Hizbulá, Irán e Israel, en el momento de mayor tensión desde la guerra de 2006

21/Ene/2015

El Mundo, España, Por Sal Emergui

Hizbulá, Irán e Israel, en el momento de mayor tensión desde la guerra de 2006

La guerra en la sombra
entre Irán e Israel adquiere un tono público y peligroso. Los dos misiles
israelíes que alcanzaron este domingo un convoy formado por miembros de la
Guardia Revolucionaria iraní (incluyendo un importante general) y milicianos
del grupo chií libanés Hizbulá en el Golán sirio pueden ser la mecha que
encienda un enfrentamiento a gran escala.
Israel ha elevado su
estado de alerta en la frontera con el Líbano y Siria y ha desplegado baterías
defensivas Cúpula de Hierro en el norte del país ante el temor de la anunciada
represalia de Irán y la milicia radical proiraní que lidera Hasán Nasrala.
Este martes, el jefe de
la Guardia Revolucionaria iraní, Mohamed Alí Jafari, ha advertido que se
ocuparán de «destruir la entidad sionista (…) Los sionistas deben
esperar un rayo destructivo». Tras prometer una dura represalia, asegura
que el ataque israelí contra sus soldados en el Golán «acelerará el
colapso del régimen sionista».
«Estamos listos y
preparados ante cualquier escenario», asegura el jefe del Ejército
israelí, Benny Gantz que ha participado esta mañana en la reunión del
minigabinete de seguridad convocada con carácter de urgencia.
Israel no confirma ni
desmiente el ataque aéreo (helicóptero o dos drones) que descabezó la
infraestructura armada de Hizbulá e Irán en el Golán, a sólo siete kilómetros
de su frontera. Entre los seis milicianos de Hizbulá muertos, se encuentra su
responsable en Siria e Irak, Mohamed Issa, y el jefe de las células, Yihad
Mugniyah. El funeral de éste casi coincide con el séptimo aniversario de la
muerte de su padre, el jefe del brazo armado de Hizbulá, Imad Mugniyah tras la
explosión de su jeep en Damasco en una acción atribuida a los servicios
secretos israelíes. Entre los atentados atribuidos a Mugniyah con la ayuda
iraní, destacan los cometidos en Buenos Aires contra la embajada israelí y la
comunidad judía (AMIA) en los años 90.
Irán jura que vengará la
muerte de sus seis militares, entre ellos, el influyente general Mohamed Ali Allahdadi.
El eje Hizbulá-Irán-régimen sirio de Bashar Asad prepara una represalia que sea
suficientemente dolorosa para castigar a Israel por su ataque pero no que les
arrastre a una guerra como la de 2006.
«La entidad sionista
ha cometido una agresión criminal muy grande y no lo dejaremos pasar por
alto», advierte Mahmud Kamati, uno de los dirigentes de Hizbulá.
Según fuentes de
inteligencia occidentales citados por varios medios israelíes, «Hizbulá e
Irán lanzaron desde el Golán varios atentados contra Israel y planificaban más
ataques como proyectiles, penetraciones en localidades israelíes o misiles
antitanque. Yihad Mugniyah era un terrorista peligroso apoyado por Irán».
Una fuente de seguridad
israelí no identificada (oficialmente su país no confirma o desmiente) afirmó
al mediodía que el ataque aéreo no tenía como objetivo el general iraní sino
varios milicianos de Hizbulá. La «aclaración», revelada a la agencia
Reuters, indica que no eran conscientes de la presencia del conocido general y
parece buscar calmar las ganas de venganza de Teherán.
Tensa calma
Nadie duda de que la
represalia llegará tarde o temprano. La gran pregunta es cómo y cuándo. La
tensa calma que reina desde el domingo parece confirmar que Hizbulá no apuesta
de momento por el disparo masivo de misiles contra las ciudades en el norte de
Israel. Es más probable que decida atacar patrullas fronterizas o atentados
como el de Bulgaria en 2011 (cinco turistas israelíes y un búlgaro muertos).
Hizbulá e Irán afirman
que actuarán «en el momento y lugar más adecuados». El diario libanés
‘As-Safir’ cita fuentes de Hizbulá que avanzan una «respuesta impredecible
y dolorosa aunque será controlada y por debajo del nivel que pueda provocar una
guerra abierta».
A Nasrala no le interesa
repetir el enfrentamiento bélico de 2006 por varios motivos: Irán, que le
financia y arma, no lo desea ahora. Tampoco a los libaneses, ya que acabarán
pagando el precio de las bombas. Hizbulá e Irán están volcados en ayudar a Asad
en la guerra civil siria.
«Si el grupo que fue
liquidado el domingo iba a cometer un atentado contra Israel, la reacción de
Hizbulá será más comedida. Pero si cree que lo que impulsó a Israel fue la
voluntad de golpear a sus cabecillas, será mucho más dura», pronostica el
ex jefe del Mosad, Danny Yatom.
El primer ministro
israelí, Benjamin Netanyahu, no hace comentarios sobre el ataque atribuido a su
Fuerza Aérea pero avisa: «Israel tiene el derecho a defenderse ante los
que propagan terror y ataques contra sus civiles. Haremos todo lo necesario
para defendernos». «Derecho a defenderse» puede tener en este
caso la siguiente lectura: «Atacar comandos cerca de la frontera».
La semana pasada, Nasrala
advirtió con una dura respuesta si Israel volvía a atacar en Siria convoys de
armas sofisticadas que iban destinadas a su grupo. «Consideramos cualquier
ataque contra Siria como un ataque contra el eje de la resistencia»,
señaló avisando que posee un arsenal mucho más sofisticado que en el 2006.
Si en los próximos días
vemos en acción los nuevos misiles de Hizbulá, el significado es que israelíes
y libaneses (con Irán en la distancia) han regresado al verano de hace nueve
años con la diferencia de que ambos disponen de armas más letales y Siria ya no
es Siria. Hoy es un país inmerso en un sangriento caos y dividido en zonas
controladas por la dictadura, la oposición moderada y el yihadismo más brutal.