Pakistán reinstaura la pena capital para castigar masacre del talibán

18/Dic/2014

El País

Pakistán reinstaura la pena capital para castigar masacre del talibán

El anuncio lo hicieron
los servicios del primer ministro Nawaz Sharif, en el primero de tres días de
luto nacional decretado tras el peor atentado en la historia del país, cometido
en una escuela gestionada por el Ejército en Peshawar.
En el ataque murieron 148
personas, según un nuevo balance militar. El anterior era de 141 fallecidos.
Del total de fallecidos, 132 eran menores cuyas edades iban de los 7 a los 17
años, todos ellos alumnos del centro bajo control militar.
En Pakistán, las condenas
a muerte son relativamente frecuentes, pero la pena no se aplica desde 2008,
salvo en el caso de un soldado condenado en 2012 por un tribunal marcial. Según
Amnistía Internacional hay más de 8.000 personas en el corredor de la muerte.
Numerosos comercios y
escuelas estaban cerrados este miércoles, y se organizaron oraciones en memoria
de las víctimas en todo el país, donde varios observadores pidieron a las
autoridades erradicar de una vez por todas la violencia islamista. El primer
ministro se encontraba en Peshawar, donde presidió una reunión con todos los
partidos políticos y renovó su promesa de traer la paz.
«VENGANZA»
El ataque del martes fue
reivindicado por el Movimiento de Talibanes de Pakistán (TTP), que dijo querer
vengarse así de la ofensiva militar lanzada el pasado junio contra ellos, en su
bastión tribal de Waziristán Norte, cerca de la frontera afgana. «Queremos
hacerles vivir el sufrimiento (…) terrible de que les maten a un ser querido.
Sus familias deberán llorar a sus muertos, como nosotros lo hemos hecho»,
dijo un portavoz de los talibanes, Muhamad Khurasani.
El atentado fue condenado
en todo el mundo, e incluso los talibanes afganos se sumaron a esta condena,
diciendo que «el asesinato de inocentes, mujeres y niños va contra los
principios del islam».
En India, el primer
ministro Narendra Modi dejó a un lado la tradicional rivalidad con Pakistán y
pidió a los colegios observar dos minutos de silencio.
Recién terminado el
ataque, que duró ocho horas, numerosos observadores, empezando por la prensa
local, pidieron al Gobierno y al Ejército «mirar la realidad de
frente» y encontrar la forma de atajar los atentados de los islamistas,
que han causado más de 7.000 muertos desde 2007.
No obstante, la cuestión
del islamismo radical, heredada de décadas de conflictos con la India y el
Afganistán vecinos, sigue siendo un tema delicado en un país donde dicha
corriente sigue siendo influyente entre la clase política.
Según el analista Raza
Rumi, del Instituto de la Paz de Estados Unidos, el fin de esta violencia
requerirá terminar con simpatías muy arraigadas en la sociedad paquistaní.
«Tres décadas de
islamización y la adopción de la ideología islamista como ideología nacional se
han traducido en una amplia aceptación de actos cometidos en nombre del
islam», dijo Rumi.
Por su parte, el
presidente afgano, Ashraf Gani, dijo que «es el momento de que Afganistán
y Pakistán tomen conjuntamente medidas efectivas» contra el terrorismo,
tras el asalto a una escuela paquistaní en que murieron 132 estudiantes.
Ambos países deben
adoptar estas medidas conjuntas «con honestidad y eficacia contra el
terrorismo y el extremismo», afirmó Gani en un comunicado tras reunirse en
Kabul con el jefe del Ejército de Pakistán, el general Raheel Sharif.
Ambas partes recalcaron
la necesidad de ampliar la cooperación entre sus fuerzas de seguridad, tras
desplazarse hoy el responsable militar paquistaní a Kabul con el fin de abordar
la lucha contra los insurgentes en la frontera de ambas naciones.
VIGILIAS
Desde el mismo martes por
la noche se organizaron vigilias en las ciudades del país en homenaje a las
víctimas. Ayer miércoles de mañana, todas las escuelas públicas y privadas
estaban cerradas en la provincia de Jyber Pajtunjua, donde tuvo lugar el
ataque.
En Lady Reading, el
principal hospital público de Peshawar, los supervivientes seguían contando el
horror que vivieron. «Era como en una película del oeste», dijo Ahmad
Faraz, un alumno de 14 años que estaba en clase junto con otros 250 cuando
irrumpieron los talibanes en el anfiteatro.
Vestidos de uniformes
paramilitares, armados y con chaquetas llenas de explosivos, empezaron a
disparar «de forma continua, a diestra y siniestra», gritando
«Allahu Akbar» (Alá es el más grande), recuerda Ahmad Faraz.
«La sala se llenó de
gritos y llantos. Vi a mi profesor sangrando», dice. «Luego, un
talibán le dijo a los demás: quedan todavía algunos escondidos debajo de las
bancas y los despachos, ¡mátenlos a todos!».
«En ese momento
empezaron a matarnos uno a uno. Fue una pesadilla, a cada bala que disparaban
escuchaba los gritos». Herido de bala en el hombro, Ahmad Faraz se hizo el
muerto y luego se desmayó. Luego se despertó en el hospital, feliz de haber
sobrevivido.
ORACIÓN DEL PAPA.
El papa Francisco
denunció en la plaza San Pedro los atentados perpetrados tanto en Pakistán,
como en Australia y Yemen, pidiendo a Dios «convertir el corazón de los
violentos». «Me gustaría orar junto a ustedes por las víctimas de los
actos terroristas cometidos en estos últimos días en Australia, Pakistán y
Yemen», dijo el Sumo Pontífice en tono grave tras la audiencia semanal.
«Que el Señor acoja
en su paz a los difuntos, aporte consuelo a las familias y convierta el corazón
de los violentos», dijo el jefe de la Iglesia católica, visiblemente conmovido
por la sucesión de hechos.