Stuka nº 5

26/Dic/2014

Brecha, I.V.

Stuka nº 5

Hay nazis célebres en la
historia. Los hay. Nazis como Heidegger, nazis en Bariloche, “nazis-sado” en
filmes como Scorpio Rising. El nazismo ocupa un lugar oculto e incómodo para
Occidente, y como conducta moralmente inaceptada es un tabú que es preferible
acallar.
Cada tanto, la
incomprobable fantasía nazi de un Carlos Perciavalle y de la China Zorrilla se
vuelve real y existen documentos que lo prueban. Hace días un programa de
televisión, emitido por France 3 y denominado “Les artistas sous l’occupation”,
entró de lleno en esa olla podrida llamada colaboracionismo con el régimen
nacionalsocialista. Lo sorprendente fue que el olor de la caldera de los
dóciles estaba en las antípodas de la pestilencia, hediendo a Chanel nº 5.
La agente “F-7124”, más
conocida como Coco Chanel, trabajó como espía para el servicio secreto alemán
entre 1940 y 1944. Al menos así lo demuestran los documentos encontrados por el
archivista Frédéric Quéguineur, del Ministerio de Defensa galo. El archivo
viene a confirmar lo que hasta ahora eran rumores. Hacia el año 2011 se editaba
“Sleeping with the Enemy. Coco Chanel’s Secret War”, biografía publicada por
Hal Vaughan en la que la dama de la alta sociedad no quedaba precisamente bien
parada. Era pintada como una feroz antisemita y admiradora de Hitler.
Días después de que el
Führer cruzara triunfal el Arco del Triunfo, la diseñadora rondaba los 57 años,
contaba con un imperio de alta costura y artículos de belleza, y una suite en
el Ritz de Vendóme, lujosísimo hotel que la alta oficialidad alemana utilizó
como residencia.
París era una fiesta,
pero exclusiva para nazis, que ocupaban un territorio ajeno ante la odiosa
mirada de los parisinos. La capital gala –célebre por su vida nocturna y sus
galerías- quedó reservada para el entretenimiento de las tropas. Por su parte,
Coco, mujer de muchos affaires, durante la primavera nazi tuvo, para no ser
menos, un amorío con Hans Günther von Dincklage, diplomático alemán y
reclutador nazi de espías, quien logró la liberación de su sobrino Gabriel por
su infuencia en la cúpula de la Gestapo.
Una de las misiones de
Coco en su calidad de agente al servicio de la inteligencia alemana, la Abwehr,
data de 1943. Allí, bajo el alias de “Westminster” (por otra relación con otro
alemán en los años veinte) llegó a Madrid para negociar la derrota alemana con el
embajador británico en territorio ibérico, hombre de confianza de Winston
Churchill.
Aprovechando las normas
antisemitas que rigieron en Francia durante la ocupación, intentó arrebatarle a
su socio, el judío Pierre Wertheimer, la empresa Bourjois, encargada de
comercializar el célebre “número cinco”. Cosa que finalmente no pudo hacer,
puesto que para evitar esto Pierre dejó su firma a nombre de Félix Amiot, quien
se la devolvió al final de la guerra. Chanel, lejos de ser una partisana
rebelde, fue una hábil empresaria. “El perfume anuncia la llegada de una mujer
y alarga su marcha”, decía Coco.