La hegemonía iraní: el plan para controlar Medio Oriente y el Golfo

24/Mar/2015

Radio Jai

La hegemonía iraní: el plan para controlar Medio Oriente y el Golfo

Irak, Siria, Líbano, Bahrein, Yemen y la
Franja de Gaza. Todos comparten un mismo padrinazgo: Irán. Es que el régimen ha
logrado en los últimos años una total hegemonía sobre esos gobiernos, lo que
provoca el alerta en las demás naciones de la región por el peligro que podría
acarrear.
En Irak, la influencia del régimen chiíta ha
llegado a extremos impensados hasta hace pocos años. Según publicara The New
York Times en su edición del martes 17 de marzo, Teherán envió en los últimos
meses armamento pesado para combatir al grupo terrorista Estado Islámico (ISIS,
por sus siglas en inglés), una banda sunnita que emergió en Siria e Irak y cuya
barbarie contra «infieles» sorprende al mundo por igual.
La ayuda del régimen al gobierno de Bagdad
incluyó cohetes y misiles y el entrenamiento de 20 mil milicianos chiítas. El
temor es que el uso de estas armas –cuya precisión no es la más sofisticada-
pueda afectar poblados enteros de civiles que nada tienen que ver con ISIS y
eso retroalimentar las diferencias sectarias, según explicó el diario
neoyorquino. Ese distanciamiento se profundizó durante los años de Nuri
Al-Maliki al frente del poder irakí. De extracción chiíta, Al-Maliki habría
servido a los intereses iraníes contra los sunnitas.
En Siria la influencia de Teherán es
explícita. En la guerra interna que desangra a ese país desde 2011, cuando
grupos rebeldes comenzaron a enfrentarse a Bashar Al-Assad, Irán ofreció toda
su ayuda para impedir la caída de Damasco. Miembros del Ejército Libre de Siria
confirmaron a Infobae la presencia de militares iraníes en ciudades como Alepo,
uno de los escenarios de combate más cruentos desde el inicio del conflicto. La
diferencia entre los grupos irregulares y el ejército de Al-Assad es total. Mientras
unos no poseen armamento suficiente y dependen de la «rapiña» de los
enemigos caídos, las Fuerzas Armadas sirias cuentan con el apoyo de Teherán y
de Hezbollah, el representanto iraní en el Líbano y el mundo.
Tanto en Irak como en Siria, Irán tiene a un
delegado. Un «comandante en las sombras». Se trata de QasemSoleimani,
general y jefe del servicio de inteligencia y de las Fuerzas Quds. Es señalado
como el hombre que consiguió que Al-Assad no cayera y también de que el Estado
Islámico no siguiera conquistando territorio en Irak. Incluso, algunos vieron a
este militar iraní al frente de las milicias. Y también como un instigador de
los atentados terroristas del islam chiíta que sufrieran las tropas de los
Estados Unidos durante la ocupación en Irak.
Es con el grupo terrorista Hezbollah que Irán
consiguió controlar la mitad del Líbano y parte de Siria. Este grupo armado
chiíta, nacido a comienzos de los 80, expandió sus crímenes por todo el
planeta. Su red en América Latina está fuertemente presente en Venezuela,
México, Brasil y en la Argentina, países que sirven además como fuente de
financiamiento para sus actos. Irán expande así su «revolución» por
el globo.
«Irán no sólo quiere la hegemonía en el
Golfo y el Medio Oriente, sino en realidad quiere ser considerado una potencia
global», advierte Ely Karmon, investigador y académico del Instituto
Internacional de Contra-Terrorismo. Karmon explica además que en su programa
oficial Hezbollah reconoce que Irán «juega un rol central en el mundo».
El imperialismo del régimen es explicado por el académico: «Como dije, el
objetivo de Irán es ser hegemónico en la región y ser un fuerte ‘eje de la
resistencia'», y agrega que otro de las metas de Teherán es «divulgar
la doctrina del AyatollahKhomeini y en lo posible la fe chiíta».
El factor Estado Islámico
Las decapitaciones, los linchamientos de
homosexuales en plazas públicas, las cinematográficas ejecuciones y la
destrucción de monumentos, mausoleos y tesoros arqueológicos de más de 3 mil
años de antigüedad por parte de ISIS representan una amenaza no sólo para el
mundo civilizado, sino también para otros países musulmanes que ven con
preocupación el avance de estos fanáticos terroristas. Arabia Saudita -también
de extracción sunnita como ISIS- ve con alarma la expansión de este grupo
extremista, pero también advierte sobre la influencia del régimen iraní que
cobra mayor peso en Medio Oriente y el Golfo Pérsico.
Analistas sauditas creen que esta influencia
de Irán en el mundo árabe podría provocar un severo desequilibrio y cambiar el
mapa de la región con miras a las próximas décadas. «Arabia Saudita y los
países del golfo están ante un desafío mayor», comentó en off the record
un funcionario del reino arábigo luego del golpe en Yemen dado por los hutíes.
Hoy, ese país no logra establecer el orden interno y la tensión en las calles
se acrecienta. Y las persecuciones y cacerías políticas son diarias.
El plan iraní es claro: su expansión regional
le permite no sólo ser interlocutor «necesario» en la lucha contra el
Estado Islámico, sino también fortaleza a la hora de negociar sobre su proyecto
nuclear. De prosperar esta peligrosa iniciativa, el equilibrio en la región
podría inclinarse definitivamente hacia Teherán. Pero no sólo eso: la capacidad
atómica le otorgaría a este régimen las herramientas para aplastar
definitivamente cualquier intento por confrontar las reglas de los Ayatollahs.
Y también despertará los deseos nucleares de Turquía, Arabia Saudita y Egipto.
Turki Al-Faisal, príncipe saudita, ya advirtió
en una entrevista concedida a la BBC que su país no tolerará que se llegue a un
acuerdo con Irán y que ello provocará una «carrera nuclear». «Si
Irán tiene la capacidad de enriquecer uranio a cualquier nivel, no es sólo que
Arabia Saudita vaya a pedirlo, es que todo el mundo será una puerta abierta
para seguir ese camino sin inhibiciones», dijo. Y añadió: «Irán es un
actor de alteración en varios contextos en el mundo árabe, ya sea Yemen, Siria,
Irak, Palestina o Bahrein».
En América Latina
En guerra contra el «imperialismo»
occidental, varios gobiernos de América Latina han encontrado en Irán un
«imperialismo» más simpático. Sobre todo en materia de negocios. El
«Eje de la Unidad» lo bautizaron el venezolano Hugo Chávez y el ex
presidente iraní Mahmud Ahmadinejad en 2007, en una de las tantas visitas del
latinoamericano a tierra persa.
Gran parte de esos «negocios»
estuvieron reñidos con la transparencia, como los que salieron a la luz en los
últimos meses en la Argentina y Venezuela y que publicara en su última edición
la revista brasileña Veja. Esa publicación explicó en detalle la influencia
iraní en la región cuyo epicentro funcionó en Caracas, durante el gobierno de
Chávez y encontró refugio en Buenos Aires.
Fue bajo la influencia del militar caribeño que
el gobierno de Cristina Kirchner habría llegado a un pacto secreto con Irán,
por medio del cual se intentaría encubrir la responsabilidad de esa nación en
el más sangriento ataque terrorista que sufriera la Argentina en su historia:
el atentado a la AMIA, en 1994. Fue el fiscal Alberto Nisman quien acusó a
parte del gobierno argentino por encubrir a varios popes del régimen de
Teherán. El investigador fue hallado muerto días después en su vivienda. Como
consecuencia de esa investigación, escuchas telefónicas que figuran en la causa
confirman los negocios, la financiación y las actividades de Irán en la
Argentina y en Venezuela.