La Diáspora frente a Israel, políticas de Estado y políticas de gobierno

26/Nov/2014

Por Manuel Tenenbaum

La Diáspora frente a Israel, políticas de Estado y políticas de gobierno

El Presidente de los
Estados Unidos, gobernantes de la Unión Europea y de otros países, la academia
y los medios, en suma la opinión pública internacional, no tienen en gran
aprecio, para decirle eufemísticamente, al Primer Ministro de Israel Biniamín
Netaniahu. La reciente crisis de Gaza con Hamas agudizó aún más este
sentimiento y envolvió al propio Estado de Israel, derramando una ola de
hostilidad -antisemitismo- contra los
judíos en todo el mundo.
La Guerra de los 50 Días
sembró ansiedad y una inhabitual confusión en el seno de las comunidades
judías. La agresividad antiisraelí y su reflejo sobre la Diáspora habían
cruzado los límites acostumbrados de rechazo a Israel, irrenunciablemente
obligado a defender a su población civil de los misiles y bombas gazatíes. Esta
vez líderes y portavoces comunitarios se vieron interpelados por las voces
surgidas de protestas, manifestaciones y condenas de la acción israelí.
Personalidades prestigiosas pidieron autocritica. Quedó planteado así un tema
delicado: ¿la solidaridad y el apoyo que la gran mayoría de los judíos
manifiestan hacia Israel han de ser incondicionales en todas las
circunstancias?
Desde la fundación del
Estado en 1948, el liderazgo diaspórico ha tendido a alinearse con la política
exterior de los gobiernos israelíes, evitando contradecirla abiertamente. Se
discute vivamente como en Israel, aunque adentro. Las comunidades como tales no
se expresan en contra de gobiernos que han sido democráticamente elegidos por
la ciudadanía israelí.
Sin embargo, a lo largo
de los 66 años de vida del Estado judío, incluso respetando la regla de que
solo a éste compete su política y a la Diáspora el deber de acompañar sin
obstaculizarla, grandes líderes como Nahum Goldmann no dejaron de ejercer el
pensamiento crítico en relación a posiciones israelíes, lo que le valió
desencuentros a nivel de sus propios constituyentes.
En los años de Nasser,
dirigentes como Golda Meir consideraban que el presidente egipcio era un
enemigo irreconciliable y creían que solo Libano, entonces de mayoría
árabe-cristiana, estaría dispuesto a llegar a un acuerdo con Israel. Al parecer
Nasser admitió reunirse con Goldmann, quién enfocaba en Egipto al eventual
primer interlocutor para tratativas de pacificación por tratarse del principal
y más poderoso vecino de Israel. Consultaba la señora Meir, se opuso a la
aproximación y Goldmann respetó ese criterio. La historia posterior dio la
razón al presidente del Congreso Judío Mundial.
Nahum Goldmann fue un
inconformista impenitente. Su pensamiento era propio de un estadista, no del
político. Sostenía que la situación de los judíos en la Unión Soviética y su
derecho a emigrar dependían de la distensión con Occidente y no de la intensificación
de la Guerra Fría. También tuvo razón. Advirtió además que en la “larga
duración” Israel no tiene más alternativa que negociar con sus enemigos para
alcanzar un “modus vivendi” tolerable. Pero no entibió el apoyo al Estado
judío, todo lo contrario.
En rigor se trata del
antiguo dilema entre políticas de Estado y políticas de gobierno. Las primeras
refieren a la existencia misma de Israel, a la defensa de su población e
incluso al apoyo a comunidades judías agredidas por el antisemitismo. La historia
prueba en estos casos la solidaridad de la Diáspora es espontánea, intensa y
abarca a sectores de ordinario poco interesados en los problemas involucrados.
El apoyo se vuelve en cambio eventual respecto de las políticas de gestión de
los sucesivos gobiernos israelíes, de Ben Gurión y a Netanayhu.
Israel es el eje moral de
la experiencia judía contemporánea. No hay judío asumido que no sienta en el
fondo del alma sus tensiones existenciales. Frente a la amenaza de la
implacable hostilidad exterior, la política interna desaparece y al mismo
tiempo queda entre paréntesis la incomprensión de terceros amigables, neutrales
o prejuiciados.
Hace poco Ronald Lauder,
actual presidente del Congreso Judío Mundial, hizo en la televisión abierta de
Israel un elocuente llamado a la unidad del pueblo judío. Es la respuesta para
el tiempo presente.