Las claves de una guerra por el poder en Oriente Próximo

26/Mar/2015

El Mundo, España, Por Francisco Carrión

Las claves de una guerra por el poder en Oriente Próximo

En Yemen, la nación más pobre del golfo
Pérsico, las dos potencias de Oriente Próximo, Arabia Saudí e Irán, libran una
batalla por la hegemonía en la región. La intervención militar liderada por
Riad, faro del poder suní, es el último capítulo de una alarmante escalada que
involucra a un complejo puzzle de actores políticos con objetivos a menudo
contrapuestos. Una lucha sectaria de alcance internacional en el cuartel
general de Al Qaeda en la Península Arábiga que aviva las aspiraciones
separatistas y ahonda la carestía que vive su población.
¿Por qué una intervención tan apresurada?
En la última semana el camino hacia la
colisión se ha acelerado dramáticamente. El domingo los hutíes llamaron a la
«movilización general» tras los ataques suicidas contra dos mezquitas
de Saná reivindicados por el autodenominado Estado Islámico que dejaron 154
muertos. En las jornadas posteriores el grupo avanzó rápidamente hacia Adén, la
ciudad portuaria donde se había refugiado desde el mes pasado el presidente
AbdoRabuMansurHadi ampliando su poderío aéreo. Anoche la toma de la ciudad
parecía inminente. El Gobierno yemení pidió oficialmente ayuda militar urgente
al Consejo de Cooperación del Golfo a través de sus fuerzas conjuntas para detener
el progreso de los hutíes. Y los países vecinos, conscientes de que estaba en
juego su influencia, acudieron a la llamada.
¿Cuáles son las fuerzas locales que se
enfrentan en Yemen?
Hay dos rivales claros: el grupo rebelde chií
de los hutíes -que tiene su feudo en el norte del país- y los leales al
presidente Hadi, que provienen del sur. Los hutíes se han aliado con las
fuerzas de seguridad afines al ex presidente yemení Ali Abdalá Saleh,
desalojado del poder durante las revueltas árabes de 2011. La alianza ha
impuesto su autoridad en nueve de las 21 provincias de Yemen, principalmente en
el norte y oeste del país. En enero colocaron bajo arresto domiciliario a su
sucesor en la presidencia, AbdoRabuMansurHadi, y su gobierno. Pero hay más
actores en liza como, entre otros, Al Hirak al Janubi -un movimiento
secesionista que busca deshacer la reunificación de 1990 y recuperar Yemen del
Sur-; Islah -un partido islamista llamado a ser uno de los centros de poder de
la transición que se inició en 2012- y Al Qaeda en la Península Árabiga – que
tiene su centro de operaciones en el país, principalmente en zonas del sur y
este-.
¿Qué países integran la coalición que
bombardea Yemen?
Arabia Saudí inició este jueves los ataques
aéreos sobre Yemen a modo de avanzadilla. Según la cadena saudí Al Arabiya, la
monarquía ha movilizado a unos 150.000 soldados y 100 aviones de combate para
su ofensiva terrestre. No está solo. La coalición para derrotar a los hutíes
está formada por diez naciones. Además de los socios del Consejo de Cooperación
del Golfo -Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahrein, Kuwait-, se han sumado
Egipto, Jordania, Sudán, Marruecos y Pakistán. Según Riad, la mayoría de los
países ha mostrado su disposición a participar en la campaña terrestre.
¿Cuál es el papel de Estados Unidos?
Washington es una pieza central en los planes
de Arabia Saudí, uno de sus más estrechos aliados en Oriente Próximo. Fuentes
de la monarquía saudí admitieron ayer que la ofensiva fue consultada
previamente con la Casa Blanca. «El presidente Obama ha autorizado la
prestación de apoyo logístico y de inteligencia a las operaciones militares
dirigidas por el Consejo de Cooperación del Golfo», ha reconocido el
portavoz del Consejo de Seguridad Nacional BernadetteMeehan. Las tropas estadounidenses
no participan directamente en el conflicto pero sí han establecido un centro de
coordinación junto a los saudíes. El avance de los hutíes ha trastocado su
misión en el país más empobrecido del Pérsico. Este miércoles los milicianos
chiíes se hicieron con el control de la base aérea de Al Anad, a unos 60
kilómetros de Adén. La instalación era usada por fuerzas estadounidenses y
europeas como centro de la lucha contra Al Qaeda. Tanto EEUU como Reino Unido
evacuaron a sus fuerzas especiales hace unos días. Washington admitió entonces
que la salida afectaría a los ataques aéreos con drones que lleva a cabo en
zonas del país con presencia yihadista. En las últimas semanas Washington ha
instado a los hutíes a detener su avance y apostar por el diálogo político.
¿Y la implicación de Irán?
La república de los Ayatolás es «de
facto» el principal aliado de los hutíes. Deseoso de expandir su
influencia en la región y dañar a su enemigo saudí, Teherán ha proporcionado
ayuda ilimitada a la hutíes a través -por ejemplo- del contrabando de armas. El
pasado 13 de marzo una delegación del grupo visitó Irán para firmar un acuerdo
que facilitaba la llegada a Yemen de petróleo iraní y de inversión para la
construcción de plantas de energía y la modernización de algunos puertos
estratégicos del oeste del país. El 30 por ciento de la población yemení es
chií. Un papel central que ha motivado este jueves la dura respuesta de Teherán
a una intervención militar que han tildado de «invasión». «Esta
agresión no tendrá otro resultado que la propagación del terrorismo y el
extremismo y el incremento de la inseguridad en la región», ha advertido
la portavoz del ministerio de Exteriores iraní MarzieAfjam en un comunicado en
el que se censura «un peligro paso» que vulnera «las
responsabilidades internacionales y la soberanía nacional».
¿Por qué Yemen importa tanto?
Arabia Saudí e Irán litigan por su control.
Para Teherán, tener a un grupo afín al frente de Yemen sería una oportunidad de
-aplastada la revuelta de Bahrein, una monarquía suní en un país de mayoría
chií- tener presencia en el golfo Pérsico e incluso frontera con su rival
saudí. Un escenario que alarma a Riad, que comparte unos 1.770 kilómetros de
linde con el polvorín yemení, convertido en asunto de seguridad nacional por
ser además cuartel de Al Qaeda en la Península Arábiga, una amenaza para la
supervivencia de la corte saudí. Por tales razones, Arabia Saudí ha tratado de
ganarse el favor de jeques tribales e islamistas. Pero, más allá de las líneas
sectarias que cruzan su geografía, la grave crisis que atraviesa Yemen anima
las aspiraciones separatistas de norte y sur; pone en riesgo una de las rutas
de suministro de petróleo hacia Europa, Asia y EEUU, con serias implicaciones
para el estratégico canal de Suez egipcio; y hace peligrar aún más la
exportación de petróleo y gas, afectada en el último año por la inestabilidad.
La intervención puede ahondar la precaria subsistencia de 24,4 millones de
yemeníes. Según la ONU, unas 100.000 personas fueron desplazadas el pasado año
por el conflicto. En mitad de la lucha por el poder, su población padece el
hambre, la falta de servicios básicos o una corrupción rampante.