Mariana y los hijos de la guerra

03/Dic/2014

La Diaria, Mariana Abreu

Mariana y los hijos de la guerra

En 2018 se estrenará
documental sobre las familias sirias que llegaron a Uruguay.
El anuncio de la venida
de refugiados sirios a Uruguay dio inicio a la historia que guarda la cámara de
Mariana Viñoles, un documental sobre algunas de las familias recién llegadas y
el comienzo de sus nuevas vidas.
Mariana Viñoles nació en
Uruguay pero vive en Suiza. Con 38 años, parió dos hijos y cinco documentales.
El sexto viene en camino. Comenzó a gestarse a fines de abril, cuando poco
después de la visita del canciller Luis Almagro a un campo de refugiados en
Jordania, el presidente José Mujica anunciaba que el gobierno ayudaría a los
sirios desplazados por la guerra civil que hostiga al país desde 2011. “Venía
siguiendo esta noticia particularmente conmovedora”, comenta la realizadora,
que desde el exterior intenta no quedar por fuera de lo que sucede en su país
de origen.
Las películas de Mariana
tienen mucho de Mariana, afirmación que pecaría de obvia si sólo tratara de dar
cuenta del rastro que todo creador deja en su obra, pero los documentales de
esta creadora no sólo registran su impronta, sino retazos de su propia
historia. Quizá, las que contengan un mayor componente autobiográfico sean la
primera y la última de sus realizaciones. En Crónica de un sueño, su primer
largometraje, Viñoles es a la vez directora y protagonista. Narra su retorno al
país en 2004 cuando, como muchos otros uruguayos emigrados en la crisis de
2002, volvía para votar. La película acaba siendo testimonio histórico de un
suceso de mayor envergadura, el primer triunfo electoral del Frente Amplio.
En Exiliados, su último
proyecto terminado, explora los vínculos afectivos que se reconstruyen
desperdigados por un mundo en el que familias enteras son separadas por vastas
tierras y anchos océanos. La historia se hace carne en personajes que no son
otros que sus propios familiares y allegados, fieles representantes de quienes
habitan este presente interdesconectado. La habilidad con la que Viñoles
introduce grandes temas mediante pequeñas historias es lo que hace universales
y valiosos sus relatos.
Pero ¿qué hay de Mariana
en la película sobre los refugiados sirios? “No tienen comparación los motivos
por los que uno tiene que dejar su país, la peor de las circunstancias es una
dictadura, como pasó en Uruguay hace 40 años, o una guerra”, sostiene Viñoles,
que deja entrever cómo, de alguna manera, se refleja en sus personajes. “Cuando
vino la crisis de 2002 mi familia se hizo pelota, mis dos hermanos se fueron a
España, mi padre a Venezuela y yo me fui a estudiar a Bélgica. Es una boludez si
lo tengo que comparar con lo que están viviendo mis protagonistas, pero esa
experiencia me marcó, y por eso cuando hago películas trato de ir en busca de
los sentimientos y las cosas que se rompen cuando uno deja su país. Uno nunca
más va a volver a ser el que fue, y va a quedarse dividido para siempre en dos
o más mundos”, explica.
Mariana quiso filmar la
película desde que leyó la noticia sobre el anuncio de Mujica. “En el inicio
pensé que no lo podía hacer porque no estaba en Uruguay para estar atrás de la
cosa”, sostiene. A pesar de esta limitación, se contactó con la periodista
María Urruzola. “Le escribí un mail para ver qué le parecía, si no era una idea
delirante, si ningún colega estaba trabajando en eso. Enseguida recibí su
respuesta, súper optimista. Después las cosas sucedieron”, recuerda. Poco
después de la primera comunicación con Urruzola, Viñoles se reunió con Javier
Miranda, secretario de Derechos Humanos de Presidencia, que se encontraba en la
oficina de las Naciones Unidas en Ginebra, ciudad donde vive Mariana.
La directora viajó a
Líbano en dos ocasiones, la primera en agosto, cuando el Alto Comisionado de
las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) realizaba las entrevistas para
seleccionar a las familias sirias que vendrían a Uruguay. “Había mucho miedo,
inseguridad, estrés. Todo el mundo estaba trabajando en un terreno nuevo”,
recuerda. “Filmé las entrevistas de tres familias que podían viajar o no y
conocí a quienes terminaron siendo dos de mis protagonistas principales, casi
por cuestión del destino”, agrega. La segunda instancia en Líbano fue para
acompañar a los refugiados en su viaje y llegada al campo de los Maristas en
Montevideo, donde permaneció junto a ellos diez días.
Mariana logró establecer
vínculos estrechos con varios de los sirios, en particular con algunas mujeres.
Tal es el caso de Sanaa, quien con su familia protagoniza el documental. La
joven de 21 años tiene junto a su esposo, Ibrahim, dos niños, y esperan otro
que nacerá en enero. “Cuando terminó la entrevista [de ACNUR] nosotras nos
dimos un abrazo enorme, fraterno. Yo era parte de esa familia, estaba todos los
días con ellos”, dice la realizadora, que recuerda que la tarde anterior al
viaje, cuando los visitó en su casa de Líbano, “estaba toda la familia que había
ido para despedirlos, fue un momento divino”.
Naher, de 35 años, es
otro de los personajes en quien se centra la historia. Llegó a Uruguay junto a
su esposa y cuatro hijos. “Es un hombre muy carismático, con alma de líder”,
afirma la realizadora. Hay un par de adolescentes que a Viñoles le gustaría
incluir en la película, pero aún no han confirmado su participación, “por esta
cosa del pudor”, dice. “Me fue más fácil comunicarme con niños y adultos. Con
esta franja de edad había una dificultad de llegar, con la cámara sobre todo.
No tengo muchas imágenes de ellas en el avión, pero cuando llegamos, de alguna
manera se sentían identificadas conmigo, porque yo estoy aprendiendo árabe y
ellas español, repetían las palabras que yo sabía decir y nos reíamos. Se
generó un vínculo muy lindo, una de ellas me regaló un anillo que tengo puesto
en este momento”, agrega.
Mariana se imagina el
comienzo de la película en la embajada uruguaya en Líbano, donde las familias
estaban esperando para ser seleccionadas. “Me gusta esa cosa embrional, eso
impersonal de las entrevistas a estas personas que estaban ahí esperando, nerviosas,
que no se sabe si van a viajar o no, y después se da ese quiebre de que sí
hacen el viaje”, afirma.
En cuanto al desenlace de
la historia, hace hincapié en la importancia del tiempo. “Quiero ir dejando un
registro a mediano plazo y en el que haya un verdadero cambio, esto quiere
decir que los niños van a crecer y a ser jóvenes, van a incorporar la lengua.
Lo que quiero ver es qué va a pasar con ellos, y para eso el tiempo tiene que
pasar”, afirma.
El tiempo que debe
transcurrir a efectos narrativos, el largo proceso de edición y la
posproducción, un tanto compleja por el idioma, son los culpables de que no
podamos ver la película hasta su estreno en 2018.
La realizadora tiene
planes de regresar a Uruguay en febrero para seguir rodando; en ese entonces
las familias estarán viviendo en distintos puntos del país. “Ellos realmente
van a estar viviendo nuevas vidas. Ahí voy a estar más tiempo, nos vamos a
poder comunicar mejor, yo voy a saber un poco más de árabe y ellos de español”,
dice Viñoles, que contó con la ayuda de traductores.
La película aún no tiene
financiación. Aunque por el momento está siendo producida por Mariana, es un
proyecto que realiza junto a su compañero, el también cineasta Stefano Tononi,
por intermedio de Cronopio Film, la productora independiente que ambos fundaron
y que homenajea a los seres salidos de la imaginación de Julio Cortázar.
La directora afirma que
es difícil conseguir financiación antes del rodaje. “Hay proyectos que no
pueden esperar, y éste es un ejemplo, tenía que sacar dinero de donde fuera, y
pude porque estaba en Ginebra, nunca hubiese podido viajar a Líbano desde
Uruguay”, sostiene.
¿Por qué contar la
historia de estos migrantes y no la de otros, siendo varios los que llegan a
Uruguay quizá sin tanta cobertura mediática? Las películas de esta directora
son la prueba viviente de que el interés por los que dejan su tierra latía
mucho antes de la llegada de los sirios. Mariana afirma que por tratarse de una
historia de refugiados de guerra puede generar interés a nivel internacional y
que la situación de estas familias “es más grave que cualquier otra situación
de refugiados que ha recibido Uruguay”. Sostiene, además, que el componente
religioso es un diferencial: “A los musulmanes no los quieren en ningún lado. En
Europa, por ejemplo, piden que los refugiados sean cristianos”, argumenta.
Los proyectos
cinematográficos deben tener un título que puede coincidir o no más tarde con
el de la película. “Los hijos de la guerra” es el nombre elegido por el momento
para el trabajo de Viñoles.La directora afirma que “estas 120 personas (los
sirios que van llegando a nuestro país) se están salvando de un calvario que no
se sabe cuándo va a terminar”. Agrega que “hay millones de desplazados, algunos
han tenido que irse de sus ciudades porque ya no existen más, gurises que nunca
fueron a la escuela por estar en campos de refugiados”.
Hijos de la guerra.
Mariana Abreu