Lo que nadie contará hoy sobre Auschwitz

03/Feb/2015

Bitácora, Por Miguel Ángel Rodríguez Arias (*)

Lo que nadie contará hoy sobre Auschwitz

Se cumplen setenta años
de la liberación del campo de la muerte de Auschwitz, con toda probabilidad el
nombre que evoca lo más cerca que el ser humano ha llegado a estar del mal
absoluto en toda su historia. Y ya es decir.
Auschwitz, y los otros
más de 50 «campos de la muerte» diseminados por toda la Europa
ocupada, evocados al unísono con esa sola mención; y ello sin contar los casi
1000 campos de concentración del Tercer Reich, los más de 1150 guetos y todo lo
demás.
Declarado Patrimonio de
la Humanidad por la UNESCO, hablar de Auschwitz continúa siendo hoy demasiado
difícil, demasiado insuficiente, demasiado sobrecogedor. No hay texto ni
palabras suficientes para abarcar lo que fue Auschwitz, y mucho menos en un
breve artículo, es verdad.
Pero, con todo, me
resulta demasiado inaceptable que incluso en el día que se recuerda el 70
aniversario de Auschwitz y de todo lo que allí sucedió se permita olvidar que
Auschwitz fue el mayor campo de trabajo forzado de la Alemania nazi.
Y que Auschwitz fue
también «IG Auschwitz». Filial de IG Farben, el gran Cartel
empresarial del momento, formado por las empresas Bayer, HOECHST y BASF.
Y no digo el gran Cartel
empresarial «alemán», porque eso no sería verdad, no al menos hasta
prácticamente diciembre de 1941 y el ataque a Pearl Harbor.
Y no sería verdad porque,
según el propio informe oficial de la Sección de Investigación Financiera del
Gobierno Militar de Ocupación, a las alturas de 1940 del total de las 324.766
acciones que componían el Cartel IG Farben únicamente 35.616 de éstas estaban
en manos de personas con residencia en Alemania, mientras que casi el triple de
esa cantidad, 86.671 acciones, estaban en manos de inversores de nacionalidad
estadounidense, y casi cinco veces más, 166.100 acciones, estaban en manos de
ciudadanos suizos.
Es decir, más de un 80%
del capital social de IG Farben estaba financiado desde Wall Street y Suiza
frente al poco más de un 10% propiamente alemán.
Y esa sería,
precisamente, una de las razones determinantes para excluir el procesamiento de
los responsables empresariales de IG Farben (hasta 24 altos directivos de la
compañía) de los Juicios principales de Núremberg: la dificultad para conseguir
dejar fuera de la investigación penal a otros ciudadanos de Estados Unidos,
Reino Unido y otros países.
Porque los líderes nazis
fueron unos monstruos y unos dementes, por supuesto que sí, pero algún día
deberá terminarse de hablar también de la auténtica conspiración de Farben,
Krupp y otras grandes empresas mundiales, supuestamente «alemanas»
que en nombre de un «beneficio» autoreferencial y fuera de toda
sensatez y humanidad, les ensalzaron y financiaron sin límite con más de tres
millones de marcos de la época «para que las elecciones de 1933 fuesen las
últimas elecciones de la República de Weimar» (von Schnitzler dixit) y
poder hacer después «negocios» a satisfacción con el régimen
nacionalsocialista aprovechando la «oportunidad de mercado» de la
invasión de casi toda Europa así como «instalaciones de trabajo» como
Auschwitz…
Porque tal y como
señalaría el fiscal Taylor en su «indictment» durante los Juicios
posteriores a Núremberg: «IG marchó con la Wehrmacht, concibió, inició y
preparó un detallado plan para hacerse al amparo de esta con la industria
química de Austria, Checoslovaquia, Polonia, Noruega, Francia, Rusia y otros 18
países».
Y por eso tampoco debería
sorprender que tras la derrota del nazismo una de las Leyes del Consejo de
Control aliado fuese precisamente la número 9, de 20 de septiembre de 1945,
específicamente destinada a disolver el Cartel IG Farben y fundamentada, según
las palabras de su propio preámbulo, en la necesidad de “impedir que IG Farben
pudiese representar ninguna amenaza futura a sus vecinos o a la paz mundial a
través de Alemania».
Y no es que nos cupiese
esperar en un día como hoy ningún tipo de comunicado o petición pública de
perdón de Bayer, HOECHST o BASF por «IG Auschwitz», empresas éstas
que, a diferencia de su matriz Farben, sí continúan hoy existiendo.
Pero sí que considero que
«IG Auschwitz» representa un motivo muy real de preocupación acerca
de la necesidad de revisar los «límites y controles» del poder
corporativo en el mundo actual, y sobre la actual insuficiencia de los
instrumentos de Derecho penal internacional ante todo ello. Y que, un día como
hoy, resulta demasiado inaceptable, y arriesgado para un futuro que nadie desea
ver repetido, que ni siquiera se mencione la fundamental responsabilidad
desempeñada por estos otros actores empresariales en el inmenso crimen de
Auschwitz.
(*) Miguel Ángel
Rodríguez Arias. Abogado. Experto en Derecho penal internacional.