El islamismo radical es
el nuevo nazismo.
En este mismo momento, en
todo el norte de Irak y Siria ondean las banderas oscuras del Estado Islámico y
Al Qaeda, con armas más sofisticadas que nunca y con el objetivo de conquistar
el mundo entero y obligarnos a todos a seguir su fascismo místico.
En algún lugar de
Uruguay, una joven empresaria planifica este fin de semana la construcción de
aviones no tripulados (drones) con una impresora 3D para que recorran cultivos
y campos y envíen los datos a productores que tomarán decisiones con un volumen
de información inédito. Ha sido premiada por el BID por llevar adelante el
proyecto más innovador de 2014 y puede empezar a transformar el agro uruguayo
en 2015.
En el mismo momento,
decenas de niñas nigerianas se preguntarán si ser esclavas sexuales de los
terroristas musulmanes que las tienen secuestradas será su destino de por vida.
Al mismo tiempo, una de ellas declara tras haber sido enviada con el cuerpo
repleto de bombas a estallarse en un mercado lleno de gente y haberse negado a
hacerlo, aunque le hayan prometido que accedería al paraíso luego de matarse
matando. Tal vez pueda ahora, que ha salido del infierno en el que estaba,
volver a la escuela secundaria.
En el mismo momento que
pienso en las nigerianas secuestradas por Boko Haram por cometer el delito de
estudiar en un liceo, el grupo musulmán cuyo nombre significa que la educación
“occidental” está prohibida miro el mapa que ha elaborado el BID con el
porcentaje de la población joven que ha terminado el liceo en América Latina.
En Uruguay es el 33%, la marca más baja por lejos de toda América del Sur, la
mitad que en Chile (66%), Paraguay (64%), Argentina (63%).
En este mismo 25 de
diciembre en el que desde la paz y comodidad uruguaya escribo esta nota, los
adolescentes kurdos están sitiados desde setiembre en su ciudad de Kobane por
el Estado Islámico, casi niñas teniendo que enfrentar el fascismo en una lucha
de vida o muerte en la que el país vecino, Turquía, integrante de la OTAN,
aspirante a ingresar en la Unión Europa, ha tomado partido por el Estado
Islámico.
En el mismo momento, una
mezquita arde en el centro de Suecia, país pacífico si los hay, y que con la
misma ingenuidad que Uruguay, pero hace 20 años, dejó entrar a miles de
musulmanes, algunos de los cuales terminaron guerreando en Medio Oriente luego
de cobrar los jugosos subsidios de la seguridad social sueca. A pesar de mi
absoluta aversión a la violencia política o religiosa, puedo entender el
hartazgo de los suecos y de tantos europeos que ven cómo su Estado de bienestar
ha sido usado por mentes enfermas para tratar de imponer su ideología antidemocrática
y totalmente contraria a cualquier cosa que se parezca a los derechos humanos.
En este mismo momento en
Dresden, Alemania, alguien está organizando la marcha del próximo lunes contra
la islamización de Europa. Y seguramente tiene mucho trabajo porque las
reuniones que se realizan cada lunes para advertir del peligro que enfrenta el
mundo democrático aumentan exponencialmente su adhesión semana tras semana.
Aunque muchos los llaman “xenófobos”, como si de alguna especie de racismo se
tratara, Gary Hochenstein, un tranquilo alemán de 63 años que concurre a las
reuniones, lo explica con simpleza: se trata de educar. “Yo siento que la
misión es educar a la gente acerca de los peligros del islam radical y no dejar
que los musulmanes impongan sus creencias a los no musulmanes”, ha explicado a
la prensa.
En algún lugar de Arabia
Saudita, dos mujeres enfrentan un juicio por terrorismo. Loujain al Hathloul y
Maysa al Amoudi no solo cometieron el delito de manejar un auto, sino que
además lo publicaron en redes sociales, desafiando los mandatos de Alá y del
reino despótico en el que viven. En este mismo momento, están en el banquillo
de los acusados.
En este mismo momento, en
todo el norte de Irak y Siria ondean las banderas oscuras del Estado Islámico y
Al Qaeda, con armas más sofisticadas que nunca y con el objetivo de conquistar
el mundo entero y obligarnos a todos a seguir su fascismo místico. Es delito
gravísimo allí la sidra y el jamón, la música y la alegría, el whisky y el
chorizo. Es inaceptable que una mujer pueda elegir su pareja o que pueda sentir
la caricia del viento en sus mejillas. Un celular con imágenes inapropiadas en
su interior puede significar morir en la plaza pública a pedradas.
También en este mismo
momento el joven turco Mustafa Ali Tonbul, de 17 años, está también enfrentando
una posible pena de hasta cuatro años de prisión porque en un acto de protesta
estudiantil dijo que su presidente era un corrupto por comprar el petróleo del
Ejército Islámico y apoyar a ese grupo terrorista. El joven ya perdió buena
parte de su cráneo golpeado por la Policía durante una manifestación en 2013.
El juicio es por “resistir a la Policía”.
No tenemos plena
conciencia en este país del privilegio de lo que es vivir en un Estado donde el
islam es todavía irrelevante como ideología. No tenemos todavía una clara
noción del país que podemos dejar a las generaciones siguientes si –como a
comienzos del siglo XX– volvemos a los puestos de vanguardia en educación.
El mundo es un lugar
mucho más inseguro y arrasado por el islam militante al terminar este 2014.
Desde Mosul hasta Sidney, el nazismo del siglo XXI amenaza a todos los que no
se dobleguen al terror. Uruguay ha construido en 30 años de democracia una isla
de paz, que es cada vez más extraña. Uruguay recibirá en los próximos años
miles de inmigrantes. Musulmanes que se han quedado sin nada por la violencia
de sus sociedades, europeos espantados de la islamización que se les viene en
sus sociedades y gente culta y civilizada que aprecia que The Economist nos haya
nombrado país del año por nuestra apuesta a la libertad.
Nuestra oportunidad se
erige en un mundo cada vez más amenazante. Tiene plena vigencia, requiere de
una educación generalizada en extensión y profunda en todos los estamentos,
especialmente en la pública, que hoy parece estar en fuerte desventaja respecto
a la privada.
Los nubarrones de largo
plazo que enfrenta el mundo tienen que ver con la guerra mundial que los
musulmanes yihadistas quieren librar contra todo el mundo. Hoy nos sentimos tan
ajenos y lejanos a esa realidad como se sentían los europeos hace 30 años. Tras
cinco años de una política exterior condescendiente con países como Irán que
establecerá en 2014 un récord nefasto de personas ahorcadas en las plazas
públicas, debe llegar un tiempo en el que se note una diferencia de rumbo que
no solo tenga que ver con lo comercial, sino con una clara definición contraria
al terrorismo en todas sus manifestaciones. Ser un país casi libre de
influencia islámica es hoy una ventaja decisiva para la gente inteligente. Y
tener una postura política clara al respecto nos volverá cada vez más
referenciales a nivel global. El mundo ha cambiado con la llegada de este
siglo. En Uruguay ya tienen sus organizaciones, sus propagandistas, su
presencia en redes sociales y seguramente ya reciben financiamiento para captar
gente despistada, entre los cuales los jóvenes que ni estudian ni trabajan son
presas ideales. Un nuevo nazismo está avanzando en el mundo y Uruguay tiene que
tener una voz clara al respecto. No se trata para nada de coartar la libertad
de cultos, sino de mantener una barrera que separe lo religioso de lo político.
Especialmente en el caso del islam, que es en su concepción una idea política y
bélica que abarca todos los aspectos de la vida.
Además de la situación
catastrófica del mundo islámico, el contexto externo se ha complicado por dos
vías. Por un lado, se acercó en 2014 a los tiempos de la guerra fría con la
irrupción de una situación de conflicto entre Rusia y la OTAN en torno a
Ucrania, que sigue lejos de una resolución. Con una lógica más gradual pero en
el largo plazo más devastadora, el año 2014 siguió mostrando un aumento
persistente en la temperatura del planeta. Y siguen sin lograrse acuerdos
contundentes en materia de cambio climático, lo que en el largo plazo será una
fuente permanente de inestabilidad. En este caso, Uruguay debe posicionarse
como promotor de políticas que amortigüen el proceso.
La democracia instalada
hace 30 años nos viene impulsando como país, ya creemos que es algo natural no
discriminar a nadie por su sexo, o sus preferencias personales de cualquier
tipo. Ya creemos que tenemos la libertad garantizada. El mundo nos mira como un
ejemplo en muchos aspectos. Por ahora no somos parte de un deterioro que en
otras zonas se ha vuelto dramático.
Uruguay, una isla en un mundo que oscurece
29/Dic/2014
El Observador, Por Eduardo Blasina