El Seder secreto en un campo de concentración nazi

01/Abr/2015

Enlace Judío, Por Rachel Avraham

El Seder secreto en un campo de concentración nazi

Las condiciones de vida, en el interior del
campo de concentración de Vaihingen eran horribles, sobre todo en el terrible
invierno de 1944-1945.
Los judíos que vivían en este campo de
concentración nazi venían del GhettoRadom de Polonia y estaban destinados a
trabajar como esclavos 12 horas al día sin interrupción.
Construyeron armas, excavaron túneles para los
refugios antibombas, y efectuaron numerosos trabajos, sobre todo físicos, para
los nazis que intentaban desplazar bajo tierra sus fábricas de armamento a
causa de los intensos bombardeos de los aliados.
Las condiciones inhumanas y el trato de los
prisioneros en el campo de concentración de Vaihingen eran causa de una tasa de
mortalidad de las más altas entre todos
los campos de concentración.
Al principio solo vivían judíos en el campo,
más tarde los prisioneros franceses y alemanes fueron enviados allá también.
Hacia el final de la guerra también fueron
enviadas allí personas enfermas y al final de sus vidas.
Pero a pesar del inimaginable sufrimiento que
los judíos soportaron, continuaron celebrando el Seder de Pesaj.
Estaban decididos a preservar las tradiciones
de sus antepasados, a pesar del riesgo que ello representaba en un campo de
concentración nazi.
Un «habitante» del campo, Moshe Perl, cuyo
testimonio se conserva en Inferno Vengeance, había explicado: « La gente
del campo estaba acostumbrada a su miserable suerte. Veían costantemente la
muerte ante sus ojos. Pero no se resignaban a comer ‘jamets‘ enPesaj. Se
preguntaban: «Dónde podemos encontrar harina y patatas, y cómo podríamos cocer
los matzot?»
Perl encontró una solución: «Poco tiempo antes
de Pascua, uno de los SS del campo entró en el taller donde yo pintaba paneles
indicadores. Me pidió que pintase dianas ficticias para el entrenamiento.
Entonces tuve una idea. Le sugerí confeccionar grande dianas de madera
recubiertas de sacos de papel, que estaban disponibles en gran cantidad en el
almacén. Le dije que necesitaba harina, mucha harina, para pegar las fotos de
soldados a las dianas. Me preguntó cuanta harina y le dije que necesitaría
cinco kilos. Mi idea le gustó y dio la orden inmediatamente».
Los judíos cocieron la matzá en secreto, aun
sabiendo que morirían si eran capturados.
Perl explica: «En el campo recogimos vigas de
madera. Encontramos una rueda entre mis herramientas con la cual fabricamos la
matzá y nuestra «empresa de cocido» entró en su fase activa. Recogimos botellas
de vidrio y las lavamos cuidadosamente, limpiamos la mesa con fragmentos de
vidrio para amasar la pasta. Cocimos la matzá en mi taller teniendo la puerta y
las ventanas herméticamente cerradas. Nuestro problema luego era esconder las
matzot que habíamos logrado preparar tomando tales riesgos y encontramos la
solución. Los escondimos bajo las tejas del techo del taller».
Cuando llegó la noche del Seder, veinte judíos
que vivían en el campo de concentración de Vaihingen pudieron celebrar Pesaj.
Además de la matzá comieron patatas y bebieron vino «casero» con agua y azúcar.
Pudieron incluso leer la Hagadá.
Justo antes de la invasión aliada, muchos de
estos prisioneros fueron enviados a una marcha de la muerte hacia el campo de
concentración de Dachau.
De los prisioneros que quedaron y vieron la
liberación de los aliados, 92 de ellos murieron poco después por diversas
enfermedades que sufrieron en razón de las condiciones atroces en el interior
del campo.
Los nazis pudieron destruir numerosas vidas
judías, pero fracasaron en destruir el alma judía y en romper la voluntad indestructible
de celebrar el Seder de Pesaj.