Monasterio franciscano declarado “Casa de vida” por salvar a mujeres y niños judíos

04/Dic/2014

Aleteia, Jesus Colina

Monasterio franciscano declarado “Casa de vida” por salvar a mujeres y niños judíos

“Casa de vida”. Este es
el reconocimiento que puede leerse en una placa conmemorativa expuesta desde
hace unos días en el monasterio de las Hermanas Franciscanas Misioneras de
María, en la Plaza del Carmen de Florencia.
El reconocimiento ha sido
atribuido por la Fundación Internacional Raoul Wallenberg en reconocimiento de
la ayuda ofrecida por las religiosas de esa comunidad a mujeres y niños durante
las redadas nazis perpetradas hace exactamente 71 años.
Tras la razia que llevó a
la deportación a Auschwitz de 1.022 judíos romanos, los nazis avanzaron
rápidamente hacia el norte de la península italiana para efectuar nuevas
incursiones en las principales ciudades.
Florencia, por su
importancia y cercanía, fue el primer objetivo nazi. La comunidad judía de esta
ciudad pagó un atroz precio al Holocausto, sufriendo dos redadas, el 6 y el 26
de noviembre de 1943.
Al intensificarse las
persecuciones, dado que los alemanes habían exigido la lista de todos los
judíos de Florencia, el Comité de Asistencia Judío, creado por el joven rabino
jefe de Florencia, Nathan Cassuto, decidió pedir ayuda a la arquidiócesis de
Florencia. Los primeros contactos fueron facilitados por Giorgio La Pira, quien
tras la guerra sería alcalde de esta ciudad. Hoy se encuentra en proceso de
causa de canonización por la Iglesia católica.
El arzobispo de
Florencia, el cardenal Elia Dalla Costa, encargó inmediatamente al párroco de
Varlungo, el sacerdote Leto Casini y al sacerdote dominico, Cipriano Ricotti,
que ayudaran al Comité de Asistencia Judío para poder salvar a judíos en varios
monasterios y en institutos religiosos de la diócesis.
Siguiendo las
indicaciones del cardenal, más de 21 conventos e institutos religiosos (sin
contar las parroquias) abrieron sus puertas ofreciendo refugio a más de 110
judíos italianos y 220 extranjeros.
Las Hermanas Franciscanas
Misioneras de María, en su convento de la Plaza del Carmen, respondieron al
llamamiento. Ochenta madres con sus niños muy pequeños fueron acogidas. Se
escondieron en las celdas del convento. En silencio. En el recíproco respeto de
las costumbres religiosas convivieron y compartieron esos espacios de vida.
Todo esto fue posible
gracias al valor de la madre superiora, sor Ester Busnelli, reconocida Justa
entre las Naciones por Yad Vashem en1995.
Entre las mujeres
refugiadas se encontraba la esposa del rabino jefe de Génova, Wanda Abenaim
Pacifici. Sus dos hijos fueron acogidos una noche y al día siguiente fueron
escondidos en otro monasterio de Florencia, pues en el de las Hermanas
Franciscanas, que acogía a la mamá, sólo vivían mujeres. La presencia de
hombres o niños les delataría ante los nazis.
Las Hermanas de la Plaza
del Carmen arriesgaban la vida en todo momento. Sabían muy bien que los
alemanes castigaban despiadadamente a quien ayudaba a los judíos para impedir
que fueran apresados. Las refugiadas y las religiosas vivieron dos meses sin
hacer ruido. A veces se escondían en las cantinas. Convivían con el miedo
constante de la irrupción de las fuerzas italianas o alemanas o a ser delatadas
por un espía. La furia nazi avanzaba con cada vez más fuerza.
Luego llegó la noche de
la razia. Era el 27 de noviembre, alrededor de las 3 de la mañana. Una patrulla
de unos treinta SS, ayudados por milicianos fascistas, entraron por la fuerza
en el convento. Revisaron habitación por habitación, gritando en alemán:
“¡Levántense!”. Lograron apresar a muchas de las mujeres con sus hijas o
bebés y llevarlas al gran salón del
teatro.
Dos mujeres se salvaron
pues se escondieron de bajo de la cama de una religiosa enferma. Cuando los
soldados entraron en su habitación, la monja gritó: “¡Contagiosa!
¡Contagiosa!”. Los SS no se atrevieron a entrar por miedo a quedar contagiados.