechos, estamos siempre luchando
contracorriente para llegar siempre al punto cero de nuevo.
Usted nació poco antes de la revolución
islámica del 79 ¿Cómo llega a convertirse en una activista de los derechos de
las mujeres?
Nací en el seno de una familia de clase media.
Mis padres tenían estudios y contábamos con una importante biblioteca en casa.
Muy pronto en mi vida empecé a percibir la discriminación por ser niña. Lo
notaba en el colegio, fuimos la primera generación de mujeres que tuvimos que
llevar obligatoriamente velo en clase. Luego experimenté discriminación y
segregación en los espacios públicos por el hecho de ser mujer (deben ir
separadas en piscinas, autobuses, a la playa). Empecé a estudiar derecho y
entonces percibí lo discriminatorias que eran las leyes en Irán. Eran como
sentir bofetadas en la cara. Pero lo que me hizo verdaderamente feminista fue
tener a mi hija. Convertirme en madre a los 25 años y seguir siendo una
profesional en activo fue visto con recelo desde el exterior por toda la
sociedad y me hizo sentir muy culpable. Decidí que por mi hija iba a luchar por
los derechos de las mujeres, para que ella no pasara por la misma situación.
El uso del velo es  objeto de discusión en el feminismo del mundo
árabe, ¿también se da este debate entre las mujeres activistas en Irán?
Algunas feministas musulmanas creen que llevar
velo es una opción personal, pero es que en Irán no es posible elegir. El
Estado Islámico te marca cómo debes vestir y el velo es una obligación. No hay
ninguna feminista que no piense que la imposición del velo no sea
discriminatoria, sin embargo el velo no ha centrado ninguna campaña de protesta
colectiva. Está considerado un tabú, es demasiado peligroso enfrentarse por
este motivo. Cuando algunas mujeres lo planteamos se nos dijo que debíamos
centrarnos en luchar por otros derechos, como el divorcio o la custodia de los
hijos. De manera individual sí que algunas de nosotras iniciamos hace unos años
el debate del velo. En el día a día, protestábamos retirándolo hacia atrás,
centímetro a centímetro, o usando colores muy vivos. Así es como expresábamos
nuestro rechazo, pero el movimiento feminista, como colectivo, nunca ha
reivindicado la libertad de vestuario y considero que ha sido un fallo. Por eso
se sigue encarcelando a mujeres, cometiendo abusos, por no llevar el velo como
lo marca la ley. Y el resto de mujeres no estamos prestándoles el apoyo que
deberíamos.
Viviendo en Londres, ¿acostumbra a llevar
velo? ¿Y su hija de 15 años?
No, nunca. Por un periodo corto de mi vida, en
la adolescencia, cuando pasé por una etapa de inmersión religiosa, usé chador.
Así que sé lo que se siente. Dentro del ámbito familiar era costumbre también.
Estoy familiarizada con lo que significa y supone, por eso no lo llevo. Además
no me considero religiosa y, como yo, muchas mujeres en Irán.
Una de las causas por las que lucha su ONG es
el fin de la lapidación, ¿sigue vigente?
Por desgracia la lapidación de mujeres y
hombres por adulterio todavía existe en Irán Sí, por desgracia aún existe.
Aunque hoy en día es sumamente difícil poner una cifra, porque no existen
estadísticas oficiales de cuántas mujeres y hombres mueren por lapidaciones.
Nosotros tenemos cifras precisas solamente hasta 2009. Y podemos confirmar que
cada año hay dos o tres casos, como mínimo. El delito más frecuente castigado
con lapidación es el adulterio, cuando el que lo comete esté casado. Si un
casado y una soltera, por ejemplo, tienen relaciones sexuales, él sería
condenado a la lapidación, ella a cien latigazos.
Lapidación y latigazos recuerdan a castigos
medievales más que a penas del siglo XXI… Yo misma he sido condenada a
recibir 74 latigazos, que no recibí porque ya estaba fuera del país cuando me
sentenciaron a seis años de prisión y a los 74 latigazos. Y me condenaron por
un delito de desórdenes públicos y amenaza a la seguridad nacional (por una protesta contra la
encarcelación de cinco mujeres activistas por los derechos femeninos).
Precisamente hace unos meses salió la noticia
de un grupo de jóvenes iraníes que habían sido condenados a latigazos por
grabar un vídeo de la canción ‘Happy’, de Pharrell Williams. Choca bastante el
contraste de esa sociedad moderna regida por una legislación medieval.
La sociedad iraní es una sociedad muy diversa
y ha vivido recientemente una importante modernización. Sin embargo, como bien
dices, las leyes están arraigadas en la Edad Media. Eso hace que los iraníes
estemos viviendo dos vidas: una en el ámbito privado y otra en el público.
Muchos de nosotros, que no somos especialmente religiosos, vivimos una vida
privada que no podemos mostrar públicamente porque si lo hacemos, como estos
jóvenes que cantan y bailan en el vídeo, nos castigan con leyes antiguas.
¿Qué queda de la ‘revolución verde’, la
llamada primavera árabe iraní?
Es doloroso reconocer que no queda casi nada.
No se logró cambio alguno, los actores que iniciaron la revolución muchos
fueron obligados al exilio, otros encarcelados, y otros reprimidos que no han
podido volver a levantar la voz.
El Gobierno iraní dice de usted que es una
agente del servicio secreto británico que busca desestabilizar Irán. Incluso
exigen su expatriación para ser juzgada de nuevo.
Es cierto (su mueca denota que considera tal
afirmación un absurdo). Es una campaña orquestada por la cadena Press TV, la
cadena televisiva del Gobierno iraní que emite noticias las 24 horas en inglés.
Dicen que estoy en nómina del M16. Es consecuencia de un informe de mi
organización que denunció que esta televisión obligaba, mediante torturas, a
activistas de derechos humanos a realizar confesiones forzosas que luego eran
usadas por los tribunales para condenarlos a muerte. Nosotros denunciamos que
eso no es una labor propia de un medio de comunicación. La Unión Europea
sancionó por ello a dos representantes de Press TV prohibiéndoles el acceso a
países de la UE. Iracundos, como represalia han aireado acusaciones de que soy
una agente del servicio secreto británico.
¿Cree que se ha perdido una buena oportunidad
en el preacuerdo nuclear de incidir en la mejorar los derechos humanos en Irán?
Sí, definitivamente. Incluso desde Naciones
Unidas habían expresado su interés en que la negociación incluyera mejoras en
los derechos humanos, pero los iraníes siempre rechazaron tal opción,
amenazando con levantarse de la mesa. Así que sí, en efecto, perdimos una buena
ocasión.
Por último, ¿podrá algún día regresar a su
país?
He tenido que desterrar esa posibilidad de mi
mente. Es la única manera de poder seguir adelante trabajando por los derechos
de las mujeres en mi país, haciendo públicas las denuncias que mis compañeras
en Irán no pueden hacer.