Cuando conducir es terrorismo

29/Dic/2014

La Vanguardia, Xavier Mas de Xaxàs

Cuando conducir es terrorismo

La monarquía de los Saud
se dispone a juzgar como terroristas a dos mujeres por desafiar la prohibición
de conducir. El régimen, una teocracia absolutista de corte medieval que
fomenta el sectarismo religioso y exporta la guerra santa, hace meses que
castiga con penas muy severas cualquier acto de disidencia. Dos activistas, por
ejemplo, fueron condenados en marzo a ocho y diez años de cárcel por retuitear
mensajes a favor de manifestaciones pacíficas. Las penas salieron de la nueva
ley antiterrorista, un texto pensado para cortar de raíz cualquier opinión o
acción dispar.
Las dos mujeres
conductoras no van a tenerlo fácil. Se trata de Lujain al Hathlul, de 25 años,
y Maysa al Amudi, de 33. Lujail fue detenida el 1 de diciembre en la frontera con
los Emiratos Árabes Unidos. Iba al volante de su coche y tenía intención de
seguir conduciendo dentro de Arabia Saudí hasta su destino. Maysa, que también
estaba en los Emiratos, recogió la noticia de su arresto en las redes sociales
y acudió en su ayuda. También fue detenida.
Este tipo de protesta,
que se remonta a los años 90, solía castigarse con una multa y la pérdida del
empleo si es que la mujer tenía uno.
Ahora, sin embargo, la
ley permite juzgar a las conductoras como terroristas y las autoridades saudíes
piensan hacerlo no sólo porque Lujain y Maysa se pusieron al volante sino
porque narraron su detención en las redes sociales, donde tienen cientos de
miles de seguidores.
Arabia Saudí goza de una
prensa favorable en Occidente a pesar de que es una dictadura brutal, sin
derechos humanos, civiles o laborales, que cada año decapita en las plazas
públicas a decenas de reos, un país sin libertad de expresión, basado en el
wahabismo, una de las corrientes más conservadoras del islam, que interpreta el
Corán con un rigor propio del siglo VIII.
Cada mujer necesita el
visto bueno de su guardián legal -padre, marido, hermano o, incluso, hijo- para
casarse, viajar o trabajar. Ir al trabajo en un país sin transporte público
implica dejarse buena parte del sueldo en contratar un chófer. Ningún otro país
del mundo prohíbe a la mujer conducir. El gran muftí opina que permitirlo sería
«el caos social». El rey Abdulah considera que, eventualmente, la
mujer acabará haciéndolo. De momento, va a permitirles votar y ser candidatas
en las elecciones municipales del año próximo, una pantomima para contentar a
EE.UU. También ha colocado a 30 mujeres en el Consejo de la Shura, un
parlamento con 150 escaños y poderes simbólicos.
Pero lo que ahora está en
juego no son los derechos civiles de las mujeres sino la supervivencia de un
régimen que teme haber creado a un monstruo capaz de devorarlo.
Durante años, los Saud
han financiado el terrorismo islamista, empezando por Al Qaeda. Los mismos
dólares que sirven para comprar trenes de alta velocidad financian grupos
armados en Siria, Iraq, Libia, Yemen y otros países. La expansión de Estado
Islámico no puede entenderse sin las redes de beneficencia saudíes.
Este salafismo yihadista,
defiende, sin embargo, una ideología y un dogmatismo contrarios a la monarquía
de los Saud, que durante siete décadas ha sido la gasolinera amiga de Occidente
en Oriente Medio. ¿Cuánto tardarán los guerrilleros del califato en alzar su
sable contra el rey de Arabia?
El régimen saudí confía
en que los yihadistas siempre necesiten su dinero, y a los que vuelven del
frente los considera sus aliados aunque hayan cometido todo tipo de
atrocidades. Si los hace pasar por «campos de reeducación» es, más
que nada, para calmar la conciencia de EE.UU. y la UE porque la verdad es que
estos veteranos de la yihad tienen unos privilegios que nunca tendrá los
estudiantes que piden democracia o las mujeres que desean conducir.