Ciencia que mira a la religión

24/Nov/2014

El País, Domingo, Tomer Urwicz

Ciencia que mira a la religión

Las dos han intentado
explicar el mundo desde su origen. Las dos cosecharon adeptos y detractores, a
veces hasta el fanatismo más extremo. Por momentos funcionan como un matrimonio
perfecto y otras veces son los enemigos más acérrimos. Eso sí: ciencia y
religión pretenden, desde hace tiempo, comprenderse la una a la otra.
De ahí que aquellas
prácticas que surgen por una cuestión de fe tienen, también, su mirada y
opinión desde la medicina. Domingo seleccionó los ritos más extendidos en las
tres grandes religiones monoteístas de Occidente y buscó la palabra de la
ciencia al respecto.
La circuncisión
«¿Cómo le puedo
hacer eso a mi hijo sin preguntarle?», es una de las frases que más se
escuchan al hablar de este rito milenario del islam y el judaísmo. Una
ceremonia que, para algunos, es vista como un acto violento y, para otros,
significa el ingreso formal al pueblo.
Consiste en cortar una
porción del prepucio —piel que recubre el glande o cabeza del pene—.En el
judaísmo, se realiza al octavo día del nacimiento del bebé —sin importar la
fecha del calendario— y recibe el nombre hebreo Brit Milá (pacto de palabra).
Recuerda el pacto que realizó Dios con el patriarca Abraham hace unos 3.000
años, según la tradición hebrea. El corte es realizado por el mohel, persona
que domina la técnica y que, en los sectores menos ortodoxos debe tener título
de médico, cuenta el rabino Ariel Kleiner, de la Nueva Congregación Israelita.
«En ocasiones», dice, «se le da al niño unas gotas de vino o el
chupete para calmarlo».
Para los musulmanes, es
una práctica que emana de los dichos y hechos del profeta Mahoma. Se realiza a
los días del nacimiento del niño o en sus primeros años, siempre antes de la
pubertad, explica Susana Mangana, responsable de la Cátedra de Islam y Mundo
Árabe de la Universidad Católica.
El ritual trascendió la
órbita religiosa y también es defendido por algunos médicos. En Estados Unidos,
por ejemplo, la asociación de pediatras ha recomendado su realización por
motivos de higiene. Es que se trata de una zona húmeda que es sustento de
infecciones y «al no estar el prepucio», señala el urólogo Gustavo
Malfatto, «la región se seca y hay menos desarrollo bacteriano».
En los países de Medio
Oriente, donde la ceremonia está extendida en la mayoría de la población, las
tasas de cáncer de pene son cercanas al 0%, mientras que donde no se realiza
con asiduidad —en el Brasil profundo, por ejemplo— ronda el 15%, dice Malfatto,
quien dirige el Departamento de Urología del Casmu. De hecho, hay
investigadores que trabajan en la hipótesis de que la circuncisión podría
disminuir el riesgo de contraer el virus del VIH, aunque aún no hay evidencia
científica al respecto.
Los urólogos desaconsejan
la circuncisión en casos de malformaciones, porque la propia piel del prepucio
puede ser útil para corregir el defecto. Aun así, dice Malfatto, las
complicaciones que puedan surgir de esta práctica para casos
«normales» son casi nulos: «Es como una herida más». De no
conocerse la técnica, «puede arruinarse la vida sexual futura del
individuo».
Entre los dos y los seis
años, el urólogo es contrario a realizar cualquier cirugía de pene porque es
cuando el niño «toma conocimiento del yo y su sexo», con lo que puede
sentir, a nivel psicológico, que se está «atentando contra su cuerpo».
Algunas corrientes del
islam practican, también, la circuncisión femenina que consiste la amputación
de sectores erógenos del sistema reproductor, incluido parte del clítoris.
«Es una situación violenta que pone en riesgo a la mujer por el enorme sangrado
y que limita su vida sexual futura», afirma el ginecólogo Julio Álvarez.
La dieta.
No comer durante un
período, incluso a veces ni siquiera beber, es uno de los ritos que comparten
las religiones monoteístas. Pasa en el Día del Perdón del judaísmo como forma
de expiación, el único de los ayunos que «sale de la Biblia», dice el
rabino Kleiner, porque hay otros momentos en los que no se permite ingerir
alimentos por recordación de hechos históricos —el día 9 del mes hebreo Av, por
ejemplo, se conmemora la destrucción del Antiguo Templo—. Ocurre en el Ramadán
del islam durante las horas de luz solar en el noveno mes del calendario lunar.
«Es una autodisciplina que exige rigor e higiene espiritual, además de
padecer el sufrimiento de quienes no tienen», comenta la profesora
Mangana. Sucede en el catolicismo durante el Miércoles de Ceniza —el primer día
de la Cuaresma previo a la Pascua— como «apertura de un tiempo de
penitencia e invitación al arrepentimiento», indica el sacerdote y teólogo
José Luis Vidal, donde solo se permite una única comida «importante»
en toda la jornada. También el Viernes Santo, al recordar la muerte de Cristo.
En todos los casos,
quedan exonerados de estos rituales quienes por razones médicas deban cumplir
con todas las ingestas o una alimentación especial. Los menores de edad, el
rengo varía según la corriente religiosa, no tienen obligación como tampoco los
adultos mayores. Además, no es recomendado el ayuno durante embarazo y en el
Ramadán las mujeres están excluídas los días de menstruación.
«Los niños y los
adultos son grupos que se deshidratan fácilmente», explica María Rosa
Curutchet, presidenta de la Asociación Uruguaya de Dietistas y Nutricionistas.
Sin llegar a casos extremos, «la deshidratación afecta la concentración y
los reflejos», por lo que se aconseja no hacer trabajos de riesgo físico y
desgaste intelectual durante los ayunos.
En especial, la
abstinencia alimenticia debe prohibirse en enfermos de diabetes porque estos
pacientes, dice la nutricionista, deben hacer colaciones cada cuatro horas para
mantener la glicemia en un rango estable. «El ser humano puede guardar
glucosa en el hígado hasta ocho horas», explica. Pero hay células del
cuerpo (en el cerebro, por ejemplo) que necesitan de estos azúcares para funcionar
por lo que, ante la inexistencia de reservas recurren a destruir proteínas para
autosatisfacerse. De ahí, insisten los profesionales, la importancia de
desayunar correctamente. «Si es una vez, no pasa nada», afirma
Curutchet. En el Ramadán, que dura un mes, es «importante la variedad de
alimentación nocturna para devolver las proteínas que puedan faltar».
A propósito, ante los
ayunos debe tenerse en cuenta que existe un ritmo circadiano, un reloj
biológico, que hace que la liberación de hormonas cambie a lo largo del día. De
esta idea sale la famosa frase: «Desayunar como un rey, almorzar como un
príncipe y cenar como un mendigo».
Posturas filosóficas, no
siempre religiosas, apuntan a la importancia del ayuno para una
desintoxicación, en el sentido de dar un respiro al cuerpo de su trajín diario.
En esa línea, la nutricionista es bien clara: «La desintoxicación pasa por
una alimentación saludable, comer muchas frutas y verduras, no necesariamente
por frenar con las ingestas».
En el judaísmo y el islam
se agrega, a nivel nutricional, una dieta que implica restricción en comer
determinados alimentos, sin importar la fecha y la edad. Solo se pueden ingerir
mamíferos que sean rumiantes y tengan pezuña partida. Por eso se prohibe el
cerdo. Hay quienes lo explican por haber sido un animal cochino, vinculado a la
basura y que trasmitía enfermedades. «Hoy no se justifica el no comer
cerdo», afirma Curutchet. Por el contrario, se vio que la composición de
la grasa de cerdo no es tan mala como se pensaba y que la proporción de ácidos
grasos es mejor que en ovinos y bovinos. Eso sí: los nutricionistas
desaconsejan los embutidos por exceso de sodio, grasa y nitratos que son
cancerígenos.
En cuanto a los peces, el
judaísmo exige que deban tener aletas y escamas. Los mariscos, en tanto, quedan
vedados. La ciencia, en cambio, aconseja comer pescados de agua fría cuya grasa
es protectora por la presencia de los famosos omega 3, los que intervienen en
la prevención de enfermedades cardiovasculares. Son ácidos grasos que el cuerpo
humano no puede sintetizarlos y debe conseguirlos de la alimentación.
Lo otro es la prohibición
de mezclar carne y leche, para lo que hay que dejar un tiempo ventana de dos
horas, un ritual que hasta el momento no se fundamenta a nivel científico, dice
la nutricionista. Es que, como se vio, no siempre ciencia y religión van de la
mano.
Hostia y celíacos
El ritual católico de la
hostia debe ser tomado con precaución por los celíacos, ya que en general
suelen estar elaboradas con harina de trigo. Desde 2013, la Conferencia
Episcopal puso a disposición de sus fieles hostias sin ese ingrediente.
Ayunar y no tomar alcohol
Durante el noveno mes del
calendario lunar, los musulmanes realizan el ayuno de Ramadán. En él, a la
prohibición de comer durante las horas diurnas, también se suma la abstinencia
sexual. Pero otras prácticas se vetan siempre, en cualquier fecha. «Como
el alcohol», dice Susana Mangana. Así lo establece el Corán y el Sunna.
Rezar también con el
cerebro
«Y el hombre, en su
orgullo, creo a Dios a su imagen y semejanza». Cuando el filósofo alemán
Friedrich Nietzsche dijo esta famosa frase, invirtiendo la idea bíblica, a lo
mejor no pensó que tras ella se escondía uno de los dilemas que la ciencia no
ha podido resolver: «Si nuestras conexiones en el cerebro crean a Dios o
si Dios crea a nuestras conexiones cerebrales», cuenta el neurocientífico
argentino Facundo Manes. Es que desde que existen las neuroimágenes
funcionales, capaces de mostrar los cambios biológicos que ocurren en el cerebro,
los científicos prestan mayor atención a las experiencias religiosas. De hecho,
hay evidencia, dice Manes, que «durante la meditación los lóbulos
parietales, que procesan nuestro sentido de orientación y conocimiento de uno
mismo, disminuyen casi por completo su actividad. También baja la actividad de
la amígdala, una región involucrada en el proceso del miedo».