Uruguayo encontró un templo de hace 1.500 años

06/Abr/2015

El Observador, Carolina Bellocq

Uruguayo encontró un templo de hace 1.500 años

Le
asignan una zona, estudia, cruza datos y excava. Encuentra un tesoro, le saca
todo el brillo que puede y busca un inversor que se haga cargo. Si no encuentra
a nadie, lo vuelve a tapar para preservar la obra y cruza los dedos para que en
algún futuro alguien quiera financiar su mantenimiento. Así es el trabajo del
uruguayo Daniel Varga, un arqueólogo que trabaja en Israel y que en 2014 hizo
dos descubrimientos con más de 1.500 años de antigüedad. Un monasterio que será
restaurado, habilitado para las visitas e integrado al circuito turístico y una
iglesia que volverá a la sepultura, a la espera de un futuro más auspicioso.
A principios de 2014 el embajador uruguayo en
Israel, Bernardo Greiver, vio la noticia del hallazgo en el sur del país de dos
importantes piezas arqueológicas, una iglesia y un monasterio de la época
bizantina. Se sorprendió cuando leyó que el director de las excavaciones era
uruguayo y se apresuró a visitarlo.
Entonces conoció a Varga, un oriental radicado
en Israel que de chico jugaba a “Romanos y Bárbaros” cuando sus compañeros
preferían los “ladrones y policías”. Como arqueólogo e historiador que se
desempeña en el organismo estatal que cuida de las antigüedades, le compete
analizar las zonas geográficas que le asignan cuando un particular o el Estado
quieren hacer alguna obra de infraestructura. Todos los trabajos requieren el
visto bueno de esta suerte de ministerio, que con tractores sondea el terreno
y, en caso de detectar indicios de algo, detiene la construcción y comienza a
excavar.
A fines de 2013 Varga comenzó a estudiar una
zona de Moshav Aluma donde se pretendía construir un barrio residencial. Le
llamó la atención el hecho de haber encontrado mármol, algo que no se usaba en
la época otomana, de la que había registros. Estudió y dio con un texto de un
arqueólogo francés que en 1869 había visto pedazos de columnas en esa área y
pensó que allí podría haber rastros de una iglesia más antigua. Eso
justificaría el mármol.
Profundizó en la tierra y encontró
cuadraditos, partes de mosaicos. Eureka. Junto con su equipo aisló la zona,
cavó, y a 2,70 metros apareció el piso de mosaicos de una iglesia de planta
basilical. Un medallón con inscripciones en griego le dio los datos que le
faltaban: ahí se indicaba que era una iglesia cristiana del año 493 o 494, la
época bizantina. En un área de 22 por 12 metros había 32 medallones decorados
con vides y animales, además de guardas y agujeros donde había columnas, esas
cuyos restos vio el francés en el siglo XIX.
Unos meses después a Varga le sucedió algo
similar, esta vez cuando hacía los estudios previos a la remodelación de una
carretera. Este tipo de excavaciones, denominadas “de salvataje”, representan
el 90 % de las que se hacen en el país, según contó Varga la semana pasada en
una disertación organizada por la Universidad de Montevideo y la Comisión de
Cultura de la Conferencia Episcopal uruguaya.
Los sondeos con tractores arrojaron indicios
de que habría algo bajo tierra. Detuvieron las obras y, según lo estipulado por
la ley, la empresa que llevaba adelante el proyecto comenzó a financiar el
trabajo de los científicos. A escasos 20 centímetros de la superficie
encontraron un monasterio que le llevó a 30 obreros y tres arqueólogos cerca de
dos meses destapar.
Esta vez la construcción era del año 576 y se
componía de una iglesia, una zona de servicios y un comedor, todo en un área de
20 por 35 metros alfombrada por mosaicos con diseños. Las inscripciones, esta
vez, estaban en griego, sirio y arameo.
La lógica del mercado
Al hallazgo de semejantes tesoros sigue un
proceso burocrático, pues al mismo tiempo hay que buscar dos cosas: una
solución para la obra que se pensaba realizar y una manera de proteger el arte encontrado. En el caso del
monasterio, ya apareció una solución que conformó a todos: lo trasplantarán
unos 200 metros y lo instalarán en una zona donde podrá ser visitado, gracias
al financiamiento de la compañía que hace las carreteras –estatal- y el pueblo.
La ruta tendrá el empalme que había sido puesto en duda. Pero la iglesia no
tendrá igual suerte, pues no se encontró ningún inversor dispuesto a restaurarla
y, sobre todo, a comprometerse a mantenerla y evitar el vandalismo. “Estaba
ubicada en una región de pueblos pobres y el gobierno local no tiene
presupuesto como para mantenerla. Entonces sacamos los mosaicos para curarlos y
el edificio fue cubierto. Lo tapamos con una tela y arena limpia para que en el
futuro, si se tienen los medios, lo destapen. Enterrarlo es la mejor manera de
salvarlo. Porque si no, se destruye. Está prohibido dejar una edificación en el
terreno y abandonarla”, comentó Varga ante la sorpresa de su auditorio, que se
lamentaba por que no hubiera otra solución ante el hallazgo.
El dinero condiciona también la zona que se
investiga, en la medida en que los financistas de las excavaciones son aquellos
que proyectan las obras. Quien quiere concretar su proyecto no tiene un
particular interés arqueológico -más bien al contrario, porque los tesoros
complican todo- y financia lo mínimo indispensable. Así pues, nadie abonará
para conocer qué hay unos centímetros más al costado, por lo que un hallazgo de
valor puede quedar inconcluso y nadie se ocupará de él, a no ser que aparezca
algún inversor.
Las tumbas generan discordia Si bien Israel es
cuna de culturas diferentes, en el terreno arqueológico no se presentan los
mismos choques que a nivel político. En entrevista con El Observador, Varga
comentó que un asunto que sí genera problemas es la excavación de tumbas, pues
tanto los judíos como los musulmanes más radicales lo prohíben. “Es el
conflicto entre el trabajo científico puro y la religión”, comentó. La guerra,
como la de 2014 en Gaza, incide en la medida en que se paralizan los trabajos
en las zonas que pueden ser alcanzadas por misiles, “pero no mucho más”, acotó
Varga.
DANIEL VARGA
Historiador y Arqueólogo
Trabaja en la Autoridad de Antigüedades de
Israel
Siempre le gustó la arqueología y cuando fue a
Israel descubrió que estaba en el mejor lugar para dedicarse a eso. Se
especializó en la época clásica y, como asesor científico, coordina trabajos y
excavaciones en la zona sur de Israel, un punto estratégico de la historia y
donde hay vestigios de muchas culturas. Tiene un PhD en Historia. Es uruguayo.